domingo, junio 23, 2024

Luis Javier Valero, Opinión

La costra burocrática partidaria

Son igualitas.

Hasta ahora han sido detenidos, nadie puede garantizar que no intenten otra trapacería. 

Inopinadamente, Morena y toda la oposición, con la excepción de Movimiento Ciudadano (MC) pactaron en el Congreso una reforma que limitaría gravemente las facultades del Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal (TEPJF). 

Constituiría un gravísimo atentado al marco electoral que ha permitido, además de la alternancia partidaria, de la celebración de elecciones competidas y de un elevado grado de certidumbre a la jornada electoral; pero no solo, ha servido para que las minorías, de todo tipo, hayan accedido a puestos de elección popular y que se haya constituido la paridad de género. 

El movimiento social más importante del sexenio, quizá el único de trascendencia nacional, el feminista, irrumpió en la Cámara de Diputados y, como los varones de todas las bancadas, que se unieron para tratar de imponer las reformas regresivas, las diputadas también se unieron, pero en sentido contrario al de sus compañeros varones. 

Así, inusitadamente, un buen grupo de las diputadas de Morena, prácticamente se insurreccionaron y se opusieron, con energía, al igual que las de oposición, a las reformas que acotarían, no solamente las facultades del tribunal, sino a los derechos de las minorías y convertirían en solo papel el de la paridad de género. 

Otra vez, como a lo largo del sexenio, se le aparecieron los fantasmas del feminismo al presidente López Obrador, pero no sólo a él, sino al total de las costras burocráticas de los partidos que manejan y garantizan dinero, candidaturas, acceso al poder y prebendas sin límites a la clase política. 

Los morenistas no sólo no resultaron igualitos a sus colegas de todos los partidos.  

Se antojan peores porque, aprovechando el tufo regresivo del actual gobierno, en materia de logros democráticos, intentaron, no solamente atenuar las sanciones en contra de los partidos, cuando cometen las infracciones a la legislación electoral que ellos mismos han aprobado, sino que ahora, usando verdaderas chicanadas, intentaron desaparecer los avances en materia de respeto a los derechos de las minorías y (¿Po’s en qué andaban pensando?) desaparecer la posibilidad de que los afectados, en el primer caso, y de las afectadas en el segundo, pudieran recurrir a una instancia superior, jurisdiccionalmente hablando, esto es, el TEPJF, para hacerlos valer. 

Muy peleados todo el año, pero en cuanto se trata de sus privilegios, prácticamente todos los integrantes, de todos los partidos (menos los emecistas) olvidaron sus diferencias, los insultos lanzados a lo largo de los últimos 4 años y medio, en los que presumían poseer dos visiones absolutamente distintas del país, y de todo, al momento de acotar las facultades de la autoridad que le podría poner freno a sus excesos electoralistas, se convirtieron casi en hermanos. 

¡N’ombre, se imaginaron una jugada redonda, atrás quedaron las marchas y mítines a favor y en contra del INE! 

¡Qué vergüenza de gobernantes y de políticos! 

¡Se merecen unos a otros! Nos mostraron que solamente se enfrentan cuando de disputar el poder se trata, pero de perdida,  si no lo alcanzan, mantener los privilegios que les otorgan las franquicias partidarias de las que unos cuantos se han apropiado en cada partido. 

Y el presidente, vaya que empujó a favor de la reforma porque, dolido de que el TEPJF anuló sus candidaturas a los gobiernos de Guerrero y Michoacán, entrevió la posibilidad de que no haya una instancia jurisdiccional capaz -dentro del marco legal vigente- de poner freno a las trapacerías que todos los integrantes de la clase política hacen, o intentan hacer en busca de los triunfos electorales. 

Un aspecto, crucial para la incipiente democracia mexicana es la del ingreso de dinero ilícito a las campañas. 

