domingo, junio 23, 2024

Opinión

Muerte infantil en la sierra

Hablando y escribiendo.

La falta de alimento y atención médica, así como el vivir en condiciones miserables, hacinados en barracas, sin agua potable y drenaje, expuestos a climas extremos, viviendo prácticamente a la intemperie, en suelo de tierra y el nulo seguimiento institucional a sus necesidades básicas, está generando la muerte por desnutrición de indígenas menores de edad.

Como ha sido en cada una de las administraciones de gobierno estatal, los informes que se presentan, no reflejan la realidad que se vive, es apenas una mínima parte de lo mucho que se puede hacer para apoyar a estas etnias, que muchas han optado por vivir en comunidades que cuentan con servicios, mientras que la gran mayoría vive en lugares apartados, donde es difícil llegar a proveerles de lo necesario, pero que su responsabilidad es ir hasta donde viven para mejorar su calidad de vida.

La información proveniente de un municipio limítrofe con Sinaloa, da cuenta del infortunio que es la vida de muchos indigenas Chihuahuenses, quienes acompañados de sus familias, buscan emplearse donde los provean de alimento y algo de recursos, siendo materialmente explotados al igual que sus menores hijos, quienes trabajan a la par de sus padres, mientras que los más pequeños, aguardan esperanzados  la presencia del alimento, que en ocasiones no se presenta por días.

Las oportunidades que se pierden para estos niños, por la falta de alimento es irreversible, pero ya no se trata de que puedan alcanzar sus sueños de convertirse en lo que ellos hayan pensado, sino en mantenerse con vida, a pesar de que también los daños físicos y psicológicos, los convertirán en personas dependientes de las circunstancias y no de lo que ellos pueden hacer por sí mismos.

El racismo que existe en Chihuahua, no solo es con los migrantes, sino también con los indígenas, con los propietarios originales de este suelo, que a lo largo de los siglos, han sido desplazados por intereses personales y de grupo, y el más reciente, el interés del  bandido, del nuevo cacique, del narcotraficante.

El interés de los gobernantes en turno, son legítimos, pero desgraciadamente a quienes colocan en esta gran responsabilidad de canalizar apoyos para los indígenas, lo hacen de manera igual a como lo hacen las autoridades de la ciudad, no se meten en su cosmovisión, no respetan sus costumbres, no les interesa el convivir con ellos y aprender parte de su gran cultura, simplemente les hacen entrega de apoyos y le dicen que es por parte del gobernante en turno y ellos solamente los reciben.

El enseñarles las ventajas de tomar las medidas sanitarias para evitar enfermedades, nunca será tiempo perdido, como tampoco el que aprendan alguna habilidad para aprovechar la riqueza natural de su entorno.

La persona que acepte el trabajo de apoyarlos, debe entender que no es una labor de 8 horas, ni tampoco de días festivos, es tratar de entender su idiosincrasia, a partir de vivir en su propio entorno.

Numerosas son las dependencia de los tres niveles de gobierno, las que justificando su actividad laboral, llenan hojas y hojas con nombres y apoyos entregados y al final una huella digital.

Mientras que los que sí entienden el ayudar como apostolado, como los jesuitas y demás personas con servicio pastoral, que si viven en sus comunidades, pocas veces son consultados sobre la mejor forma de apoyarlos de manera integral y no solo con dádivas temporales.

La política, entendida en los tiempos modernos, nada tiene que ver con el apoyar a quienes más lo necesitan, a quien verdaderamente lo requiera, se ven a los indígenas como objetos de justificación de política social; no existe el ánimo de hacerlo de forma integral, canalizando todos los apoyos a través de un solo conducto.

Resulta difícil visualizar que los apoyos federales, estatales y Municipales, puedan canalizarse como uno solo, porque la política personal y de grupo no lo permite.

En la actualidad, según reportes del gobierno del Estado, son aproximadamente 110 mil personas, en su mayoría Raramuris, Tarahumaras, Tepehuanos, Guarojios y Pimas y aunque se informe en documentos lo contrario, la verdad es que muchos de ellos, no viven congregados en una sola comunidad, sino que aprovechan los grandes espacios serranos para mantenerse aislados, aunque también de estos lugares, los nuevos dueños, los que tienen decisión sobre la vida de quienes los rodean, los corren de su propia tierra; otros más viviendo como nómadas, viajando a lugares donde puedan trabajar como en el caso del vecino estado de Sinaloa para las pizcas, donde son contratados por miserias.

No todos los cargos públicos son para pagar facturas políticas; la atención que requiere el apoyar a los indígenas de Chihuahua, exigen perfiles más humanistas, menos políticos y más apegados a convivir con ellos y tratar de entenderlos, porque para justificar apoyos de 8 a 3, cualquier puede hacerlo, y desde su mismo escritorio en Chihuahua.

Ojala y la gobernadora Maru Campos, continúe exigiendo cuentas a sus funcionarios y advierta que es cuestión de perfiles humanistas y que el funcionario hace al cargo y no al revés.

*Abogado litigante integrante de la FECHCA y la AECHIH