viernes, abril 12, 2024

Cultura

La danza de los matachines, una herencia multicultural

La danza de los matachines es, en su origen, una danza europea de Carnaval documentada en el viejo continente desde el siglo XV. En México es la danza religiosa más extendida entre los grupos indígenas del norte del país y su introducción puede atribuirse a los grupos misioneros. Carl Lumholtz sugería que los matachines participan como asociaciones de varones para el culto formando cuadrillas que bailan concertadamente, que sólo se presentan en las fiestas católicas y nunca en las fiestas de contenido profano. En la región tarahumara, los matachines se acompañan sólo por un violín, aunque es importante el papel rítmico de los instrumentos incorporados al vestuario de los danzantes, como la sarta de capullos o semillas atados a los tobillos, y el cinturón con cascabeles y pezuñas de venado que pueden parecerse mucho a otros matachines del norte del país, incluso del centro, aunque la forma de adaptarlos en cada cultura fue diferente.  

Las danzas se ejecutan con paso de base terciaria o binaria. La posición del cuerpo es erecta, mientras que el paso se marca con las plantas de los pies. Las figuras coreográficas más comunes han sido denominadas “cruzamientos” (intercambio de posiciones entre las dos hileras en que se divide el conjunto de danzantes): “serpentinas” y “ondeos” (desplazamientos de los integrantes de una fila, quienes rodean a los de la otra mientras éstos permanecen en su lugar y viceversa). Además, otro movimiento consiste en los giros que hace cada uno de los danzantes sobre sí mismo.

La celebración de los matachines en el ciclo festivo de invierno coincide con el final de un ciclo agrícola y el inicio de otro. Es en octubre cuando se termina la pisca o recogida del maíz en la milpa, y entre enero y febrero cuando se comienza a arar (barbechar) la tierra para la nueva siembra. El invierno, pese al rigor del clima es tiempo de abundancia y bienestar, los silos están más llenos que nunca de maíz, y el frío acaba con los virus que hacen enfermar, aunque a veces también acaba con las personas; es tiempo de alegría y los matachines así lo expresan con una danza dinámica, cargada de colorido en su vestuario y acompañada de sones divertidos. Es tiempo para reafirmar o restablecer la armonía con la comunidad antes de comenzar el nuevo ciclo agrícola y despedirse de todos los presentes tocando el hombro y estrechando la mano al modo tradicional uno por uno, expresando al mismo tiempo sus buenos deseos.

“Dios (Onorúame) ordenó que bailemos. Como creemos que hay un Dios en el cielo tenemos que bailar aquí en la tierra. Esto fue lo que nos ordenó Dios al principio, cuando hizo la tierra. Así pedimos perdón. Los que vivían en tiempos pasados no bailaban, me cuentan. No más se comían unos a los otros. Así vivían. Por eso, esa gente no vivía muchos años” (González Rodríguez et al. 1985: 75).

Una descripción más detallada de la Danza de matachines de los tarahumaras, la encontramos en Las danzas de conquista I. México contemporáneo de Jesús Jauregui y Carlo Bonfiglioli (1996). Ambos autores, apoyados en un par de cartas escritas en el siglo XVIII, señalan que la danza fue introducida a la región tarahumara por los misioneros jesuitas y que se ubica, junto con el baile de fariseos, dentro del “subgrupo de las danzas de conquista sin coloquio” (Bonfiglioli y Jauregui, 1996, p. 257).

El origen europeo de las danzas matachines y de otros bailes asociados a éstas –conocidos como “Danzas de Conquista” o de “Moros y Cristianos”–, es bastante evidente. En las cortes se presentaban las actuaciones de los mattachins en Francia, los matacinio en Italia y los moriskentänzer en Alemania. Aunque la palabra árabe mudawajjihen, que significa “los que se ponen cara a cara” o “los que se ponen cara” –tal vez en referencia al uso de máscaras– podría sugerir un origen arábigo de la danza.

Esto se puede ver en las danzas de matachines urbano con personajes disfrazados de diablos o monstruos tratando de alterar el ritmo de la danza, distraer al bailarín o estorbar en la medida de lo posible. Otra diferencia con los matachines en las danzas rarámuri es la presencia de mujeres en la danza.

En la actualidad, aunque las fechas de apertura y de cierre de las actuaciones de los matachines varían considerablemente, según la comunidad de que se trate, el ciclo ritual durante el que éstas son más intensas alcanza su etapa culminante en el período que corre entre el 12 de diciembre (fiesta de la Virgen de Guadalupe) y el 6 de enero (fiesta de los Santos Reyes).

En la capital de Chihuahua se pueden ver en distintas calles y cerca de la catedral desde el 13 de noviembre luego de presentarse en la Plaza Mayor para dirigirse al Santuario de la Virgen de Guadalupe. Este año, se apuntaron 41 danzas entre las que destacaron Santo Niño, Hermandad de Danzantes de Santa Bárbara Chihuahua, San Juan Bautista, Inmaculado Corazón de María, Divina Providencia, San Pedro y San Pablo, Villa Juárez, Industrial y La Resurrección.

Fuentes.

https://www.ugr.es/~pwlac/G21_29Angel_Acuna_Delgado.html

http://www.revistaimagenes.esteticas.unam.mx/matachines-o-matlachines

https://mediateca.inah.gob.mx/islandora_74/islandora/object/musica%3A1341