lunes, abril 15, 2024

Jaime García Chávez, Opinión

Maruquismo pretende “reinventarse”, pero sólo se recicla

La época más peligrosa para un mal gobierno es cuando comienza a reformarse. Alexis de Tocqueville

Más allá de esa verdad consagrada, tengo para mi que más peligroso es para la sociedad padecer un mal gobierno y que éste, después de una severa crisis, trate de enmendar sus pasos hacia un horizonte que es el vacío. Esa es la tragedia que vive hoy Chihuahua con la administración que encabeza María Eugenia Campos Galván.

Luego de una política errática, de la cohabitación con el PRI y el decadente PRD, pero sobre todo después de la impotencia para garantizar la vida, seguridad y tranquilidad de la sociedad, se intentan cambios en el personal burocrático que no auguran puerto cierto, salvo el de los negocios que se practican al amparo del gobierno.

Si al principio de este gobierno se habló de “reingeniería”, palabreja que sirve para todo y para nada, hoy la mentira que circula es que se van a “reinventar”, cuando las trayectorias políticas son harto conocidas como para pensar que tienen esa capacidad en un país y un estado con turbulencias que superan a todo voluntarismo pueril.

La realidad es que la improvisación, la inexperiencia y el diletantismo han sido la característica que precede, y lo más grave es que también lo es para la etapa por venir.

Empecemos por algún lugar, o mejor dicho, por algún funcionario. César Jáuregui Moreno deja la Secretaría General de Gobierno que ya ocupa Santiago De la Peña Grajeda, arrancado del municipio que preside Marco Bonilla.

Se trata de un joven abogado con abolengo en el cargo, por sus abuelos, que antes lo ocuparon; pero eso que es su historia familiar no lo dota, de entrada, con las cualificaciones necesarias para encargarse de la política interior de Chihuahua, en la que Jáuregui Moreno, con su realismo político y larga experiencia tenía dotes indiscutiblemente mejores, y ahora va a la Fiscalía General. Y esto, desde luego, no entraña un juicio axiológico, y quiere ser el más político que por ahora tengo a la mano.

Jáuregui Moreno en unas cuantas horas dio unos pasos que lo sacan de la política del infierno para colocarlo en el infierno de la política.

Ha puesto en riesgo su perspectiva política porque la Fiscalía General, para atemperar el concepto “infierno”, es como la casa del jabonero, en la que el que no cae resbala.

Del nuevo titular de la Secretaría General, De la Peña Grajeda, podemos afirmar que es como la sacarina en este gabinete: ni lo endulza ni lo engorda, en especial porque su oficina es menospreciada porque carga a cuestas al coordinador indemne, el inefable Luis Serrato.

Demos un tranco más: el diputado Mario Vázquez pasa de parlamentario a constructor, al ocupar la Secretaría de Obras Públicas. Optó por la bolsa, por los negocios. Desdeñó sus aspiraciones de reformador constitucionalista en el Congreso local, proyecto pretendidamente construido frente a una sociedad silente, que jamás se ha enterado de esos propósitos, que siendo de alto calado nunca salieron del recinto congresional, que no parlamentario. Hoy, de reformador se ha convertido en una especie de carranclán con sus uñaslistas.

Karla Rivas restaña la bofetada que se le dio a Chihuahua en el nombramiento de Ignacio Galicia, mas no garantiza que logre los propósitos en la Secretaría de Desarrollo Humano, que no por tener ese nombre alcanzará sus metas. Su precedente la pinta como una diputada gris, y nada más.

A Javier González Mocken, orgullo de las alianzas maruquistas, lo dejaron chiflando en la loma. Nunca se vio más deshonrada la Educación que con su nombramiento, como lo afirmé en su momento, y lo sostengo.

La reemplazante en Educación, Sandra Gutiérrez Fierro, tiene una historia compleja. Hay una metamorfosis que la lleva de egresada de una escuela Normal, donde la ultraizquierda es dogma sagrado, a su colaboración en un gobierno de derecha como el actual de Chihuahua. En su currículum hay una trayectoria de buen nivel. Empero, sobre ella pesa al menos un cargo grave por discriminación, que se sustancia tanto en la Comisión Estatal de Derechos Humanos como en la Fiscalía General del Estado, según se aprecia en los documentos oficiales a los que he tenido acceso.

Se trata de la acusación de la rarámuri Rosalba Loya García, empleada del sistema educativo en una comunidad de Carichí, y a quien la entonces titular de los Servicios Educativos de Chihuahua, hoy secretaria de Educación, no quiso atender por un reclamo de tipo laboral. En el expediente de la Fiscalía, en el apartado “Observaciones”, se desprende una síntesis del delito de discriminación denunciado:

“Manifiesta la compareciente que hoy acudo en un grupo a una audiencia con la directora de Servicios Educativos de Chihuahua, doctora Sandra Gutiérrez Fierro, y escucho a su compañera a medias. Luego dijo “sálganse para afuera porque voy a inaugurar un evento en mi oficina”. Y como había más personas, pero mestizas, sólo a los de etnia los sacó de su oficina y los demás ahí se quedaron. Dice que se siente vulnerable discriminada porque no es posible que una doctora haga eso. No escuchó la petición que traían. Desea que se investigue”. De este significativo caso se ha ocupado con tesón el maestro Patricio Rodríguez.

Dando otro paso llegamos a Roberto Fierro Duarte que, con toda la responsabilidad que entraña su incuria al frente de la Fiscalía General del Estado, mostrada por los sucesos de Cerocahui, el llamado “Jueves Negro” en Ciudad Juarez y su violenta secuela en el motín de Año Nuevo en el CERESO estatal número 3, hoy se le protege y se le coloca en la impunidad nombrándolo secretario particular, cargo para el que tenía dotes cuando se circuló el currículum a la hora de la toma de posesión de Maru Campos al frente del Ejecutivo. El señor debiera estar en el banquillo de los acusados, pero hoy estará en la puerta por donde se entra a la oficina de la gobernadora.

Para mi no queda duda de que este oscuro personaje no va más allá de un covachuelista, un funcionario de los que había en los sótanos de antiguas instituciones.

Y aunque en otras dependencias no hubo cambios, visualizo en las brumas propias del invierno, que Luis Serrato sigue tejiendo sábanas al estilo sonorense, y en la Secretaría de Hacienda todo “está bien”, por el tutelaje que ejerce Ernesto Cordero sobre José de Jesús Granillo Vázquez.

¿Así se reinventan? Estamos frente a la misma pócima. La “reinvención” forma parte de la fraseología del momento.

Tres certezas me acompañan hoy: el gobierno no se reinventa, tarea imposible, sólo se ha reciclado; seguiremos en el mundo de los negocios gubernamentales, garantizada con la cohabitación panpriista; y una aparente discrepancia con Tocqueville: es cierto los peligros que corren los malos gobiernos al reformarse, pero más peligroso y calamitoso para la sociedad es soportarlos.