28 octubre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

La columna de Jaramillo

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Carlos Jaramillo Vela.

• AMLO y María Eugenia Campos ante plazas vacías: ¿Cambió la ceremonia del grito?

• Controversial: Díaz Canel en el presídium de la celebración de la Independencia de México.

Ha tenido un aspecto un tanto extraño, sin duda, la forma en la que se han desarrollado los Gritos de Independencia de México, en este año 2021. Tanto el protocolario Grito dado en la capital del país por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, como el que la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, llevó a cabo en la capital de nuestro estado, tuvieron un tono no sólo de sobriedad, sino también de falta de brillo y lucimiento, pues fueron muestra de los tiempos de pandemia que hoy vivimos. En ambos casos los respectivos mandatarios efectuaron la tradicional arenga con un carácter meramente simbólico, ante zócalos vacíos, esto por las circunstancias de riesgo sanitario ya conocidas.

Las condiciones sanitarias bajo en las que se encuentra el mundo a raíz del COVID-19 han transformado la vida de los países en diversos sentidos, y el ámbito político no ha sido la excepción a dicha influencia. Por ello, estos protocolos festivos de la conmemoración de la Independencia mexicana correspondiente al año 2021 han tenido un matiz muy distinto al que estamos acostumbrados. Los tiempos que ahora se viven son otros, sin duda, y en parte ello se debe al efecto pernicioso que la mencionada pandemia vino a infligir en todo el mundo. Las ceremonias del Grito de Independencia, de los recientes años 2020 y 2021, han sido indiscutiblemente las más parcas de la historia, o, al menos, se han dado en un entorno que podría denominarse enrarecido. Estas son las nuevas modalidades que ha impuesto la contingencia sanitaria internacional, y tal vez llegaron para quedarse. ¿La ceremonia del Grito de Independencia volverá a ser como fue antes?

Ha levantado controversia la invitación hecha por el presidente Andrés Manuel López Obrador, a su homólogo cubano, Miguel Díaz Canel, para que lo acompañara al presidir el desfile conmemorativo del aniversario de la Independencia de México. Para algunos es cuestionable que a pesar de las condiciones antidemocráticas existentes en Cuba, el mandatario mexicano haya decidido poner en el máximo escaparate cívico-patriótico de nuestro país al presidente de esa nación. Recientemente, en los comienzos del actual verano, el gobierno de Díaz Canel enfrentó fuertes protestas ciudadanas ante la represión política, ausencia de libertades individuales y carencias económicas, que constriñen a los habitantes de la isla.

Dicho régimen ha sido en verdad opresivo, y es producto de 60 años de hegemonía castrista. A Miguel Díaz Canel le ha correspondido ser el actual encargado de garantizar la supervivencia del proyecto comunista iniciado por Fidel Castro, continuado por el hermano éste -Raúl Castro-, y ahora delegado en manos de Díaz Canel para evitar que sucumba el comunismo instaurado por Fidel en el año de 1959. No obstante los afanes de Díaz Canel por perpetuar el legado que hace 62 años impusiera el legendario Fidel Castro con la ayuda de su hermano Raúl y otros correligionarios, los tiempos actuales son diferentes a las circunstancias existentes hace seis décadas. El pueblo cubano reclama cada vez con mayor energía el reconocimiento y respeto a sus derechos humanos, y a las libertades políticas, civiles y económicas, que de manera deliberada y sistemática desde hace mucho tiempo se les vienen conculcando. Tales antecedentes permiten entender por qué resulta polémica la invitación hecha por el presidente López Obrador al mandatario cubano, a fin de que éste ocupara un lugar en el presídium de la más significativa conmemoración libertaria de los mexicanos.

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