sábado, abril 13, 2024

Eduardo Fernández, Opinión

Las marchas ciudadana y presidencial

Perfil humano.

Dos marchas se han llevado a cabo para mostrar la polarización que existe en el país, la convocada por organizaciones ciudadanas y la realizada por el presidente López Obrador y Morena. 

La primera marcha de ciudadanos fue para apoyar al INE, objeto de una fuerte campaña oficial para transformarlo de acuerdo a los criterios del mandatario en turno. 

No fue solo una marcha sino 58 que se realizaron en otras tantas ciudades del país en las que según los organizadores participaron más de un millón de personas. 

Los participantes de estas manifestaciones fueron de distintas clases sociales y edades, unidos por la convicción de que el INE debería seguir siendo un árbitro imparcial en las elecciones. 

En la marcha de la Ciudad de México hubo un solo orador, José Woldenberg, consejero presidente del IFE (antecesor del INE), organismo que llevó a cabo la elección del 2000 cuando se dio por primera vez la transición del poder presidencial en el país. 

Los organizadores de esta manifestación capitalina afirmaron que hubo cintos de miles de participantes, aunque las autoridades capitalinas intentaron minimizar tal cantidad a unos cuantos miles. 

En respuesta López Obrador convocó a una marcha con motivo de su cuarto año de gobierno la cual se efectuó el pasado domingo en la Ciudad de México. 

La diferencia con la primera fue que involucró a los funcionarios públicos de diversos niveles, lo mismo secretarios y gobernadores que a empleados que atienden directamente a los usuarios. 

Por ello la oposición desde el anuncio de la marcha manejó que iba a ser de acarreados, lo cual intentaron minimizar el presidente y seguidores aceptándolo en forma burlona. 

La maquinaria oficial funcionó hasta con exceso pues no solo llenaron el zócalo sino las calles aledañas, como en los buenos tiempos del anterior partido hegemónico que estuvo en el poder. 

Algunos críticos la llamaron la marcha del ego pues fue más bien para exhibir la popularidad presidencial que de apoyo a la cuarta transformación. 

Lo que sí demostró esta marcha es que el presidencialismo tradicional sigue vigente a pesar de la alternancia partidista, lo que no es precisamente una buena señal para el avance democrático del país. 

Si la marcha ciudadana fue una manifestación de protesta por las intenciones oficiales de volver a las prácticas de control electoral del pasado, la marcha presidencial fue en cambio la ratificación del apoyo popular al presidente en turno. 

López Obrador avanzó caminando desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo acompañado de sus tres “corcholatas” saludando a sus seguidores como en los viejos tiempos cuando era un líder opositor al gobierno. 

Fue también una forma de mostrar que continuaba siendo quien controlaba las manifestaciones populares en la capital mexicana, después de la marcha ciudadana que aglutinó a sus oponentes. 

Además consistió en una prueba del músculo morenista para lograr movilizaciones populares, aunque para ello tuvieron que trasladar a miles de simpatizantes de diversos estados a la capital mexicana. 

No deja de ser también una celebración de AMLO por llegar a un cuarto año con un poder consolidado en 22 estados y con el control de la agenda política ante una oposición diezmada y dividida. 

Llenar el zócalo era el reto que el mandatario les había hecho a los organizadores de la marcha ciudadana, la que si bien no culminó en tal lugar si reunió a cientos de miles en todo el país. 

El presidente se encuentra en el punto más alto de su gestión, el cual puede ser también cuando inicia la disminución de su influencia ante la expectativa de quien será su sucesor o sucesora. 

Las dos marchas cumplieron con sus objetivos y tuvieron un saldo blanco. No deja de ser una señal positiva de que con todo y sus fallas continúa funcionando nuestro sistema democrático, el cual se debe seguir fortaleciendo más allá de las fobias y filias de algunos dirigentes populares o populistas.