18 mayo, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Por siempre maestr@s

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José Luis Fernández.

Épocas difíciles encuentra el magisterio en general, sin embargo, que nadie ni nada detenga su pasión por la profesión.

Aún con la discriminatoria y opaca ley del USICAMM, con las vejaciones y humillaciones a los pensionados y jubilados, con la indiferencia y malos tratos a los de nuevo ingreso, con las carencias y pésimo servicio del Pensiones Civiles del Estado y del ISSSTE, con la tristemente célebre pandemia, con los absurdos e injustos comentarios de algunos padres de familia, con la falta de pagos en tiempo y forma…los y las docentes siguen de pie.

¿Quién puede resistirse a la dulce y tierna sonrisa de unos niños extasiados por la presencia de su maestra?

¿Quién quisiera cambiar el gozo y alegría demostrado por los alumnos cuando llega por ellos su profesor de educación física?

¿Cuántos cambiarían el inocente regalo de una paleta chupada?

¿Qué docente se perdería la honrosa oportunidad de consolar el dolor por la caída o el golpe de alguno de sus alumnitos?

¿Cómo no emocionarse con los relatos y anécdotas vividas por quienes hoy gozan de su merecido retiro de las lides magisteriales?

¿Qué maestra no se emociona cuando le entregan cartitas garabateadas y llenas de dulce diciendo que son las mejores?

¿Cuál regalo puede ser más natural y espontaneo que un saludo con las manos llenas de pegamento, lodo o restos de comida que da un niño o una niña?

¿Cómo dejar de emocionarse cuando los niños empiezan a leer y escribir?

Ante las adversidades, solo los maestros son capaces de valorar su trabajo, trabajo que aman y desarrollan a pesar de tantas dificultades y barreras; finalmente su mejor y mayor motor es el cariño y respeto de sus alumnos y exalumnos.

Nadie tiene la enorme dicha que tienen los y las docentes. Siempre envidiables, siempre humanos, siempre maestr@s.

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