sábado, abril 13, 2024

Aída Holguín Baeza, Opinión

La importancia de facilitar el aprendizaje de la LSM

Con actitud empática, imaginemos que nuestra capacidad auditiva es muy deficiente o que carecemos completamente de ella.

Luego, analíticamente, consideremos que, según la OMS, más del 5% de la población mundial está en esa situación; es decir, que más de 430 millones de personas padecen una pérdida de audición discapacitante (hipoacusia o sordera) y que los cálculos indican que, para el 2050, esa cifra superará los 700 millones (una de cada diez personas).

Ahora, de manera específica, cavilemos en torno al caso de México; país en el que, según los datos más recientes del INEGI, hay al menos 1.4 millones de personas que no pueden oír o que padecen debilidad auditiva aun usando aparato auditivo.

Una vez imaginando, considerando y cavilado lo anterior, ubiquémonos en que la reflexión que ahora nos ocupa se centra en las personas que padecen una pérdida de audición discapacitante; es decir, en torno a quienes, en México, por distintas circunstancias están en una situación real o potencial de discapacidad que los sitúa frente a una serie de barreras que, comenzando con las de comunicación, ya obstaculizan o pueden llegar obstaculizar su participación e integración plena y efectiva en la sociedad en igualdad de condiciones y equidad de oportunidades.

Ya ubicados en la problemática real y potencial es que se visualiza un foco rojo que advierte la necesidad de reforzar las políticas públicas tanto en materia de salud (para prevención, detección y tratamiento oportuno) como en todas aquellas que, en cumplimiento y conforme a lo establecido en la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, se requieran para garantizar las condiciones necesarias para brindar a todas las personas con discapacidad auditiva la posibilidad de aprender y desarrollar habilidades que propicien su participación plena y en igualdad de condiciones en la educación y, por supuesto, como miembros de la comunidad ; lo cual implica, ineludiblemente, facilitar el aprendizaje de la lengua de señas para romper las barreras de comunicación.

Y es precisamente en ese sentido que debe quedar muy claro que “facilitar el aprendizaje de la lengua de señas” no se refiere solamente a quienes padecen directamente una pérdida de audición profunda, sino también al resto de la sociedad porque de ello depende, en gran medida, que todas las personas sordas o hipoacúsicas -independientemente de que la pérdida de audición sea leve, moderada, grave o profunda- tengan la posibilidad de participar en la sociedad como cualquier otra persona y, sobre todo, para puedan gozar plenamente de todos los derechos humanos y libertades fundamentales.

He ahí la importancia de facilitar el aprendizaje de la lengua de señas mexicana (LSM).

En esta ocasión, concluyo citando lo dicho alguna vez por el reconocido lingüista, filósofo, historiador, sociólogo y ensayista búlgaro-francés, Tzvetan Todorov: Ninguna lengua es, en sí misma, superior o más importante que las otras, pero una puede ser más rica que otra en relación con una necesidad o situación concreta.

Aída María Holguín Baeza
laecita@gmail.com