Perfil humano.
Las tensiones y enfrentamientos entre México y Estados Unidos han aumentado en este sexenio poniendo en riesgo las relaciones con el principal socio comercial.
El secuestro de cuatro ciudadanos estadounidenses en Matamoros ha provocado una avalancha de críticas por parte de legisladores del vecino país.
López Obrador ha estado debatiendo rijosamente con ellos, los cuales lo acusan de proteger a los narcotraficantes en lugar de combatirlos.
Directamente senadores norteamericanos republicanos han calificado al actual gobierno de ser un narco estado y presionan para que a los cárteles los consideren como terroristas.
En lugar de que sea Ebrard el que conteste diplomáticamente a las acusaciones republicanas, el presidente se ha enfrascado personalmente en una desgastante polémica de dimes y diretes.
El ánimo rijoso del mandatario en sus conferencias matutinas conocidas como “las mañaneras” en lugar de fortalecer su imagen lo expone a continuos cuestionamientos públicos.
Es como si Biden se pusiera a debatir con cualquier legislador mexicano de tú a tú exponiendo su perfil presidencial.
Ahora seguirán las críticas estadounidenses sobre la seguridad mexicana pues tres mujeres residentes texanas desparecieron en un municipio cercano a Nuevo Laredo.
La política de AMLO de “abrazos, no balazos” ha sido blanco de burla por parte de los legisladores republicanos que exigen la intervención de sus fuerzas armadas para combatir el narcotráfico.
La militarización de la frontera con Estados Unidos es una vieja demanda que Trump intentó llevar a cabo cuando fue presidente de este país.
Si con este mandatario se llevó una relación dependiente pero sin mayores problemas, ahora con Biden es diferente y los desacuerdos han aumentado en varios rubros.
Además de las quejas norteamericanas por el aumento del tráfico de drogas y de la acción criminal de los narcotraficantes, en el ámbito económico también existen choques.
Estados Unidos acaba de solicitar consultas técnicas sobre el decreto presidencial mexicano que prohíbe la importación de maíz transgénico y del herbicida glifosato a partir del 2024.
Durante 20 años México ha importado y consumido millones de toneladas de maíz transgénico sin que se hayan demostrado efectos dañinos para la salud.
Hasta el momento el gobierno mexicano no ha podido probar científicamente que el maíz transgénico es perjudicial ni tampoco que lo sea el glifosato.
Existe además la contradicción que se prohíbe el maíz transgénico blanco para consumo humano y se permite el de uso pecuario e industrial o sea el maíz amarillo.
Si el gobierno mexicano no demuestra lo sostenido en el decreto se turnaría a un arbitraje y si lo pierde nuestro país entonces los estadounidenses podrían castigarlo con un aumento de aranceles.
Esta controversia comercial se suma a la que se da actualmente debido a la política energética mexicana que privilegia a Pemex y CFE en demérito de las compañías norteamericanas.
Estos pleitos, algunos sin sentido, dañan la relación con el vecino país con el cual México sostiene el 80 por ciento de sus intercambios comerciales.
El asunto se podría complicar pues ambos países renovarán sus presidencias en el 2024 ya que los republicanos tomarán como bandera electoral los errores políticos mexicanos.
Es tiempo de que el gobierno mexicano asuma su responsabilidad y aplique una política exterior más seria para evitar que las politiquerías sigan dañando el prestigio internacional de México.
