13 junio, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Partidos: No nos merecen

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Opinión.

A tres semanas de la elección, más allá de quienes participan directamente en las campañas electorales, lo cierto es que la mayoría de los electores enfrentan una situación de clara incertidumbre acerca de lo que está en juego en ellas.

Una certeza sí la tienen: La de que la clase política, como en cada elección, busca ansiosamente acceder al poder, o mantenerse en él. Lo novedoso de esta ocasión (además de, por supuesto, lo que ocurre en cada caso y cada elección) es que ahora está involucrada una fuerza que insiste en estar llevando al cabo una nueva transformación.

Lo hace en medio de la aguda crisis de los partidos del viejo régimen que hasta unos semanas atrás parecieran encaminarse a otra muy segura derrota, cosa que ha cambiado sustancialmente pues ahora existe la posibilidad de que Morena y sus aliados ni siquiera obtengan la mayoría en la Cámara de Diputados, muchos menos pensar en la mayoría calificada (334 diputados federales), requisito indispensable para impulsar cambios constitucionales.

A su vez, los adversarios del bloque gubernamental han reaccionado con una fiereza y una visceralidad no observada previamente.

Ambos bloques electorales recurren al extremismo, al alarmismo, incluso, en el caso de la oposición, hasta el grado de alertar que, de no impedir el triunfo de la 4T, México pudiera desbarrancarse hasta convertirse en una nueva “Venezuela”; y que ahora sus dos principales partidos -PRI y PAN- parecieran llegar a la última fase de su largo mimetismo, desparecidas las fronteras ideológicas que llegaron a poseer en el pasado. Sus militantes pasan de una trinchera a otra sin dificultades.

Lo peor es que en muchos asuntos no les falta razón, no en el sentido de “venezolarnos”, sino en la muy evidente tendencia presidencial de acaparar el poder y de instaurar la desaparición de la división de poderes.

Postura que ha calado tan profundamente que el líder de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, ha declarado que “… hay una rebelión de órganos constitucionales contra AMLO”.

Con ello develó el verdadero sentido político que los agobia y con el que actúan, dejando de lado lo que debiera ser enseñanza de la 4T al país: La de la plena independencia de los poderes y la de la no subordinación ante el presidente de los actores políticos.

¡Quien lo dijera, que una vez caído el viejo régimen, fueran los autores de esa caída los encargados de restaurarla -o por lo menos intentarlo- pero ahora ni siquiera con los contrapesos que los mismos integrantes de aquel régimen imponían!

Citemos solo uno de ellos, el de la no reelección del presidente. Ni siquiera estaba en el aire y a nadie se le ocurría bromear con asunto tan trascendental para el país, sí, para su pasado, pero también, y sobre todo, para su futuro.

De ahí la trascendencia de la frase usada por Monreal, ahora que hace una gira nacional para presentar un libro, como pretexto para placearse con rumbo al 2024.

Dice que hay una “rebelión” en contra del presidente.

¿Porqué es tan difícil para los de la 4T aceptar que no se le debe sumisión al presidente, ni siquiera de parte de ellos, que lo verdaderamente necesario es impulsar la plena adquisición de la conciencia de ser ciudadanos, no súbditos del mandatario en curso?

Pero esa subordinación ante el presidente, rasgo fundamental del viejo régimen, lo hicieron -algunos de la 4T, que ahora ya son muchos, convertidos en candidatos, en operadores o en parte de los equipos de esos candidatos- con los presidentes emanados del PRI, tanto, que llegaron a catalogarlos como una “institución”, a la que ahora se exige no se le “rebelen”, o que  le mantengan una “ciega” lealtad, o que no le cambien ni una coma a sus propuestas de ley, indicación que ahora sabemos pretende que todos acaten sin chistar, incluidos los organismos constitucionales autónomos a los que ahora los seguidores de Morena y de AMLO catalogan como parte del “complot” orquestado en su contra.

Lo paradójico del caso es que ahora, ese presidencialismo “restaurado”, se pretende instaurarlo en la persona de López Obrador, argumentando que es “para consolidar la transformación del país, construir instituciones que le sirvan a México y cambiar aquellas que sólo sirvieron para el saqueo y el enriquecimiento ilegal”.

Tales declaraciones las hace quien fue el responsable de encabezar la rampante violación al marco constitucional, al aprobar en el Senado la “ampliación” del mandato del presidente de la Corte y de los miembros del Consejo de la Judicatura Federal, para propiciar una más que grosera, arbitraria, antidemocrática y burda intromisión del titular del Poder Ejecutivo en el Poder Judicial de la Federación.

