miércoles, junio 19, 2024

Carlos Jaramillo Vela, Opinión

La Columna de Jaramillo

Xóchitl Gálvez empata a Claudia Sheinbaum, y puede ganar la presidencia. Intromisión de AMLO en la SCJN: su obstinación por dasaparecerla.

La elección presidencial en puerta, para definir la sucesión de la jefatura del Estado mexicano, ha levantado gran interés dentro y fuera de México. Entre los principales motivos de esta expectación se hayan, por un lado, la controversial forma en la que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha ejercido el poder respaldando abiertamente y contra la ley a su partido MORENA, y por otro, la posibilidad de que Xóchitl Gálvez, candidata opositora de la alianza “Fuerza y Corazón por México” no solo alcance sino también derrote a Claudia Sheinbaum, candidata oficial incansablemente promovida por el presidente y el aparato de gobierno.

Las expectativas del triunfo opositor han sido alimentadas en los días recientes, tanto en virtud del resultado publicado por una casa encuestadora seria, así como por los comentarios de algunos analistas que advierten triunfos de la oposición en varias entidades del país electoralmente importantes.

A un mes de la elección la encuesta de Massive Caller coloca a Gálvez ligeramente por encima de Sheinbaum en las preferencias del electorado, mientras que datos de otras encuestas revelan posibilidades de triunfo de la coalición opositora en la Ciudad de México y los estados de Veracruz, Puebla, Morelos, Campeche y Chiapas. Si a esto sumamos la fortaleza que aún conserva el PRI en el Estado de México, así como la postura antimorenista de algunos estados del centro y norte del país como Guanajuato, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León donde el PAN y el PRI aún conservan sólido capital político, resulta congruente un eventual escenario triunfal de la oposición, que podría suscitarse en la jornada electoral del 2 de junio. Sin duda, como lo han dicho muchos comentaristas, todo parece indicar que la jornada electoral está muy lejos de ser el día de campo que suponía MORENA.

Llama la atención la concentración a la que ha convocado, para el 5 de mayo en el Ángel de la Independencia, de la Ciudad de México, la representación oficial de los trabajadores de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). No se tienen antecedentes en los sexenios recientes y quizá tampoco en la historia del Poder Judicial del país, de una manifestación de esta naturaleza.

Dicha movilización masiva se convocó para contar con la participación y el apoyo de la ciudadanía y organizaciones de la sociedad civil, con el propósito fundamental de hacer pública una airada protesta contra la iniciativa de reforma promovida por el presidente Andrés Manuel López Obrador, misma cuya finalidad es que se someta a elección popular la designación de jueces, magistrados y ministros. Para el personal del Poder Judicial y para la sociedad en general es evidente que tal iniciativa constituye una clara intromisión de López Obrador en la autonomía y la vida interna del Poder Judicial de la Federación, con la intención de desnaturalizarlo y desaparecerlo.

Hay un profundo malestar en los empleados de Poder Judicial, quienes con razón reclaman al titular del Poder Ejecutivo respeto hacia el Judicial y el trabajo que los empleados de éste desempeñan, pues desde el inicio de su administración Andrés Manuel López Obrador se ha dedicado a denostar sistemáticamente la labor y la integridad moral de jueces, magistrados, ministros y demás empleados del sistema judicial.

Este enfrentamiento provocado de manera perversa por el presidente contra la SCJN constituye por sí mismo una censurable ruptura contra la institucionalidad, la división de poderes y el cuidado de las formas, sin embargo, también revela la personalidad de un mandatario que se ha caracterizado por ejercer el poder colocando sus intereses, fobias y filias personales por encima de sus deberes éticos, políticos y constitucionales.