20 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Mexicali, Caléxico, Ciudad Juárez y el tratado de 1944 con USA (Segunda parte)

5 min read
Isaías Orozco Gómez.

Continuamos  la segunda parte de la presente colaboración haciendo breve acopio de los datos relativos a los Tratados de Aguas Internacionales, aportados por el Maestro rural e Historiador: Francisco R. Almada, nacido en la Villa de Chínipas, Chihuahua, el 4 de octubre de 1896.

Para don Francisco R. Almada, el primero de los tratados se firmó en la ciudad de Washington, E.U.A., el 21 de mayo de 1906 para la distribución de las aguas del Río Bravo del Norte (Río Grande) entre la boca toma del Canal Mexicano y Fort Quitman, con motivo de las obras de construcción de la presa del Elefante. Por lo que los  USA entregarán a México un total de 60 mil acres pies de agua anualmente, en el lecho del Río Grande y en el punto de donde se encuentran ahora las obras principales de la Acequia Madre, conocida como Canal Viejo Mexicano, arriba de Cd. Juárez, Chihuahua, México.

El segundo fue firmado el 3 de febrero de 1944 por los representantes de los EUM y de los USA y comprende la distribución y aprovechamiento de los ríos Bravo  o Grande, Colorado y Tijuana. El tratado reglamenta el aprovechamiento de las aguas internacionales para  usos domésticos y municipales, agricultura y ganadería, energía eléctrica, usos industriales, navegación, caza, pesca y otros usos benéficos determinados por la Comisión Internacional de Límites y Aguas.

Ahora bien: en nuestra colaboración anterior, en su último párrafo, establecimos que se impone hablar simultáneamente del Colorado y de otro río que también nace en los USA: el Bravo o Grande, que corre raudo hacia el sur, hacia nuestro país; pero que al llegar a CD. JUÁREZ, en lugar de internarse en nuestro territorio cambia de dirección hacia el Golfo de México… Proseguimos: Y se convierte en frontera de las dos naciones a lo largo de 2000 km. Cauces mexicanos y estadounidenses le vacían sus aguas, y sus afluentes son geopolíticamente internacionales, a diferencia del Colorado, cuyas aguas nacen totalmente en los USA.

Se afirmaba que cuando los EUM y los USA aprovechasen en sus respectivos territorios los afluentes del Bravo, México aportaría a éste el 58% y EE.UU. el 42% de su volumen. Rara vez se menciona, pero en esta disputa sobre los ríos, entra también el Río Tijuana, que nace en las montañas de Baja California, llena la presa Rodríguez, riega arriba de mil hectáreas, y cruza la frontera para ser aprovecha  por San Diego, California, y morir en el Océano Pacífico.

Así, ni en 1848 en que se firmó el Tratado de Guadalupe, ni en 1853 en que se firmó el Tratado de La Mesilla, se consideró el agua del Bravo, salvo el punto de que los ríos fronterizos fueran navegables para los dos países; ni se dijo cual y cómo sería su futuro aprovechamiento.

Sin embargo, desde 1896 los “gringos” aprovechaban las aguas del Bravo para el riego, aunque en forma limitada; pero la construcción de la presa hidroeléctrica La Boquilla, sobre el Río Conchos en 1916, permitió a los texanos cultivar la tierra en mayor escala en la región del Bajo Bravo.

Tensas eran las relaciones binacionales en la frontera Norte. Principalmente, cuando en en el Oeste de los USA: Wyoming, Colorado, Utah, Nuevo México, Nevada, California y Arizona,  que tenían derechos sobre el Colorado, decidieron repartirse sus aguas, dejándole a México los sobrantes que el río llevase hasta su propio territorio.

Nacionalista y patrióticamente, a las maniobras de esas citadas entidades gringas, se opuso la aguda visión del Presidente Plutarco Elías Calles, que había iniciado la construcción de vasos en los afluentes del Río Bravo. 

Lógicamente, la alarma y el desconcierto cundieron en las fronteras de los dos países. En Mexicali, los colonos estaban temerosos de que la presa Boulder o Hoover los dejara sin agua. Y, a bastante distancia, en Texas, los algodoneros tenían miedo de que los vasos mexicanos disminuyeran el volumen del Bravo y lo redujesen a cantidades insignificantes.

         Lo anterior llevó a la urgencia de celebrar pláticas binacionales sobre los ríos Tijuana, Colorado y Bravo. Mismas que se iniciaron por primera vez, en 1928, las cuales no resultaron tersas por las grandes discrepancias que se presentaron en ambas representaciones. Pues, mientras los USA ofrecían a los EUM un gasto de 925 Mm3 para Mexicali, México exigía 4,292 Mm3 cada año; o sea, lo suficiente para llegar a regar 3, 480,000 acres pies, porque se creía a la sazón que teníamos  600,000 hectáreas aprovechables en el Colorado.

Por lo que hace al Río Bravo o Grande, la Nación Mexicana proponía que se dejase a cada Estado-Nación en libertad de aprovechar las aguas de sus respectivos tributarios, y que los sobrantes que arrastrase el cauce limítrofe fuesen divididos por mitad, mediante la construcción de presas internacionales; pero los EE.UU., a pesar de que México aporta más agua, no estaban conformes en este punto, y sus representantes exigían un convenio leonino para Texas.

Esperanzadoramente para nuestro país, en julio de 1941, se presentó una entente en voz de míster Dugan del Departamento Americano de Estado, al comunicar al embajador de México en Washington,  que había encontrado bases para formular un tratado sobre las aguas internacionales. México recibiría perpetuamente 1,110 Mm3  del Colorado. Se construirían presas internacionales sobre el Bravo, para beneficio de los dos países, y sería modificado el Tratado de 1906 sobre la región de Ciudad Juárez. 

En ese orden ¿o desorden? de ideas –preponderantemente del lado gringo–, enfrentando a  ‘California la intrigante’ con sus seis entidades confederadas en Santa Fe, mismas que se descararon al sugerir comprar a México la franja de tierra donde está el canal del Álamo para que el paso del agua al Valle Imperial les perteneciera totalmente; que, obviamente, la Patria Mexicana se negó rotundamente  a vender. Defendiendo así su soberanía e integridad territorial.

Por fin, el 6 de septiembre de 1943 comenzaron en El Paso, Texas, y Ciudad Juárez, Chihuahua, las negociaciones para firmar el Tratado de Distribución de Aguas Internacionales…

Contextualizando: ¿Conflicto latente?  El diario El Economista (lunes 16/ agosto/2021) publicó que “El gobierno federal de Estados Unidos anunció este lunes que el LAGO MEAD, el embalse más grande del país, operará en 2022 bajo históricas condiciones de ESCACES DE AGUA afectando a dos estados del oeste [Nevada y Arizona] y a MÉXICO.

“De acuerdo con las proyecciones, en 2022 el plan de contingencia exigirá una reducción de cerca de 18% de la asignación anual para ARIZONA; DE 7% para NEVADA; y de 5% para MÉXICO”. Continuaremos.

El Devenir. Derechos reservados 2021 | Newsphere by AF themes.