miércoles, mayo 22, 2024

Buzón, Carlos Jaramillo Vela

La Columna de Jaramillo

Zacatecas: un riesgo para el país, y para el gobierno de López Obrador. El COVID: una pandemia interminable.

Si algunos hermanos están fuertemente ligados al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ellos son los Monreal. Ricardo, presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República; y David, Gobernador de Zacatecas. Por cierto, el primero de éstos, también ex gobernador de dicha entidad. El citado estado de la federación vive hoy una complicada situación de inseguridad pública, que es el más fiel reflejo de la irreverente postura asumida por la delincuencia organizada en todo el territorio nacional, frente al actual gobierno de México.

En el momento presente Zacatecas es uno de los estados donde los delitos cometidos por las organizaciones criminales se suscitan con mayor frecuencia y crueldad, y en una escala ascendente. Cada vez se vuelve más común la ocurrencia de asesinatos colectivos. La aparición en lugares públicos, de grupos de cadáveres colgados, torturados, acribillados o calcinados, es en Zacatecas ya una escena cotidiana. Tal circunstancia obligó al presidente López Obrador a realizar, semanas atrás, una reunión especial del gabinete de seguridad, en la entidad zacatecana, y a anunciar medidas extraordinarias. Sin embargo, los resultados del discurso presidencial no solo no se han visto, sino que la delincuencia parece retar a éste, pues la madrugada del jueves 7 de enero de 2022 una camioneta con 10 cadáveres fue dejada frente al Palacio de Gobierno de Zacatecas.

Uno de los puntos más débiles de la administración de Andrés Manuel López Obrador ha sido el combate a la inseguridad, tema en el que los datos demuestran que el presidente está perdiendo la partida, al querer enfrentar a los grupos delictivos “con abrazos y no con balazos”, como él lo ha dicho. Por ello, Zacatecas, no solo es un mal ejemplo para el resto de los estados del país, sino que también se ha convertido en la muestra palmaria del ineficaz ejercicio de la administración lopezobradorista en el rubro de seguridad. Zacatecas representa ahora el más fuerte dolor de cabeza para el mandatario, y para la imagen de su gobierno.

Luego de dos años de que empezara a circular a nivel mundial el mortal cornavirus (COVID-19), aún seguimos padeciendo sus embates. En diciembre de 2019 tuvo su punto de partida, en China, para propagarse rápidamente hacia todos los continentes y países, causando millones de contagios y muertes, con el consecuente daño físico, moral, político, económico y social para la humanidad entera. El perjudicial microorganismo parece resistirse a ser controlado, pues cepas o mutaciones nuevas no han dejado de surgir, desde su inicial aparición, convirtiéndose así en un agente que se transforma para sobrevivir y seguir causando enfermedad y muerte. Ahora, la variante OMICRON es la mutación que ha captado la atención internacional, debido a su alta capacidad contagiosa y al número de enfermos que está causando. México no es la excepción, pues los hospitales se siguen saturando y continúan falleciendo personas, a pesar de que el presidente López Obrador anunciara en mayo de 2020, que ya habíamos domado a la pandemia, cuando era 60 mil el número de defunciones por COVID en el país -240 mil muertes menos que las que llevamos registradas a estas fechas-. La realidad y la estadística muestran que esta pandemia no cesa, y parece ser interminable.