Benito Abraham Orozco Andrade.
Indudablemente, el contar con una trayectoria llena de estudios, títulos académicos, cargos públicos, autoría en libros y artículos, participación en un sinnúmero de conferencias y congresos, etc., no es garantía de que la persona que lo experimenta tendrá a la par una formación con sentido humano, empática con las causas justas y, sobre todo, portadora de los más altos valores a los que cualquier individuo de bien pudiera aspirar. Ustedes son ejemplo de ello.
No me nace dirigirme a ustedes con el respeto que se le debe a quien es un digno superior jerárquico, por la virtud de haber sido ejemplar líder y compañero en una tarea tan noble y fundamental, como lo es la de procurar para los mexicanos lo mejor de la democracia electoral. Dejaron mucho que desear para la sociedad y para quienes laboran en el Instituto Nacional Electoral (INE). Nada que agradecer, mucho que reprochar. Perdieron su oportunidad de dejar buena huella.
Atrás de ustedes queda una institución muy maltratada, de la que dispusieron como si fuera de su propiedad, así como de su camarilla de consejeros, ex consejeros, funcionarios electorales y políticos. La confrontaron con sus adversarios personales como si se tratara de una organización política, en lugar de adoptar una postura conciliadora, cautelosa e imparcial, que debe caracterizar a cualquier árbitro, máxime si este es también responsable de promover y de practicar los valores de la democracia.
Por su soberbia, llevaron al órgano electoral al punto crítico en el que se encuentra, sometiendo a los respetables trabajadores del INE al riesgo de perder sus empleos. No obstante, sin problema alguno, y hasta con cinismo, pudieran aseverar que no fueron ustedes, sino quienes aprobaron el llamado Plan B de la reforma electoral, pero no es así, y en eso hay que ser muy puntuales.
En ocasiones anteriores en que se ha “tocado” al INE —y al Instituto Federal Electoral (IFE) en su momento—, la autoridad electoral no se había comportado con el protagonismo político con que ustedes lo han hecho. Hubo otros “tocamientos” a la institución en los que se acortó el periodo del encargo de los consejeros electorales y del secretario ejecutivo, además de habérsele sumado excesivas responsabilidades al órgano, pero nadie dijo nada ni provocaron irresponsablemente un encono en la sociedad mexicana.
Precisamente, hace unos años, en 2014, se “tocó” al IFE para desaparecerlo, e igualmente se estaban acortando los periodos de quienes eran consejeros y secretario ejecutivo, habiéndosele agregado a la institución múltiples atribuciones pero, como ustedes, si bien fueron “perjudicados” con ese recorte en los periodos de los cargos que ostentaban, para suerte solo suya fueron alargados sus encargos al ser ratificados en la instancia que estaba emergiendo: el INE. Por supuesto que por ningún motivo dijeron nada, y simplemente se limitaron a señalar lo complicado que sería cumplir con tanta responsabilidad que se le estaba añadiendo a la instancia electoral.
En ese “tocamiento” de 2014, no hubo quienes se interesaran en organizar y en encabezar marchas y movimientos de defensa del otrora IFE, pues quienes gobernaban al país eran grupos distintos a quienes ahora lo hacen. Aquí surge la incógnita de: ¿por qué Lorenzo, Ciro, Edmundo y los otros que encabezaban al IFE, no se “rasgaron las vestiduras” y emprendieron una amplia defensa legal y mediática con recursos públicos para que no lo desaparecieran, como en esta ocasión sí lo hicieron? ¿Por qué en aquel entonces no sometieron al personal que los acompañaría por años al riesgo de perder sus empleos?
La respuesta es más que sencilla: a estos señores los designaron quienes en aquel momento estaban a cargo del Poder Ejecutivo y Legislativo, y con quienes estarían interactuando por un buen tiempo. A ellos les han tenido un “agradecimiento” especial, ya que el ingreso económico y los beneficios obtenidos por ustedes, como todos sabemos, son de un privilegio excesivo y ofensivo para los mexicanos.
A ti Lorenzo, a ti Ciro y a ti Edmundo, se les dieron a conocer las fechorías —algunas constituyen verdaderos delitos— que cometen muchos funcionarios de oficinas centrales y de las juntas locales y distritales en contra de los trabajadores, pero no hicieron nada. Hombres y mujeres que han sido vejados de distintas maneras en la privacidad de las instalaciones oficiales, y hasta a la vista de otras y otros compañeros de trabajo, a la fecha no se les ha redimido ni hecho justicia.
Es una vergüenza lo que ocurre al interior del INE, y que ustedes no atendieron y han dejado como herencia. Nada que agradecerles, mucho que reprocharles. El repudio los acompañará.
Te vanagloriaste Lorenzo, porque alguien tuvo la ocurrencia de mencionarte como “presidenciable”. Que buen chiste, ya que la mayoría de los mexicanos, ten la seguridad, no simpatiza contigo, y de haber sido factible, hubieras sido garantía, sí, garantía, pero de un fracaso rotundo. Las preferencias a favor o en contra de la reforma electoral se enfocó en aplausómetros y en marchas, y tú y tu camarilla, definitivamente no salen bien librados. Buena memoria no dejan.
Tu renuncia, Edmundo, nada tiene que ver con que no existan las condiciones para que sigas desempeñándote como secretario ejecutivo, sino que obedece a que eres fiel al grupo al que pertenecen Lorenzo y Ciro, y el panorama que se avecina ya no es el que más conviene a tus intereses personales y facciosos. Utilizaron recursos públicos para lograr tu restitución y, sin más, se te acabó el amor por la democracia y por la institución, y te vas abandonando a ese “ejercito de la democracia”, como hipócritamente llamabas a los trabajadores del INE. Por favor Lorenzo, Ciro y Edmundo, no tengan la desfachatez de seguir llamándose demócratas, no les queda.
Los resultados de las elecciones de 2018, indudablemente a ustedes tres y a sus comparsas no les favorecieron, y viendo un panorama nada agradable en lo personal, no dudaron en involucrar a toda la institución, como si fuera una animadversión hacia toda la estructura nacional. Entonces, el que se hayan respetados los mencionados resultados, no fue necesariamente por el “correcto” actuar de ustedes, sino porque había una sociedad vigilante que férreamente defendería su voto, ávida de un urgente cambio de cómo se venía gobernando al país. Además, la respetable base trabajadora del INE realizó cabal y ejemplarmente su trabajo.
Pues bien, Lorenzo, Ciro y Edmundo, indudablemente otros escenarios públicos y privados acogerán sus protagomismos, y de algo deben tener certeza: EL REPUDIO LOS ACOMPAÑARÁ
