miércoles, junio 19, 2024

Carlos Jaramillo Vela, Opinión

La Columna de Jaramillo

  • Putin… una amenaza para el mundo. 
  • AMLO: sin miramientos a la ley, continua operando la sucesión presidencial.  
  • AMLO: por favor, inviertan mas; Empresarios: solo si usted respeta la ley. 

La voladura del dique de la presa Kajovka, en Ucrania, ocurrida en días recientes, en medio de la guerra invasora desatada por Rusia contra aquél país, apunta a la responsabilidad de este último. Las consecuencias del hecho parecen ser catastróficas, pues se habla de inundaciones en 80 poblados ucranianos, así como la amenaza de un daño ecológico para el continente europeo. Todo hace suponer que una vez más el presidente ruso Vladimir Putin ha violado los códigos bélicos, al atacar infraestructura indispensable para el suministro de servicios básicos a la población civil. La ONU ha condenado la agresión, considerándola crimen de guerra, en virtud de sus características y la lesividad de sus repercusiones. De nuevo queda en evidencia el peligro que Putin representa para el mundo, al mantener a ultranza una obstinada ambición alimentada por el perverso uso del poder a su cargo. Es necesario que las potencias occidentales frenen la tiranía del líder ruso, quien luego de 18 años en el ejercicio del poder ha puesto en riesgo la seguridad y estabilidad internacionales. 

El proceso de sucesión presidencial en México continua siendo operado por el actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Así ha sido desde que inició la administración por él encabezada, y así será hasta el mes de junio del año 2024, cuando la mayoría de los electores determinen si eligen una opción que garantice un cambio democrático o sostienen en el poder al actual grupo gobernante y su partido MORENA. El principal operador político y mandante de MORENA, es y ha sido siempre, el presidente López Obrador; esto se debe a que dicho partido es su creación, y el titular del Poder Ejecutivo se encuentra determinado a emplear todos los medios a su alcance –incluidos los recursos públicos- para influir tanto en el proceso de designación de la candidatura morenista como en la posterior campaña electoral. Múltiples hechos consumados demuestran la intervención directa del presidente –a contrapelo de la Constitución y sus leyes secundarias, por cierto-, en el proceso electoral de 2024: el discurso de discordia social vertido diariamente en las conferencias de prensa mañaneras, la fallida reforma electoral -en sus planes A y B-, la designación de precandidatos presidenciales –apodados “corcholatas”-, la persuasión al electorado para votar a favor MORENA, etc. El presidente López Obrador está en lo suyo –que, irónicamente, no es gobernar, sino hacer campaña- y no hay poder humano que lo frene, así es, y así será desde ahora hasta que concluya el proceso electoral del año 2024. 

En la reciente reunión sostenida por el presidente López Obrador con integrantes del Consejo Mexicano de Negocios el mandatario pidió a los empresarios más inversión, y éstos le contestaron que contara con ello siempre y cuando haya certidumbre o, mejor dicho, solo si el presidente se abstiene de violar la ley, como lo ha hecho repetidamente en su administración. Durante su mandato, en forma recurrente el presidente ha sido proclive a transgredir las normas constitucionales, tratados internacionales y leyes, con fines personales -de índole político, ideológico y electoral-, lo que ha constituido un evidente perjuicio al interés de la nación. Ejemplo claro de estas nocivas repercusiones lo son las reacciones de los gobiernos de Estados Unidos y de algunos países de Europa, así como los riesgos de retiro de inversiones, provocadas cuando, en su momento, López Obrador desconoció, ilícitamente, los tratados y acuerdos de México en materia energética, en detrimento de empresas extranjeras y nacionales insertas en ese ramo de la industria. Por ello fue categórica la respuesta de los empresarios, al contestarle al presidente que solo invertirán si hay certidumbre –lo que no ha generado este gobierno-; es decir, el mensaje es claro: con hechos, consistentes seguridad jurídica, derivada del respeto a la ley y a lo pactado al amparo de ésta, señor presidente, es como se atraen inversiones, y no con palabras o discursos implorantes.