25 enero, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

¡Quien no dé el ancho, que se vaya!

5 min read
Opinión.

En este año 2022 que se inicia, cívico-políticamente, no deja de tener suma importancia las elecciones locales que tendrán lugar el domingo 5 de junio en Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas. Pero de acuerdo con la opinión de  analistas políticos, personas interesadas en la cosa pública y de la ciudadanía en general, será de mayor trascendencia la votación que se llevará a cabo para la REVOCACIÓN O NO REVOCACIÓN DE MANDATO, el domingo 10 de abril del año en curso.

            El principio, figura o instrumento de la revocación de mandato, seguramente con otros términos,  no es de ahora, es una exigencia más implícita (por razones que aún persisten) que explícita, como una muestra práctica, fehaciente de la auténtica y muy necesaria DEMOCRACIA PARTICIPATIVA, de la ciudadanía, del pueblo, de la sociedad toda, en sus relaciones cotidianas del espacio público.

En términos generales y concretamente: la REVOCACIÓN DE MANDATO es el medio por el cual los ciudadanos ejercen su soberanía para revocar o retirar de un cargo de elección popular, al candidato que resultara electo en la última elección en su distrito o circunscripción electoral, ya sea del poder ejecutivo o poder legislativo.

            En tanto que en la Ley Federal de Revocación de Mandato, reglamentaria de la fracción IX del artículo 35 de la CPEUM, publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 14 de septiembre del 2021, se establece lo siguiente, en su Artículo 5. El proceso de revocación de mandato es el instrumento de participación solicitado por la ciudadanía para determinar la CONCLUSIÓN ANTICIPADA en el desempeño del cargo de la persona titular de la Presidencia de la República, a partir de la PÉRDIDA DE CONFIANZA. (Mayúsculas mías).

            Ahora bien. Pensando y deseando que tan impostergable REVOCASIÓN DE MANDATO, sea asimismo de aplicación  para los tres niveles de gobierno, senadores, diputados federales y diputados locales, funcionarios de los órganos “autónomos” o “independientes” aun cuando no sean de elección popular; considerando además que así como se está avanzando en el combate al histórico y pernicioso cáncer de la CORRUPCIÓN y LA IMPUNIDAD, debe eliminarse al máximo: la soberbia, la arrogancia, el creerse intocables, los complejos de superioridad y de inferioridad, etcétera; de lo que han adolecido y adolecen la inmensa mayoría de los “servidores públicos”, retomo algunas líneas del proemio de mi libro “México: País de Simulaciones y Simuladores” (Editorial Hibri-Books, Chihuahua, 2014):

            El objetivo de este trabajo, no es criticar por criticar a los mexicanos y a sus gobernantes; mucho menos, conlleva intensiones insanas, que en nada estimulan el temple recio, aguantador, contemplativo y esperanzador que desde antes del descubrimiento y dominio español caracterizó a las etnias originarias de Mesoamérica y Aridoamérica.

            Creemos y estamos convencidos, que a todo mexicano le asiste el derecho y le está permitido analizar su interior, su CONCIENCIA, su alter ego y tomarse la facultad y libertad de escribir; y, si es posible, de publicar sus observaciones, sus vivencias y sus experiencias. Mayormente, si está convencido de que estas, desagradables o no, “pisen o no pisen callos”, serán de provecho para los demás, para la otredad.

            Obviamente, teniendo muy presente, que a través de la historia de la humanidad, los hombres y mujeres –especialmente, los que están al frente del poder público– poco o nada acostumbrados a la autocrítica y menos a la crítica o a una mera sugerencia u opinión sobre su actuar y sus actitudes, creen que todo lo que no es ELOGIO o ZALAMERÍA, va en contra de ellos, cuando muchas veces, elogiarlos o estimularles –de más su ego–, su ENGREIMIENTO; es la manera más segura de ir en contra de ellos, de hundirlos más en su narcisismo, egotismo y soberbia. De causarles más daño a ellos y a quienes están bajó su “autoridad” o bajo su “poder” ¿para poder?

            En ese contexto, cuánta razón le asistió al filósofo, crítico y ensayista mexicano, Samuel Ramos, cuando en 1934, dejó plasmada en una de sus obras, la siguiente afirmación: “[…] El lector debe advertir que la desvalorización del sujeto en contra suya es absoluta, cuando de hecho su inferioridad es  sólo relativa. Este sentimiento es el efecto de una inadaptación de sus verdaderos recursos a los fines que se propone realizar. El INSTINTO de PODER le empuja demasiado lejos, y le impide medir con exactitud sus fuerzas, provocando un desequilibrio entre lo que QUIERE y lo que PUEDE […] Pero, por desgracia, no todos los hombres que SOBREESTIMAN su PERSONALIDAD se hallan dispuestos a abandonar la idea halagadora que tienen sobre ella.

            “Existe un tipo psicológico de hombres, cuyo propósito fundamental en la vida es hacer prevalecer su YO. Se comprende que el instinto que predomina en tales sujetos es el INSTINTO de PODER […] A todo está dispuesto un hombre  y mujer así, menos a una cosa para ellos básica: a conceder que valen menos de lo que ellos piensan. Esta actitud mental es, justamente, el terreno más propicio al desarrollo del SENTIMIENTO de INFERIORIDAD. Pero, en tales casos, ¿cómo va a librase de ese complejo, si mantiene con absoluta firmeza su falsa SOBREESTIMACIÓN?”.

            En ese mismo orden de ideas, el florentino Nicolás Maquiavelo (1469-1527), en el capítulo veintitrés de su obra EL PRÍNCIPE,  sustentó: “No quiero dejar sin tratar un asunto importante, y es un error en que con facilidad caen los príncipes si no son muy prudentes o no saben elegir bien. Me refiero a los ADULADORES que abundan en todas las cortes. Porque los hombres se complacen tanto en lo que les es propio, y de tal modo se engañan, que difícilmente se defienden de aquella calamidad; y en caso de que quieran hacerlo, se exponen al peligro de hacerse despreciables. La razón de esto es que no hay otra manera de evitar la adulación que el hacer comprender a los hombres [y a las mujeres] que no te ofenden si te dicen la verdad”. (Ibídem, C. XXIII Cómo huir de los aduladores).

            Por esas y más razones, los individuos, los ciudadanos, el pueblo, imprevisiblemente pasa de la abulia, del “importamadrismo” al, ¡“ya me tienen hasta la madre”! De ahí, que si cayeron imperios, dinastías, monarquías; con mayor razón fueron tumbados: emperadores, reyes, dictadores, tiranos, y PÉSIMOS GOBERNANTES.

            La revocación de mandato, el quien no dé el ancho, que se vaya, no tiene reversa.

El Devenir. Derechos reservados 2021 | Newsphere by AF themes.