jueves, junio 20, 2024

Opinión

Ni ángeles ni máquinas

Entre redes.

“A medida que el mundo se digitaliza, se deshumaniza. La vida va quedando reducida a códigos y algoritmos” Jordi Pigem, 2023  

La disyuntiva es muy clara: humanizamos a los robots o robotizamos a los humanos. O nos deshumanizamos y despojamos de las emociones y sentimientos e incorporamos a la carrera de automatizar todo o asumimos el hecho que las máquinas suplan a los homo sapiens por homo tech u hombres máquina.

Así como en política e ideologías la polarización avanza marcando fronteras y diferencias extremas hasta llegar a enfrentamientos, el mundo moderno también tiene dos polos confrontados: se habla de los términos fuzzy, con que identifica a los estudiantes de humanidades o ciencias sociales y los techies para referirse a los estudiantes de ingenierías o ciencias duras.

El problema es la existencia de una brecha absurda porque el ser humano es una sola unidad. Si bien, tenemos dos hemisferios con funciones diferentes cada uno, se trata de un solo cerebro.   

Por ejemplo, en el hemisferio derecho del cerebro radica el control de expresiones no verbales y la interpretaciones de imágenes. Ahí encontramos formas de expresar emociones, recibirlas e interpretarlas. Radican ahí la percepción e intuición y almacenamos rostros y voces, desarrollamos actividades de imaginación y creatividad, intuición y emotividad.

Las personas con predominancia del hemisferio derecho se desarrollan en las artes por su función visual e intuitiva. Otros le llaman cerebro análogo y lo relacionamos con el ejercicio de profesiones o estudios como pintores, músicos, diseñadores gráficos o de interiores.

Vendría a ser como las ciencias blandas o estudiantes fuzzy.

Y quienes desarrollan más el hemisferio izquierdo del cerebro la principal característica es su facilidad para resolver problemas numéricos, tienen un pensamiento más lógico y la tendencia mayor a actividades académicas como ciencias y matemáticas. El hemisferio izquierdo también se le conoce como cerebro digital con preponderancia en actividades analítica, verbal, de cálculos, secuencia lógica o lenguajes visuales. Están los casos de los científicos, programadores, ingenieras y analistas de sistemas.

Esto serían las ciencias duras o los estudiantes techies, de tecnología. 

Todas las personas tenemos un cerebro y cada cerebro tiene dos hemisferios, por lo cual no podemos concebir a alguien con medio cerebro o de ser “medio cerebral”.   Es un órgano que cumple con su función y que sólo tiene preponderancia de uno u otro hemisferio, pero no se eliminan o anulan entre ellos.

Esto significa que vivimos con ambos y que conviven. Esas tendencias se reflejan en actividades. El hemisferio izquierdo controla la parte derecha del cuerpo y el derecho la parte izquierda del cuerpo por lo tanto no están tan divorciadas o antagónicas. Es como la vida: cohabita lo terso con lo blando, usamos ambos hemisferios, accionamos con la parte derecha e izquierda del cuerpo de manera rítmica para coordinar cuando caminamos o corremos. 

Nuestro cuerpo, nosotros mismos no podemos estar polarizados o peleados con nosotros mismos porque equivaldría a autoeliminarnos.

Aunque tengamos inclinación a desarrollar el hemisferio derecho, requerimos del hemisferio izquierdo y a la inversa. La tendencia a actividades o mente subjetiva no excluye las actividades objetivas porque se complementan.

El dilema de estudiar profesiones con inclinación tecnológica no debe eliminar la parte humanística; quienes prefieren carreras relacionadas con arte, filosofía o historia no deben ignorar la parte dura o científica.

La tecnología digital está desarrollada por seres humanos, por lo tanto, la humanización de esa actividad debe estar implícita y por otra parte, debemos de entender que el progreso y la tecnología son necesarios para avanzar y desarrollar más actividades. 

En educación se habla mucho de ciencias duras y blandas para dividir áreas y habilidades diferentes del conocimiento que se profundizan más por la tecnología digital. 

Sin duda, las ciencias duras son más exactas y rigurosas porque son resultado del método científico que les permite ser predictivas como las leyes; son empíricas como resultado de experimentación, se pueden cuantificar o medir, por lo que les decimos objetivas.  Están los casos de física, química, matemáticas, medicina, biología y astrología que basan sus conocimientos en leyes, fórmulas o principios probados y por lo tanto nos sirven para predecir.

En cuanto a las ciencias blandas, si bien pueden recurrir al método científico, sus conclusiones teóricas son basadas en razonamientos. Tenemos los casos de historia, sociología, psicología y antropología[1].

