16 octubre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

OEA, USA Y neoliberalismo

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Isaías Orozco Gómez.

Al estarse realizando la Sexta Cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) el sábado 18 de septiembre de 2021  en la Ciudad de México, resulta difícil soslayar esa sociedad polarizada –en ocasiones, extremadamente polarizada– en que nos desenvolvemos los seres humanos que  habitamos el Globo Terráqueo.

Madre Tierra, en donde las mayorías son excluidas del acceso a bienes, servicios y al mercado; realidad que marca un límite material al crecimiento económico, que se vuelve más rígido aún, si ese hacer a un lado se multiplica –tal como está sucediendo– a nivel mundial, dentro del cual la brecha entre países desarrollados, y en constante crecimiento y desarrollo, y los que no lo son ni avanzan en esa dirección (o, en el mejor de los casos, lo hacen muy lentamente) se ensancha cada vez más.

En carne propia, los trabajadores –hombres y mujeres– urbanos y rurales del mundo entero, día tras día constatan que las sociedades de hoy son brutalmente desiguales, inequitativas a escala nacional y mundial, quizá más desiguales socialmente que nunca antes en la historia de la humanidad. Paradójica y precisamente cuanto mayor es el grado de desarrollo alcanzado por esta.

De ahí entonces, que durante la segunda mitad del S. XX, hasta el presente, los pueblos de Latinoamérica y el Caribe, conjuntamente con algunos de sus gobernantes auténticamente patriotas, nacionalistas, democráticos y progresistas, hayan visto o coincidido en la necesidad de agruparse en un organismo  internacional que velara y luchara por el engrandecimiento de sus Estados-Nación. Confiando un tanto, en la Organización de Estados Americanos (OEA), como la entidad garante de tales aspiraciones.

Lamentablemente, la realidad ha demostrado que la OEA, desde sus orígenes, iba a estar al servicio del imperio capitalista. Y no podía ser de otra manera, ya que tuvo su génesis  en la Conferencia Internacional Americana, realizada en Washington, D.C., el 14 de abril de 1890, creándose la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas. Empero, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, durante la Conferencia de Estados Americanos, celebrada en Bogotá en marzo-abril de 1948, con el fin de promover el bienestar común de los países del Continente Americano, mediante la “solución pacífica” de las controversias y el desarrollo económico, se funda la OEA.

Mediante el Protocolo de Buenos Aires, Argentina, que entró en vigor en 1970, se confirma su constitución, integrada por 32 Estados miembros. Siendo su sede, la misma con que inició en 1890: Washington, D.C. Por lo que se le considera el “Ministerio de Colonización al servicio del Pentágono” (USA).

Pronto se evidenció, que la OEA estaba más al servicio de los intereses del capital imperialista neoliberal-globalizador; por lo que para la segunda década del presente siglo, en Latinoamérica y el Caribe se vio la conveniencia y necesidad de constituir otro organismo internacional-regional que contrarrestara  el negativo y entreguista manejo de la precitada y cuestionada entidad geopolítica, siendo esta: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Pero antes de la CELAC, se llevó a cabo la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina, conocida como la Primera Conferencia Tricontinental  de la Habana  (llamada comúnmente: LA TRICONTINENTAL); que se caracterizó por ser un encuentro político internacional, realizado entre el 3 y el 15 de enero de 1966 en la Habana, Cuba, en el cual participaron más de 500 delegados  procedentes de 82 naciones de África, Asia y América Latina, lográndose el COMPROMISO central de integrar una alianza CONTRA EL COLONIALISMO Y EL IMPERIALISMO MILITAR Y ECONÓMICO. Dando cumplimiento, además, a otros preponderantes objetivos, acordes con los que acaban de plantearse en la reciente celebración de la Sexta Cumbre de la CELAC.

No obstante, La Tricontinental quedó como mera utopía, ya que hechos como la persecución y desaparición de líderes de izquierda en Latinoamérica y el Caribe, así como   la caída del “Muro de Berlín” en 1989 y la disolución de la Unión Soviética en 1991, trabaron su desarrollo y consolidación.

En ese marco histórico, en la ciudad de Oaxaca, 23 partidos políticos de 15 países de Latinoamérica y del Caribe, se reunieron los días 10, 11 y 12 de octubre de 1979 en una asamblea convocada por el PRI (siendo su presidente Gustavo Carvajal Moreno) consensándose  como preeminente pacto: LATINOAMÉRICA PARA LOS LATINOAMERICANOS.

Por supuesto que el NEOLIBERALISMO no va a soltar a la OEA,  el BID y… Y obviamente, se opondrá a la CELAC, pues esta representa la argamasa de la unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños, su manifiesto cuestionamiento a la añeja política de la DOCTRINA MONROE (“América para los americanos”)  estadounidense, que por sí o a través de la OEA, ha tratado y tratará de manipular a los gobiernos para impedir la unidad y la lucha por la equidad, las mejores condiciones de vida y la soberana toma de decisiones de cada pueblo y nación.

El neoliberalismo, sin reparar en la libertad y la dignidad de los pueblos que producen todo y no tienen nada, se ufanan de sus grandes valores: la libre empresa (transnacionales, monopolios y oligopolios), libre circulación (mercado libre), y libre competencia (contra las otras empresas hasta hacerlas quebrar).

En el neoliberalismo se produce para consumir, no para crear; se forma para competir, no para compartir; se trabaja para circular el mercado, no para realizarse humanamente; se está sometido al crédito, al ENDEUDAMIENTO para “vivir mejor”. Y, preponderantemente: PARA CONSUMIR. 

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