jueves, mayo 30, 2024

Carlos Jaramillo Vela, Opinión

La Columna de Jaramillo

Luis Echeverría: un lección para el porvenir… y para AMLO.

El reciente fallecimiento del ex presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, acontecido durante la noche del día viernes 8 de julio de 2022, a la edad de 100 años, ha suscitado diversas reacciones y comentarios en torno a su figura. Echeverría gobernó al país durante el sexenio de 1970 a 1976, y siempre estuvo rodeado por la controversia y la polémica debido a los antecedentes de su participación en la represión y masacre de opositores en Tlatelolco, ocurrida en octubre de 1968, cuando siendo Secretario de Gobernación en el sexenio del presidente Gustavo Díaz Ordaz aplacó las manifestaciones de activistas políticos y estudiantiles que se oponían al régimen. La represión y muerte de decenas de personas –se dice que en realidad fueron cientos- a manos de los grupos policiacos y militares especiales comandados por Echeverría -con la venia de Díaz Ordaz- constituyó un estigma que el primero de éstos nunca logró borrar de su biografía e imagen personal.

Otros aspectos que marcaron para la posteridad el desempeño público de Echeverría fueron el populismo que le caracterizó durante su gestión al frente del gobierno, así como el errático manejo de la economía del país y la administración gubernamental, circunstancias que fueron las causantes de los adversos resultados de ese ejercicio de gobierno (1970-1976), así como de las secuelas económicas, políticas y sociales que éstos provocaron. A Luis Echeverría le tocó iniciar su mandato cuando en todo el mundo se hablaba del “Milagro Mexicano” gestado por el notable y sostenido crecimiento económico que México había logrado en los recientes años previos a la gestión echeverrista, sin embargo, al término de su encomienda, entregó al país sumido en medio de una alta inflación y una fuerte devaluación del peso mexicano cuyo valor se depreció en un 100 por ciento respecto al dólar estadounidense; el tipo de cambio era de $12.50 pesos por dólar cuando el presidente Echeverría asumió el cargo, y terminó en $25.00 pesos por dólar al fin de su gobierno. Este fue el dato más revelador del fracaso económico de su sexenio.

Echeverría también fue y sigue siendo fuertemente criticado por su política populista y nacionalista que lo llevó a tomar decisiones equivocadas en materias económica y social, al involucrar sin éxito la participación del Estado en una serie de empresas productivas, y destinar a ello cuantiosas sumas de dinero público. La excesiva e irracional emisión de capital circulante ordenada por el entonces presidente constituyó otro enorme desatino de su gobierno, y ocasionó la profunda devaluación y crisis económica que se registraron al final de ese sexenio. Asimismo, y como resultado de las erróneas decisiones que llevaron a Echeverría a promover la intervención del Estado en diversos sectores de la economía, así como a engrosar considerablemente la nómina del aparato burocrático federal, cuando entregó el poder a su sucesor, el presidente José López Portillo (1976-1982), la deuda pública del país había pasado de 3 mil a 20 mil millones de dólares.

Algunos analistas ven en el Presidente Andrés Manuel López Obrador una especie de émulo de Echeverría en ciertos aspectos. Quienes comparan las similitudes existentes entre ambos afirman, con sobrados argumentos, que el actual mandatario mexicano también es de corte populista y además pretende conferir al Estado mayor una participación en sectores de la economía (el energético, por ejemplo) en los que no resulta eficiente ni redituable la participación gubernamental. La muerte del ex presidente Echeverría ha traído a colación ciertos pasajes de la vida e historia pública de la nación que no deben olvidarse, y de los cuales hay que aprender para evitar caer en los costos errores del pasado. Ojalá todo ello sirva como una lección histórica para que el presidente López Obrador, en caso de ser necesario, corrija el rumbo en los aspectos deficientes de su gestión gubernamental, pues es de sabios cambiar de opinión, ya que la arrogancia y la obstinación irracional jamás serán buenas consejeras cuando se trate de evitar que la nación sufra graves perjuicios para el porvenir.