Quienes estudian carreras de las ciencias duras, son los techies -apasionados a la tecnología- y los de carreras blandas son los fuzzy, por lo subjetivo y más difuso o extenso. Lamentablemente esos términos no ayudan a concebir al hombre de manera integral, que tenemos varias habilidades y competencias, pero seguimos siendo una unidad.

Sin embargo, los hechos revelan otra realidad (HARLEY, 2020): la directora ejecutiva de Youtube, Susan Wojcicki estudió Historia y Literatura en Harvard; Carly Fiorina, exdirectora ejecutiva de Hewlett-Packard se especializó en historia y filosofía medieval; el fundador de la plataforma de comunicaciones corporativas Slack, Stewart Butterfield, estudió filosofía; Reid Hoffman, fundador de Linkedin, obtuvo su master en filosofía en Oxford; Peter Thiel cofundador de Paypal, estudió Filosofía y Derecho; Ben Silbermann, fundador de Pinterest, estudio ciencias Políticas en Yale: los fundadores de Airbnb, Joe Gebbia y Brian Chesky, tenían licenciatura en Bellas Artes en la escuela de diseño de Rhode Island. Y luego Jack Ma, fundador del gigante de comercio electrónico Alibaba estudió Literatura Inglesa. 

Estos datos nos arrojan el mejor ejemplo que hemos satanizado una supuesta división radical entre humanidades y tecnología y creado mitos de que la técnica y el arte son como el agua y el aceite, como si habláramos de dos personas diferentes en un solo organismo.

Los extremos y polarizaciones son males y conducen a la destrucción o eliminación entre las partes, por eso, cuando se quiere destruir algo, lo primero que se hace es dividirla. Así como una sociedad polarizada en extremos, estigmatizada en visiones diferentes, el resultado seguro es la desaparición de esa sociedad. 

Debemos dar cabida a la filosofía de la tecnología, porque la tecnología es creación humana y dotar a los estudiantes de herramientas más amplias para que aprendan a incluir conocimientos de ambos hemisferios, respetando, obvio, sus tendencias naturales, pero sin eliminar su otro hemisferio.

Una de las mayores ironías del enfurecido debate sobre la predominancia de la enseñanza de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas es que muchos de los expertos en tecnología de Silicon Valley están enviando a sus hijos a escuelas “blandas”, es decir, escuelas que enfatizan precisamente en las habilidades blandas que una educación universitaria de humanidades busca fomentar, como la curiosidad intelectual y la confianza, la creatividad, la fuerte comunicación interpersonal, la empatía y el amor por el aprendizaje y la solución de problemas, es la mención que hace Harley en su libro Menos Tech y más Platón[2] en un amplio texto donde argumenta por qué la tecnología necesita a las humanidades.

Silicon Valley, California es el área de las empresas dedicadas al desarrollo de tecnologías digitales. Es la meca o polo “techie” del desarrollo y avances tecnológicos, donde las empresas gigantes como Google tienen sus instalaciones de estudio, experimentación de donde salen las innovaciones y los científicos de la tecnología digital viven en esa zona equipada con escuelas y puntos de recreación para sus hijos, salvo la condición que vivan alejados de la tecnología digital y sean educados en el sistema “ortodoxo” o antiguo. ¿Por qué será?   

Ni somos ángeles ni somos máquinas. Ni podemos estar como el agua y el aceite en nuestros desarrollos profesionales. Cada uno tiene facultades o preferencias por el desarrollo de uno de los hemisferios. No somos ángeles como seres espirituales o etéreos ubicados sólo en el mundo subjetivo ni máquinas frías en el campo calculador. Tenemos alma y emociones, razón y conocimiento, ideas y sentimientos.

Debemos poner alas a las máquinas y ruedas a los ángeles. Aprender a convivir con nosotros, a crear un ambiente de cohabitación entre nuestros dos hemisferios porque los dos son parte del cerebro. Dejemos que cada uno se desarrolle, sigamos nuestras tendencias, pero no nos divorciemos del hemisferio que no nos caracteriza.

Al tomar una decisión por una actividad, hobbie, estudio o actividad, tratemos de incorporar la otra parte para echar a funcionar todo el organismo.

Debemos humanizar la tecnología e introducir la tecnología en las humanidades.

Ni ángeles ni máquinas, sólo humanos.

[1]https://www.ejemplos.co/10-ejemplos-de-ciencias-duras-y-ciencias-blandas/#ixzz803LZDFBW

[2]HARLEY, S (2020) Menos Tech y más Platón, ed. Almuzara, España