jueves, mayo 30, 2024

Luis Javier Valero, Opinión

Las marchas

Conforme se acercan las elecciones presidenciales del 2024, en medio de una aguda polarización, lo sucedido en las dos marchas (especialmente las efectuadas en la CdMx) aportaron un inesperado ingrediente, pero no por ello menos satisfactorio: No se presentaron incidentes violentos en ellas.

Hubo, sí, algunos hechos criticables, pero de ninguna manera que fueran más allá de algunos improperios lanzados por algunos de los manifestantes, sobre todo en la celebrada en la defensa del INE, del 13 de noviembre, tanto por opositores, como seguidores del presidente López Obrador.

Sin embargo, hay diferencias, notables, entre una y otra.

En tanto que la de los opositores fue una movilización nacional, en la que fue una muy importante manifestación en por lo menos la treintena de ciudades, las más pobladas del país, sin más organización que la aportada por numerosas organizaciones de la sociedad civil, y las que los partidos -especialmente el PAN, aunque no debe desdeñarse lo suministrado por el PRI- llevaron a las calles, muchas de las cuales están ligadas a destacados personajes opositores, no necesariamente vinculados a los partidos.

En tanto, la enorme manifestación convocada por el presidente López Obrador se constituyó en la más grande movilización celebrada en la capital del país, convocada por el poder político, porque eso fue, una gran manifestación desde para el poder, en el que para celebrarla se utilizaron todos los recursos que Morena y López Obrador han acopiado a partir del acceso a las diversas posiciones del poder político.

Quedan en el aire, y eso habrá de verse, y confirmarse si así fue, si en muchos casos se utilizaron recursos públicos para efectuar la manifestación.

Hay una gran cantidad de evidencias, que se acumularán, que demuestran que se usaron los dineros públicos para “facilitarle” el traslado a quienes deseaban manifestarse a favor del presidente.

La polémica no estriba en si fueron “acarreados” los asistentes a una y otra manifestación sino a si se usaron los dineros que están destinados al ejercicio público y no al uso faccioso, o partidista, de cualquiera de los protagonistas políticos, está claro que la absoluta mayoría de quienes concurrieron a cualquiera de las manifestaciones lo hicieron con pleno conocimiento de la causa a la que estaba apoyando.

Pero independientemente de lo anterior, una cosa sí queda clara, luego de la petición del bloque morenista en la Cámara de Diputados, de posponer la discusión del dictamen mediante el cual se proponía aprobar la reforma constitucional, en materia electoral, propuesta por el presidente López Obrador.

Este hecho se constituyó como epitafio de esa pretensión.

No lograrían la mayoría calificada para aprobarla (el voto de las 2/3 partes de los diputados federales presentes), con ello, las manifestaciones del 13 de noviembre alcanzaron su propósito, no habrá reforma electoral en el sentido que lo quería el presidente, que era, sin duda alguna, una gravísima regresión en materia electoral, nos habría retrotraído  a los tiempos del partido hegemónico que tenía como secretaría de asuntos electorales a los organismos electorales, como parte esencial para mantenerse en el poder.

No es la única consecuencia política-electoral de esa manifestación, la elevada, alegre, respetuosa participación de cientos de miles de ciudadanos, llevó a los dirigentes políticos de los partidos de la oposición, esencialmente al PRI, a refrendar su decisión de establecer una alianza electoral, sí para el 2024, pero primordialmente, por los tiempos, en las elecciones del Estado de México y Coahuila.

Esa marcha arrendó a la dirigencia nacional del PRI y obligó a su presidente, Alito Moreno, a dar marcha atrás a la postura que, indudablemente, había adoptado de actuar con mucha obsecuencia con el presidente López Obrador.

Además, el hecho de que la marcha de la oposición en la capital del país se nutriera básicamente de la gente del Valle de México, sin duda que puso a reflexionar al bloque gubernamental. No tienen asegurado el triunfo en la capital del país, ni en los municipios del norte de la Cd Mx, rumbo a la muy importante elección del próximo año en el estado que contiene a más de 11 millones de electores.

En cambio, la marcha del 27 de noviembre, con AMLO a la cabeza, mostró el indudable arrastre del presidente, la fortaleza de su partido, pero que, como siempre en este tipo de mediciones, sólo la voluntad expresada en las urnas es la que develará quien tiente la mayoría.

Estaremos, en el ’24, frente a una “parejera”.

No hay nada para nadie, si la oposición presenta un solo candidato, si no, Morena refrendará el triunfo del ’18.

*Columna de Plata-APCJ: 2008, 2015, 2017 y 2022asertodechihuahua@yahoo.com.mx