viernes, marzo 01, 2024

Buzón, Carlos Jaramillo Vela

La Columna de Jaramillo

José Ramón: el hijo incómodo de AMLO. La pandemia y los adolescentes.

Consulta sobre revocación de mandato: producto del capricho y la vanidad. La recesión económica en puerta: ¿otro desacierto del presidente?

Polémico, sin duda, es el caso de la lujosa vida del hijo del presidente Andrés Manuel López Obrador. Radicado en Estados Unidos y casado con Carolyn Adams, una ciudadana estadounidense, José Ramón López Beltrán, hijo del mandatario mexicano, es hoy centro de las críticas periodísticas por la riqueza y comodidad en las que vive. Por su parte, el presidente solo se ha constreñido a decir que al parecer la señora (su nuera) “es la del dinero”, argumento que por supuesto nadie cree. La verdad es que el presidente predica con la austeridad haciendo de esta el centro su discurso, e incluso cesando a los funcionarios de su gabinete que osan hacer ostentación de riquezas, pero en el ejemplo familiar revela la verdadera opulencia en la que vive. El caso y queda para lo anecdótico, ya que sin ser un asunto de carácter público, si deja entrever la contradicción del mandatario.

La pandemia ha generado ansiedad y frustración en los sectores poblacionales de menor edad. Es un hecho en el que coinciden numerosas voces de especialistas, el pernicioso efecto psicológico provocado en la niñez y la adolescencia por la reclusión y el aislamiento derivados de dicha contingencia. El encierro y la falta de convivencia social han resultado perjudiciales para el ánimo y el bienestar emocional de niños y jóvenes, quienes han manifestado el hastío causado por la circunstanciales medidas que la propagación del virus obligó a imponer. La necesidad de convivir con sus amigos y compañeros de escuela, así como la falta de adaptación al sistema de clases por vía remota (no presencial), son una constante queja de los estudiantes menores de edad, así como un señalamiento en el que convergen las opiniones de todos los expertos. Así, la pandemia ha venido va dejar un saldo negativo en los aspectos psico social y educativo, para las personas cuya vida se encuentra en las etapas iniciales de crecimiento socialización y formación.

El ejercicio de revocación de mandato que habrá de realizarse próximamente en torno a la figura del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha sido controversial. Nadie ignora la popularidad que el mandatario ha logrado sostener. Tampoco es un secreto lo innecesario de tal operativo, en las circunstancias políticas y económicas que vive el país. No tiene justificación alguna el cuantioso gasto que tal acción habrá de implicar para satisfacer una exigencia que no es de carácter colectivo, sino que obedece solo a la voluntad de un individuo, es decir, al deseo del presidente. Capricho y vanidad, tal vez sean las palabras que mejor definen la empecinada actitud presidencial para imponer la consulta de revocación de mandato. Aunque quizá los apologistas del presidente no lo quieran ver así, la postura del titular del poder ejecutivo no tiene otro nombre.

Han comenzado a encenderse alarmas en el renglón macroeconómico de México. Los analistas y expertos financieros afirman que es indudable el periodo de recesión económica en el que el país está próximo a entrar. Tal vez sea oportuno traer a colación las palabras de el ex Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, quien renunciara al gabinete del presidente Andrés Manuel López Obrador, expresando sus diferencias con éste por el desatinado manejo financiero de su gobierno. En su momento, Urzúa puntualizó como causa principal de su renuncia la falta de apego a criterios técnicos por parte de quienes toman las decisiones que influyen en el rumbo económico del país. En pocas palabras, responsabilizó al presidente López Obrador, de operar económicamente en contra de los principios universalmente aceptados en la materia. Hoy la pregunta que nos hacemos es si tal recesión es producto de la política económica implementada por el presidente.