¿Cómo creerles?

¿Y a los de enfrente? Menos.

¿Cómo creerles que la aguda crisis que sufrimos es de la absoluta y exclusiva responsabilidad de la 4T? ¿Acaso no padecemos una crisis del sistema de salud y del de seguridad social, de varias décadas de construcción? ¿Ahora resulta que el Seguro Popular era la maravilla sanitaria que nos envidiarían en el mundo?

¿O que el grave deterioro de todas las corporaciones policíacas -y en buena medida de las fuerzas armadas- tiene una muy corta data, en lugar de ubicarla en los enormes desaciertos y corruptelas del pasado?

¿O, igualmente, en el Poder Judicial, en los dos niveles de gobierno?

A su vez, la estructura económica y la política económica aplicada en el pasado, -hoy continuada en sus partes esenciales y no sólo en el período neoliberal, como tanto insiste López Obrador, quien pretende deslindar al pasado anterior a 1982, en el que sumieron al país en la vorágine de las deudas impagables- bases casi ineludibles desde la cuales se ha forjado al país maquilador, dependiente y pobre que somos, más allá de los privilegios que disfruta una minoría de la población, y no nos referimos al sector más rico de la población, sino a las capas medias cuya depauperación ha sido constante en las últimas tres décadas.

Y eso sin contar con la sangría constante del valor adquisitivo de los salarios.

Bueno, de todo han sido responsables los que se alzan frente a la 4T, la que ahora pareciera sufrir el síndrome del caballo de Troya y que se ha lanzado en contra de las figuras jurídicas que los sectores democráticos y de izquierda lograron arrancarle al viejo régimen, sólo porque las decisiones no le  favorecen a los de Morena y que, por la información a la mano, parecieran ser apegadas al marco legal vigente.

Y es que sacar al gobierno de las elecciones; establecer la transparencia y el derecho a la información; legislar sobre los derechos humanos, crear organismos y tribunales electorales solventes para conducir las elecciones; crear organismos desde los cuales se pretendía vigilar la actuación gubernamental para impedir más abusos y corruptelas; proponer que las fiscalías fueran autónomas (que no dependieran más de los gobernadores o del presidente); que la Auditoría Superior de la Federación también lo fuera, etc., fueron conquistas de la sociedad mexicana, no de los partidos del antiguo régimen, los que ahora pretenden erigirse en autores y defensores de ellos (cosa ésta última que se les agradece) pero que en su pasado está, imposible de que lo eludan o lo nieguen, el hecho de que por todos lados y en todos los casos intentaron (y lograron en muchos) apropiarse de ellos, nulificarlos y desprestigiarlos.

Ahora resulta, en el lenguaje de los adversarios de la 4T (insistimos, muchos de los cuales están también adentro, por lo menos 6 de sus candidatas a gobernadores de ahí provienen muy recientemente) que las estancias infantiles eran las non plus ultra (lo que no le daba pie a AMLO para que las desapareciera, lo que debió hacer era orearlas y mejorarlas); o que el Seguro Popular era la quinta maravilla sanitaria; o que la creación de las Afores fue una conquista de los trabajadores.

¿Cómo no recordar el inmenso despilfarro petrolero del foxismo? ¿O el salvaje crecimiento de funcionarios federales superiores, con salarios de magnates con Fox? ¿O la sangría homicida de Calderón?; ¿O el corruptalato que fue el gobierno de Peña?

No, nada de eso empezó con el tabasqueño, pero lo cierto es éste que poco ha hecho para cambiar en sentido progresista tal estado de cosas y menos con la pandemia encima, la que manejó de pésima manera.

De ahí el rescate de expresiones como la del ex presidente consejero del IFE, José Woldenberg: “… nunca, nunca había visto una arremetida tan fuerte (en contra del INE) desde la Presidencia de la República. Y el problema es que es una arremetida sin argumentos, con descalificaciones ad hóminem, como si la Constitución y la ley no existieran. Eso es lo que más me preocupa… El Presidente al parecer no está acostumbrado a la argumentación, a lo que está acostumbrado es a descalificar”. (Nota de Guadalupe Irízar, Reforma, 30 marzo 2021).

Lo dicho, no nos merecen.

asertodechihuahua@yahoo.com.mx

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