jueves, agosto 11, 2022

Buzón, Francisco Flores Legarda

La dama pobreza

“No hay nadie tan pobre que no tenga nada que dar, no hay nadie tan rico que no tenga algo que recibir” Jodorowsky

Uno de los fundamentos del carisma franciscano es la pobreza. Aún al día de hoy recordamos esa bella escena de la vida de San Francisco, quien durante sus primeros pasos de su conversión, taciturno en una de sus últimas noches de juerga, le preguntaron que en quién pensaba; que si sus pensamientos estaban dirigidos hacia alguna de las muchas damas de Asís. Él dijo «Sí, estoy enamorado y es de la novia más fiel y más pura y santificadora que existe». Nadie supo de quién se trataba, pero él sí que lo sabía muy bien… el estaba enamorando de la Dama pobreza.

Cuando escuchamos la palabra pobreza, es normal que pensemos que es simplemente una condición de carencia, por lo general de recursos económicos, y que esta condición es más una cuestión accidental, negativa y que no es deseada por nadie. Pero de este tipo de pobreza no es de la que Francisco hablaba.

El mismo Jesús reprueba esta miseria que resulta de las injusticias sociales y de las fragilidades morales del hombre. Ante esta pobreza, la opción cristiana siempre debe ser el de sumar esfuerzos para contrarrestarla, promoviendo una cultura incluyente, incentivar el trabajo, la ayuda asistencial y mejor aún, en el desarrollo de sistemas socio-económicos más justos y equitativos para todos.

La pobreza que abrazaba Francisco de Asís no era esa miseria negativa y meramente material, sino aquella que se opta como respuesta a Dios como un estilo de vida interior y que inequívocamente se evidencia también como un tipo de vida exterior, fuera de egocentrismos, sueños de poder y afanes de poseer por poseer.

El eje de la existencia de Francisco esta fijado en el encuentro con Dios y permanecer abierto a su gran misterio. La vida interior se puede entender al ser conscientes del contraste que existe entre la riqueza y la pobreza que queda de manifiesto en la oración entre el hombre y Dios; entre la criatura pobre y pequeña que es el hombre ante Dios que es Absoluto, Rico y Todopoderoso. En esta tensión entre pobreza y riqueza, entre hombre y Dios; existe un punto de quiebre: Dios siendo el Santo, el Altísimo, el Sumo Bien, el Amor, el Creador que, sin dejar de serlo – y precisamente por que es – se ha rebelado en Cristo Jesús como pobre y servidor de todos.

Fray Julio Micó nos dice que «El ejemplo de Dios hecho hombre, quien siendo rico no dudó en rebajarse hasta nosotros, haciéndose uno de tantos al tomar nuestra carne de debilidad y, una vez que optó por anunciar el Reino de forma itinerante, tener que llevar una vida precaria en bienes y comodidades».

Es por tanto y en resumen, esta realidad teológica donde se apoya la pobreza de Francisco de Asís y en esencia el criterio rector de todo el carisma franciscano. La respuesta objetiva a las preguntas: ¿Qué podemos hacer para responder a Dios en el mismo tono?… ¿Nos envanecernos en nuestros recursos y talentos?…¿Dónde esta puesto nuestro corazón y nuestros afanes?… o estamos dispuestos a vivir lo más parecido posible al modo totalmente despojado como vivió Jesús.

Francisco lo entendió – y vivió – muy bien. El acto de abrazar la Pobreza es abrazar a Cristo Crucificado, y que no se puede llegar a abrazarle plenamente mientras no se desprenda el alma de afectos desordenados, se aferre a la materia y a las criaturas.

Señor presidente de la Republica Andres Lopez Obrador. Este  humilde trazado, considera que su concepto de pobreza es equivocado.

Salud y larga vida

Profesor por Oposicion de la Facultad de Derecho de la UACH.

@profesor_F