domingo, abril 14, 2024

Isaías Orozco Gómez, Opinión

Las nuevas generaciones, las cuarenta horas y más

Isaías Orozco Gómez.- Leo con interés y agrado los artículos de un bien recordado, estudioso y respetuoso exalumno, ahora talentoso periodista y profesional de la educación, ampliamente reconocido: licenciado y doctor José Luis García; que se publican en este prestigiado  matutino El Diario de Chihuahua. Especialmente, me pareció oportuno e interesante lo que plantea en su colaboración del lunes 12 de este mes, titulada: “La cínica crueldad del narcotráfico hacia niños y adolescentes”.

Básicamente expone: “A finales de la semana pasada, el Diario reseñó un encuentro entre el grupo empresarial Desarrollo Económico del Norte y la Fiscalía del estado Zona Norte (Nota de Mayra Selene González, viernes 9 de 2024), en el que se mencionó que preocupa a las autoridades y a la iniciativa privada, el aumento de menores sicarios.

[…]  Tanía Ramírez Hernández, directora ejecutiva de Redim (Red de Derechos de la Infancia en México), reveló que en nuestro país se tiene el registro de que los grupos criminales han reclutado, hasta la fecha, entre 145 mil y 250 mil niños.

[Lo que] “Para las organizaciones internacionales de defensa de los derechos de las niñas, niños y adolescentes, es claro que esta inmoral práctica de reclutar menores de edad con el propósito de delinquir, viola los más elementales derechos de los niños, pero más allá: deben ser tratados como víctimas y no como victimarios.

Sostiene José Luis García: “Esa crueldad de sumar a los niños a las redes criminales, debe detenerse NO CON programas que se escriban desde un escritorio, sino con políticas públicas efectivas donde también se castigue con energía a los autores de dicho reclutamiento, mediante penas severas y no con llamadas a las mamás de los narcotraficantes para regañarlos”.

Esa grave y penosa realidad –que no es de ahora-, de los niños y adolescentes del estado y de todo el país, me hizo recordar, que de unos años para acá, suele decirse con frecuencia, que la educación de las nuevas  generaciones se ha ido deteriorando de tal manera, que ha llegado a ser motivo de preocupación de los padres de familia y de la sociedad en general.

Cuestión que muy cómoda e injustamente, ciertos sectores de la población atribuyen al gremio magisterial, especialmente  a los docentes y demás personal al servicio  de la educación del pueblo, de la educación pública bajo la rectoría, supervisión y financiamiento de la Secretaría de Educación pública (SEP), del Poder Ejecutivo federal, del Estado Mexicano.

Siendo, de hecho, que son múltiples las causas que han contribuido a ese deterioro o baja en la “calidad”  del Sistema Educativo Nacional (SEN), principalmente en el nivel básico y medio superior.

Entre esas causas y/o factores que inciden en la formación e información del escolar, pueden seleccionarse la influencia del hogar, la real participación de la escuela y los educadores, de la propia comunidad;  el profesionalismo y vocación de las autoridades educativas; el apoyo financiero, eficiente, suficiente, eficaz y oportuno de los tres niveles de gobierno; la pobreza crítica o extrema de la población y la falta de empleos y el desempleo; el tráfico y consumo de estupefacientes, alcoholismo y tabaquismo; permanentes y fuertes distractores electrónicos como la televisión y cibernéticos (computadora, celular, tabletas…).

De  los factores  enunciados, dedicaremos más espacio al relacionado con la formación e influencia del hogar, de los padres,  de la familia. Ya que históricamente se ha sostenido –con sobrada razón- que el hogar, que la casa paterna es la fuente primaria de aprendizaje del ser humano, donde se abastecen inicialmente los futuros ciudadanos antes de ingresar a la escuela formal. Es allí donde se forman, donde se generan y cultivan las grandes virtudes que harán de los vástagos entes respetables, respetuosos, prósperos, sensibles ante los problemas de los demás, y solidarios.

En tal sentido,  no se olvida la pareja matrimonial de “ayer”, que aunque no tenía la formación y la preparación académico-cultural de hoy, estaba orientada hacia una cultura y filosofía familiar distinta.

La madre de entonces, y venturosamente en  múltiples  casos las  de hoy, que por lo general no tenía  necesidad ni le gustaba trabajar fuera del ámbito hogareño, aparte de que su cónyuge no se lo permitía o no le agradaba (por orgullo, por machismo o  por lo que fuera), se dedicaba por entero a los diversos cuidados que requiere la compleja y delicada tarea de criar –con todas las de la ley- a su prole. 

Desde el embarazo, las bellas y adorables madrecitas se cuidaban (y continúan cuidándose),  y  expresan su inefable ternura  adquiriendo la ropita, los pañales que requerirá  la criaturita que viene en camino. Allí comienzan los primeros y esmerados cuidados del futuro bebé. Preparando a su retoño para emprender con éxito la lenta y escabrosa tarea de educarse; porque, realmente, la educación de la descendencia comienza en el vientre de la madre.

Una vez inscritos los hijos en la escuela, la madre y el padre les brindan los cuidados y atenciones indispensables. Incluso hasta llevarlos a las puertas del plantel. No sin antes recomendándoles los buenos modales y el debido comportamiento en la escuela, el respeto a sus maestros y demás personal de la institución, así como a las personas mayores aunque no pertenezcan a la familia.

Podemos ufanarnos de que en los EUM, la madre y el padre, los tutores, los abuelitos, hermanos mayores todavía asumen esos compromisos año tras año, así habiten en la ciudad o en el medio rural.

Empero, el consumo de drogas y demás vicios y adicciones, ha atrapado a centenares de miles de niños, adolescentes y jóvenes en Chihuahua y en todo México.

Por lo que es urgente, que los progenitores tengan y aprovechen el máximo de tiempo para estar al lado de sus hijos. Entablar la comunicación con ellos, escucharlos acerca de sus cuitas,  de sus reales problemas, de sus necesidades espirituales y materiales.

De ahí, el trascendental y gran acierto, de que se apruebe por el Congreso de la Unión y Congresos locales, la iniciativa presidencial de reforma constitucional  para que se establezca la SEMANA LABORAL de 40 HORAS.

Así como las de: Otorgar becas a estudiantes de familias pobres en todos los niveles de escolaridad;  que los trabajadores y sus familias puedan ser dueños de sus viviendas; no permitir bajo ninguna circunstancia que el aumento al salario mínimo sea menor a la inflación anual; prohibir el comercio de vapeadores y de drogas químicas como el fentanilo.

Y, esencialmente: Garantizar a los mexicanos el derecho a la educación y al trabajo, en el caso de los jóvenes, el Estado debe contratarlos y pagarles el equivalente a un salario mínimo durante un año, mientras se capacitan.

“¡Educar para transformar!”