miércoles, junio 19, 2024

Carlos Jaramillo Vela, Opinión

La Columna de Jaramillo 

  • El Metro CDMX: un real factor político. 
  • Vladimir Putin: será juzgado por crímenes de guerra. 

El descontento generado por los accidentes y descomposturas del Sistema de Transporte Colectivo (conocido como Metro), de la Ciudad de México, constituye una innegable preocupación para el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y su partido político, Morena.

El Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y la actual Jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, son dos de los principales correligionarios y aspirantes favoritos del mandatario en la búsqueda de la candidatura presidencial morenista.

Los tres (AMLO, Ebrard y Sheinbaum) han estado al frente del Gobierno de la CDMX en los recientes años, y a sus respectivas administraciones se les pueden atribuir las presentes circunstancias de fallas y deterioro del Metro, cuyos accidentes han causado pérdidas humanas y daños materiales durante el presente sexenio. 

En virtud de tal situación, los usuarios de ese medio de transporte en la capital del país se hallan inmersos en un estado de inconformidad, angustia y molestia, lo que ha obligado a la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum y al presidente López Obrador, a tratar de justificar las fallas del Metro a través del discurso político, en el cual se habló primeramente de sabotaje y después de delincuencia organizada.

Es obvio que el tema del Metro ha venido a sumarse de manera eventual o contingente a la agenda de la campaña política en la que desde hace dos años se ha enfrascado el presidente López Obrador cuando decidió “destapar” y promocionar a sus precandidatos. La razón de la circunstancial incorporación de dicho tema en el debate público es evidente: las fallas y tragedias del Metro podrían tener un alto costo electoral para el presidente y MORENA, pues son una amenaza al afán de éstos por conservar la presidencia y el control político de México. 

La invasión y guerra llevada a cabo por Rusia contra Ucrania cumple ya un año, y los abusos continúan dándose por parte de la primera de dichas naciones en perjuicio de la primera y de su población civil. Alrededor de 240 mil personas han perdido la vida a causa de este conflicto surgido de la sin razón y la ambición política desmedida de Vladimir Putin, quien lleva 23 años manejando el poder como presidente de la nación rusa.  

Aunque la mayoría de las bajas corresponden a efectivos militares de las naciones en conflicto, miles de víctimas pertenecían a la población civil ucraniana, y en muchos casos murieron a causa de los ataques militares rusos efectuados en zonas prohibidas por las normas internacionales que rigen de los estándares bélicos, pues las agresiones mortales fueron dirigidas a lugares tales como áreas residenciales, hospitales o centros asistenciales; es decir, el ejército ruso, por órdenes del presidente Vladimir Putin ha cometido claros y reiterados excesos.

Es previsible que debido a estas graves violaciones cometidas de manera deliberada contra el derecho internacional, y en detrimento de los derechos humanos y las vidas de miles de civiles en Ucrania, Vladimir Putin tarde o temprano habrá de ser juzgado y castigado por crímenes de guerra, ante el Tribunal Internacional de Justicia, de la Organización de las Naciones Unidas.