24 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Nadie como tú

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Mauricio Islas.

Para: usted

En todo el mundo no hay nadie exactamente como yo, aunque hay personas que tienen partes que se parecen a mí. Por lo tanto, todo lo que sale de mí es auténticamente mío, porque yo solo lo elegí.

Todo yo soy responsable de mi cuerpo, y lo que este hace; mi mente, incluyendo mis ideas y pensamientos; mis ojos, incluyendo las imágenes que perciben; mis sentimientos, incluyendo mi coraje, alegría, frustración, amor, desilusión o excitación; mi boca, incluyendo las palabras justas o injustas que de ella salen; mi voz, incluyendo los tonos que acompañan mis ánimos; y todos mis actos… sean estos para otros o para mí mismo.

Me pertenecen mis fantasías, mis sueños, de mis esperanzas, mis temores; me pertenecen todos mis triunfos y éxitos, todos mis fracasos y errores; como todo lo mío me pertenece, puedo llegar a familiarizarme conmigo mismo; y al hacer esto puedo amarme y aceptarme y aceptar todas las partes de mi cuerpo.

Entonces puedo hacer posible que todo lo que me pertenece, trabaje para lograr lo mejor de mí. Sé que hay aspectos de mí mismo que me confunden y otros que no conozco, pero mientras me conozca y me ame, puedo buscar valerosamente y con esperanza la solución a mis confusiones y la forma de conocerme más.

La manera como luzco, como parezco a los demás, lo que diga o haga, lo que piense o sienta en un momento determinado, soy yo. Esto es auténtico y representa dónde estaba en ese momento; cuando más adelante analice cómo me veia y se escuche lo que dije o hice, y cómo pensé y sentí, algo parecerá no encajar.

Puedo descartar lo que me parece estar fuera de lugar y conservar lo que sí encajó, es decir algo nuevo para reemplazar lo que descarté; puedo oír, ver, sentir, pensar, hablar y actuar. Tengo los instrumentos para sobrevivir, para acercarme a los demás, para ser productivo, para sacar del mundo las personas y cosas ajenas a mí. Me pertenezco y por lo tanto puedo manejarme, yo soy yo.

Nada intensifica tanto el sentimiento de inseguridad, como el sentimiento de ser temporal; de vivir dentro de una pausa en la eternidad y después habremos desaparecido para siempre. Para la mayoría de nosotros es devastador pensar que no formamos parte de un patrón eterno; y que, por el contrario, somos un eslabón de la cadena de la humanidad. Solamente un eslabón.

Para adquirir tranquilidad necesitamos saber el propósito que tenemos en este mundo. Si entendiéramos que el propósito de estar aquí es el gozar al sentir y al expresar el yo, y por tanto, crecer; si aceptáramos que somos el ser más magnífico, notable y espléndido que Dios haya creado, no habría de sentir temor nunca.

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