viernes, marzo 01, 2024

Benito Abraham Orozco, Opinión

La justicia y la reconciliación es tarea de todos

El reciente llamado que hacen los obispos mexicanos a realizar una “Jornada de Oración por la Paz”, indudablemente llamó la atención sobremanera en el país, incluyendo al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien llegó a hacer comentarios positivos ante la convocatoria formulada por la jerarquía católica.

En el comunicado se señala que “es necesario estar unidos en este momento en que la indignación de nuestro pueblo, ante la barbarie de la violencia, nos están abriendo una puerta para la paz”. Tan solo en estas líneas transcritas, hay una gran profundidad respecto de la gravedad del problema con el que hemos venido lidiando desde hace décadas y, a la vez, que del mismo —¿por el hartazgo de los mexicanos?— puede derivar la solución.

En las diferentes actividades que se están convocando, en ninguna de ellas se habla de venganza o de violencia. Sin duda es un mensaje eminentemente cristiano, que llama a la oración para sanar heridas, a transformar el miedo en fuerza para construir la paz.

En el ánimo de muchas personas que de una u otra manera han sido afectadas por la violencia enquistada en todo el país, seguramente tendrán algún sentimiento de odio, reproche, venganza, etc., pero en el documento en cuestión, llama sobremanera la tercera de las acciones que se proponen: “3.- Como signo profético de nuestra Iglesia, las eucaristías del día 31 de julio pidamos por los victimarios, oremos por sus vidas y la conversión de sus corazones, tendamos la mano para recibirlos con el corazón arrepentido a la casa de Dios. Ellos también son nuestros hermanos y necesitan de nuestra oración. No más violencia en nuestro país.

Asimismo, señalan los obispos que su apuesta “…es por el diálogo social para construir un camino de justicia y reconciliación que nos lleve a la paz. Queremos abrir horizontes de diálogo para construir la paz. Estamos delante de un problema complejo que necesita de todos y todas para atenderlo desde la raíz y así dejar que el Cristo Resucitado haga surgir una nueva mirada que permita construir los acuerdos que hoy México necesita”.

El de la violencia, es un tema que requiere de mucha honestidad para saber reconocer aciertos y desaciertos, exigencias racionales e irracionales, fortalezas y debilidades, etc. Además, requiere de la voluntad, sí de toda la población, pero principalmente de quienes desde los gobiernos tienen la posibilidad de efectuar acciones que en algo puedan beneficiar. En esto último, es de suma importancia despojarse de colores y/o de posturas políticas necias que en nada abonan a la solución del problema.

¿El Estado mexicano se encuentra rebasado por el crimen organizado y no le es posible combatirlo? De ser afirmativa la respuesta a la pregunta anterior ¿entonces es correcto y racional exigir sin más ni más que se combata a los delincuentes donde se encuentren? ¿No corremos el riesgo de dejar en peor estado las zonas violentas que se pretendan “pacificar” con el uso de la fuerza?

Esperemos que quienes tienen en sus manos la responsabilidad actual de buscar y lograr la paz en el país, tengan la voluntad para dialogar y para consensuar acciones que sean aceptadas y apoyadas por los mexicanos.

Por lo pronto, ante lo que se ve como casi imposible de resolver, unámonos a la Jornada de Oración por la Paz a la que están convocando los obispos.

No dudemos que lo que le pidamos a Dios con fe, nos lo concederá. Para Él no hay imposibles.