Por supuesto que los recursos empleados en cada campaña electoral superan, con mucho, a los autorizados por la ley, fiscalizados por las autoridades electorales, con las reformas propuestas pretendían que se hiciera más laxa la norma y, por supuesto, pudieran acceder a mayores cantidades de dinero para las campañas, sin control ninguno, igual que antes, de cuando vivíamos en el régimen del partido único y después en el del partido casi único. 

El proyecto buscaba impedir a los magistrados electorales que emitieran sentencias sobre decisiones tomadas por los partidos en materia de paridad de género, la selección de sus dirigencias y candidaturas. 

Limitaba las facultades del TEPJF para que en la actual coyuntura, en la que el tribunal ha resuelto que los dirigentes de Morena y el PRI (Mario Delgado y Alejandro Moreno, respectivamente) deben irse de sus cargos, por haber incurrido en graves violaciones al marco estatutario de sus partidos pues la prolongación de sus mandatos fueron decisiones aprobadas solamente por las cúpulas partidistas. 

Y la última “agresión” al patriarcado ocurrió muy recientemente    cuando el TEPJF instruyó al Congreso que la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE) debía ocuparla una mujer.  

¡Horror al crimen! 

Además, en el pasado inmediato, el TEPJF emitió varias resoluciones que afectaron a los partidos debido a que estos han impedido el acceso de grupos vulnerables a cargos de elección popular. 

Pretendían que en el artículo 41 se asentara que “las acciones afirmativas en materia electoral tendrán el carácter de ‘modificaciones legales fundamentales”. 

Por lo que si alguien se sintiese vulnerado en sus derechos, debería esperar hasta la siguiente elección, porque la facultad de que el tribunal hiciese valer sus derechos se habría anulado, como ahora se puede y que ha obligado a las costras partidarias a modificar sus resoluciones y candidaturas, sobre todo para garantizar un equilibrio en la representación de grupos indígenas, mujeres, mexicanos que viven en el exterior, personas con discapacidad y miembros de la comunidad LGBT, “sin importar en qué etapa de desarrollo se encuentra un proceso electoral”. (Ibídem). 

Y es que los dirigentes partidarios son un dechado de virtudes: Han postulado a candidatos indígenas que no pertenecen a ningún pueblo originario. 

Valiente régimen de partidos el nuestro.  

Enfilados a la contienda electoral, en los momentos en que pretenden mostrarse como la mejor opción para el electorado, súbitamente se nos develaron en toda su desnudez. 

Morena no tiene problema, cobijados sus aspirantes bajo la sombra del macuspanense, nadarán de “muertito” para que su carisma los cobije y continuar en Palacio Nacional. 

Pero, y ¿la oposición? ¿Cómo pretende alzarse como la opción “democrática” frente a la “autoritaria” representada por López Obrador si finalmente, al momento de defender la permanencia de sus privilegios es capaz de arriar todas las banderas democráticas, largamente obtenidas por la sociedad mexicana? 

Descritos los motivos de Alito y Mario Delgado, quedarían los del dirigente panista, Marko Cortés, quien aspiró en un momento de absoluto desquiciamiento político, al sumarse a la propuesta de AMLO, que se cumpliera uno de su sueños, que los magistrados “dejen de meterse” en la vida interna de los partidos, para así maniobrar como en el 2021, cuando el TEPJF le quitó diputadas y diputados juanitos.  

Uno de esos casos: “Eliseo Compeán Fernández despachaba por segunda vez como presidente municipal de Delicias, Chihuahua, cuando se inscribió a una candidatura migrante diciendo que arrendaba un inmueble en California”. (“Los motivos de Marko para maniatar al tribunal”, Salvador Camarena, El Financiero, 14/04/23. La liga: https://interactivos.eluniversal.com.mx/2023/acaparan-curules-vulnerables/). 

*Columna de Plata-APCJ: 2008, 2015, 2017 y 2022 

asertodechihuahua@yahoo.com.mx