Perfil humano.
En el año pasado Pemex obtuvo ingresos por un billón de pesos, pero el gobierno federal tendrá que pagar los costos de su deuda por unos 10 mil millones de dólares.
El presidente López Obrador declaró que en el presupuesto de este año estaba contemplada la erogación para amortizar la deuda de la empresa estatal.
El endeudamiento de Pemex es de unos 105 mil millones de dólares y continúa siendo un pesado lastre no solo para su economía sino también para la del país.
Creada después de la nacionalización del petróleo en 1938, Pemex nació como una empresa del estado para explotar los hidrocarburos y por ende impulsar el desarrollo de México.
Los buenos deseos del presidente Lázaro Cárdenas no se cumplieron pues la paraestatal tuvo que ser subsidiada por el gobierno debido al mal manejo administrativo y la corrupción tanto de funcionarios como de sus trabajadores sindicalizados.
Sexenio tras sexenio Pemex operó con números rojos debido en buena parte a que la administración en turno utilizaba sus ingresos para financiar sus gastos sin invertir lo necesario para que mejorara la situación financiera de la empresa.
El boom petrolero en el gobierno de López Portillo no fue aprovechado para fortalecer a la economía pues se destinaron los cuantiosos recursos obtenidos al derroche y la corrupción.
En esa etapa fue descubierto el pozo petrolero de Cantarell, lo que impulsó a México como una potencia petrolera.
El auge de ingresos extranjeros fue aprovechado para incrementar significativamente la deuda externa al grado de que López Portillo casi cuadriplicó la que había recibido de Echeverría.
El chivo expiatorio del desastre que se ocasionó con la caída de los precios del petróleo fue el director de Pemex, Díaz Serrano.
Las corruptelas y saqueo de los fondos obtenidos por el petróleo fueron avalados por el sindicato de la paraestatal entonces dirigido por la Quina Hernández.
El despertar del sueño de la bonanza prometida por López Portillo fue un sexenio posterior de severa austeridad y nulo crecimiento.
La política económica cambió a una neoliberal con la negociación del tratado de libre comercio con Salinas de Gortari, el cual entre sus reformas no se atrevió a tocar a Pemex.
Tampoco lo hizo Zedillo ni los panistas Fox y Calderón, pero sí trató de abrirlo a la inversión privada Peña Nieto.
En el periodo del citado mandatario se impulsó la perforación por parte de particulares sobre todo después de que dejara de producir Cantarell, considerado como la “gallina de los huevos de oro”.
La política petrolera dio un giro significativo con López Obrador, quien ha intentado que Pemex vuelva a su naturaleza de los años sesenta, esto es, que esté enfocado a lograr una producción que sea auto satisfactoria.
Por ello emprendió la construcción de una refinería en Dos Bocas, la que según sus críticos será trece veces más cara que la adquirida en los Estados Unidos.
El actual presidente además inició una cruzada en contra de la extracción ilegal de combustible de los oleoductos, misma que al parecer ha tenido escasos resultados.
La condición de quiebra de Pemex obliga a reflexionar si no hubiera sido mejor otra estrategia para lograr que fuera tan exitosa como la empresa petrolera nacional de Noruega, la que ha aportado a este país un fondo multimillonario en divisas.
Pemex en cambio sigue siendo un pozo sin fondo que continúa absorbiendo los ingresos de los mexicanos por lo que requiere de una reforma a fondo más que del tradicional financiamiento del gobierno mexicano.
