lunes, febrero 26, 2024

Benito Abraham Orozco, Opinión

Que la militancia ocupe los primeros lugares de las listas plurinominales

Benito Abraham Orozco Andrade.- Ante la falta de inclusión de determinados grupos sociales, en las últimas décadas se han venido llevando a cabo las llamadas acciones afirmativas, que son medidas de carácter temporal para compensar esa discriminación y desigualdad histórica. No obstante, dichas medidas vienen a ocasionar lo que se denomina “discriminación positiva”, al excluir incluyendo, valga la expresión.

En tal virtud, lo ideal sería la implementación en los diferentes ámbitos y tipo de participación, de mecanismos que otorguen una igualdad de condiciones y de oportunidades infalibles, no sólo para los citados grupos, sino para la sociedad en general, pero definitivamente aún no se tiene la voluntad ni la honestidad para ello.

En distintas instancias oficiales se han venido aplicando tales medidas, que indudablemente son necesarias y que han tenido ciertos resultados satisfactorios, pero todavía quedan grandes pendientes por resolver.

Respecto de los procesos electorales, específicamente en cuanto a las candidaturas a diversos cargos de elección popular, ya sea por disposición legal y/o por el ejercicio de las atribuciones que competen a las autoridades electorales, se han establecido dichas acciones afirmativas en favor de las mujeres, personas indígenas, afromexicanas, con alguna discapacidad, migrantes, de la diversidad sexual, en situación de pobreza, etc.

Sin embargo, hablando de discriminados o no incluidos, la lista puede ser interminable, y así tendríamos que considerar a amas de casa, feligreses de denominaciones religiosas minoritarias, adultos mayores, entre otros. Pero quienes también han sufrido ese desdén, y que generalmente se encuentran inmersos en las actividades electorales de los partidos políticos, son los militantes que ponen su mejor esfuerzo y su pasión por los colores partidistas en las campañas electorales, que traen tatuada la camiseta, y quienes sólo ven pasar a los que se favorecen con las candidaturas y los cargos directivos en el instituto político, así como con los trabajos en la administración pública cuando hay oportunidades.

Recorren colonia tras colonia, visitando hogares, repartiendo y colocando propaganda, poniendo y quitando templetes, desvelándose, soportando el frio o el calor mientras realizan trabajo de campo, etc.; y su recompensa, que en algunos partidos y elecciones pudiera ser económica, en otras ocasiones a lo mucho llega al reconocimiento y agradecimiento por parte de los postulados y de los dirigentes, aunque entre estos existe cada pedante, que no hay que dudar que los militantes hasta desprecios reciben.

Lo que si hay que tener claro, es que los partidos políticos, fuera de sus castas, de lo que han dado muestra es que primero le van a dar oportunidad a los arribistas y veletas provenientes de otras organizaciones, con la expectativa de que les pudieran aportar votos, aún y cuando no hayan movido un solo dedo ni haya habido una coincidencia ideológica, que a su militancia.

Se pudiera argumentar, que esas personas que trabajan arduamente y desde hace años en los partidos, no cuentan con la preparación adecuada para desempeñar un cargo de elección popular —como si quienes los han venido ostentando si la tuvieran—, pero eso no debiera ser impedimento, pues para eso están las escuelas de cuadros, dónde pudieran formarse multidisciplinariamente para el propósito referido y otros más.

Entonces, en esa necesidad de ver por quienes han sido históricamente excluidos, que es el caso que nos ocupa, independientemente de los argumentos derecho humanistas para desestimar lo que se comenta, lo correcto sería asegurarle a la militancia de los partidos que ha demostrado arduo trabajo en favor de los mismos, por una determinada antigüedad, que ocupe los primeros lugares en las listas de representación proporcional de las diferentes elecciones a que haya lugar (senadurías, diputaciones locales y federales, regidurías).

Pero tendrían que implementarse esos mecanismos que garanticen la igualdad de condiciones y de oportunidades, que no admitan sesgo o preferencia alguna, que privilegien el mérito preeminentemente, además del perfil correspondiente para desempeñar el cargo de elección popular de que se trate.

Al igual que los otros casos, no cabría la desestimación de lo que se esta proponiendo, señalando que se estaría interfiriendo en la vida interna de los partidos, pues como se ha hecho con los otros grupos discriminados, igual se puede hacer con la noble y soslayada militancia.

Si existiera la voluntad de hacer justicia, las dirigencias partidistas no esperarían a que alguna ley o autoridad se los ordenara, y en las próximas semanas, ya estarían trabajando en elaborar e implementar la normatividad correspondiente, para que en las elecciones del próximo año, dieran una grata sorpresa a su militancia.

¡Se vale soñar!