28 noviembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Oración cívica

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Francisco Flores Legarda.

No hay ni una sola historia de amor real que tenga un final feliz.

Si es amor, no tendrá final.

Y si lo tiene, no será feliz.”

Jorodowsky

Todos los pasos que da el presidente López Obrador están en una misma ruta: desmontar el régimen depredador de los recursos públicos y empobrecedor de millones de mexicanos, el neoliberalismo. Por doquier encuentra abusos, más de los que imaginó. Ahora abrió debate al criticar el silencio de la UNAM frente a la embestida de las reformas estructurales hechas por los gobiernos anteriores y le ha llamado derechización a la posición de sucesivas autoridades universitarias. Los que saben a qué se refiere disimulan acusando recibo de un ataque. Los que ignoran el tema por cuestión generacional tendrían que documentarse. La derecha siente en sus manos una bandera cuando durante mucho tiempo ha sido la detractora de la educación laica y gratuita. Los progres dicen que la UNAM es requeteplural. Para mi la UNAM, salvo excepciones, siempre ha estado en manos de la derecha. La verdad, sólo hubo un veranillo izquierdista o una época, de 1968 a 1986.

Para sostener lo escrito ofrezco un contexto histórico documental que no quede desapercibido dentro del debate.

Una vez que el movimiento estudiantil de 1968 fue golpeado y se le exigía la devolución de instalaciones de la educación media y superior involucrada, la retirada adquirió la forma de un manifiesto a la nación difundido los primeros días de diciembre, teniendo el aval del Consejo Nacional de Huelga y como responsables de su divulgación a Gerardo Estrada y Roberto Escudero. Es un documento que funcionaría como oración cívica de la educación superior si se lo propusieran. Encontré una versión resumida del documento y extraigo lo siguiente:

“El Movimiento Estudiantil ha surgido como resultado de viejos problemas planteados a un régimen que los ignora, los niega o que pretendiendo resolverlos, sólo consigue agravarlos y ha evidenciado ante el mundo la situación de miseria y falta de libertades políticas en las que viven la mayoría de los mexicanos.

“El Movimiento es expresión de profundas desigualdades en la distribución del ingreso, consecuencia de la concentración en unas pocas manos de la riqueza generada por el pueblo; de la dependencia de la economía mexicana del imperialismo norteamericano; de una política que ampara los grandes capitales; de un gobierno que elude actuar en beneficio de las grandes mayorías de campesinos y obreros quienes aún no encuentran satisfechas sus necesidades vitales de alimentación, vestido y vivienda; de una política que se hace al margen de las mayorías populares, de sus aspiraciones, intereses y exigencias, que obstaculiza la participación política del pueblo.”

“El Movimiento ha sido resultado espontáneo de la indignación sentida por amplios sectores del pueblo de México ante la arbitrariedad y brutalidad policiacas al agredir a grupos estudiantiles que hacen uso de un derecho consagrado en la Constitución al manifestarse públicamente en protesta a anteriores agresiones ordenadas por funcionarios irresponsables, es expresión del descontento y la protesta latente del pueblo frente a la injusticia.”

“El Movimiento ha abierto en el país una etapa de discusión, de crítica y de reflexión política revelando las lacras del sistema, promoviendo que amplios sectores del pueblo tomaran conciencia de esos problemas y estuvieran dispuestos a luchar por su solución. Ha demostrado que en México es posible la movilización de grandes sectores del pueblo en manifestaciones y mítines, participación por convicción y no por presiones o recompensas.”

Lo que siguió en la educación superior, no de manera generalizada, fue la instalación de una corriente académica en ciertos ámbitos del campus: ciencias, ciencias políticas, economía, filosofía y humanidades. Toda la década de los setenta hasta mediados de la siguiente década campeó el materialismo histórico en todas sus presentaciones. Leninistas, estalinistas, trotskistas, maoístas, estructuralistas, gramscianos, teoría crítica, bueno, hasta hubo marxismo guadalupano.

La ola de la izquierda no paró hasta darle forma al sindicalismo universitario. La derecha se escandalizó y comenzó la andanada de desprestigio en contra de la UNAM. Empresarios reaccionarios y sus medios afines no se cansaban de golpear a la UNAM. Uno llegó a declarar que las universidades públicas eran “lúmpenes de degradación”, como la ven.

Llegó el día en el que la derecha tuvo un rector providencial, Jorge Carpizo. En abril de 1986, él hizo su manifiesto tecnocrático intitulado Fortalezas y debilidades, donde hacia suyas las críticas de la derecha. He aquí algunas perlas de ese documento.

“Por una parte, la Universidad en conjunto cumple sus funciones con eficacia y con claridad; por otra, hay rezagos graves que se traducen en el hecho de que no todos nuestros profesionistas y técnicos egresa suficientemente preparados.”

“La Universidad se viene transformando continuamente para dar respuesta a necesidades del país. En la década de los setenta, su población estudiantil creció mucho porque en ese momento así lo requirió México. Es una Institución estrechamente ligada a la vida del país y trata de ser cada día más propositiva, más participativa, protagonista y anticipante de los cambios que están por venir.”

“La Universidad ha diseñado muchos de sus planes de estudio en forma tradicional, orientándolos a la formación de profesionistas cuyo enfoque de los problemas que plantea la realidad es fragmentario y está desvinculado de otras carreras y especialidades. Algunos alumnos reciben patentes profesionales, sin que se plantee abierta y racionalmente si tienen una función que cumplir en la realidad nacional, o si van a estar en condiciones de ocupar un lugar productivo en la fuerza de trabajo. Pareciera en estos casos que la Universidad se conforma con identificar a sus egresados con marbetes profesionales, sin preguntarse por la índole de los profesionistas que requiere la sociedad.”

Desde la máxima autoridad universitaria la derecha vio reconocida su prédica. Vendría la revancha para imponer la universidad meritocrática*, falazmente proclamada sin atisbo ideológico y cien por cien plural. Apoyado en ese documento Carpizo propuso el cobro de cuotas. Ya sabemos lo que sucedió: una huelga estudiantil echó abajo la propuesta. Eso no detuvo la derechización, empezando por neutralizar a los sindicatos. Enseguida desde el Estado se promovió la separación entre académicos y trabajadores de servicios. Al mismo tiempo se procuró la división entre los académicos con el sistema de estímulos institucionales, para segregar a los malos de los buenos. Lo cual no los hizo más buenos, ni más malos precisamente. Se instaló la simulación del puntismo.

Además, las profesiones netamente académicas que difícilmente atiende el mercado fueron beneficiadas por una suerte creíble a las llamadas profesiones liberales. Transferencias del erario, programas universitarios, consultorías, asesorías y, no podían faltar, puestos públicos cebados en los órganos autónomos.

Así se diluyó a la izquierda del campus universitario.

1968-2018, y la izquierda dejó de ser sólo estudiantil para convertirse en un movimiento nacional. Cincuenta años transcurrieron.

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*La universidad meritocrática no fue un inventó de Carpizo, fue una extrapolación (una mala copia) de las afamadas universidades privadas de los Estados Unidos. Para tal reflexión ver el libro del profesor de Harvard, Michael J. Sandel, La tiranía del mérito ¿Qué ha sido del bien común?

Salud y larga vida

Profesor por Oposion de la Facultad de Derecho de la UACH.

@Profesor_F

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