domingo, julio 21, 2024

Benito Abraham Orozco, Opinión

Quieren la razón, pero no la reconciliación

“Descanse en paz el entrañable amigo, tutor de la materia electoral y ejemplar ser humano, Lic. Saúl Óscar Osollo Muñoz. Un abrazo solidario y de consuelo para su apreciada hija y demás familiares”

            En días pasados compartí en redes un mensaje mediante el cual, fundamentalmente, se invita a la reconciliación de los mexicanos, recibiendo simpatías y apoyos con el mismo, pero también cuestionamientos y resistencia a aceptar la decisión de la mayoría en las urnas.

            El mensaje en cuestión contiene lo siguiente: “Si de verdad quieres la DEMOCRACIA, comienza por: –Ser consciente que en una democracia la mayoría decide; Aceptar que la mayoría ya eligió; Entender que, por sus motivos, lo hicieron mexicanos ejerciendo su derecho a votar (no estúpidos ni personas inferiores a ti); Aceptar que por 6 años gobernarán quienes ellos eligieron, con sus respectivas propuestas de gobierno; Mostrar humildad ante quienes no ganaron; Ser tolerante, no prestarte a provocaciones, y no propiciar más divisiones entre familiares y amigos. Por amor a México: urge la reconciliación”; concluyendo con la siguiente invitación:“Haz que este mensaje llegue a todos los mexicanos”.

            Creo que el texto no conlleva ofensa ni provocación alguna, como para recibir a cambio posturas a la defensiva. Hubo personas que no hicieron comentario alguno, y eso es mejor que querer seguir rebatiendo resultados electorales que prácticamente están más que firmes.

            Además, personajes de la propia oposición, como militantes, dirigentes partidistas y gobernantes, explicita o tácitamente ya han aceptado y/o felicitado el triunfo de Claudia Sheinbaum y demás candidatos de la coalición “Sigamos haciendo historia”, y algunos han realizado comentarios respecto de su derrota, como es el caso del militante y ex dirigente nacional del PAN, Damian Zepeda, quien al evidenciar que el fracaso ha sido tal, que Acción Nacional gobernará menos población que Movimiento Ciudadano (MC) y, según se prevé, el PVEM tendrá más diputados que ellos, ha advertido que “el PAN se reinventa o se muere como partido político competitivo”, señalando además que “la oposición tiene que preguntarse por qué 60 por ciento de los electores sufragaron por Morena y leer el mensaje que está dando la población. En particular, el PAN debe abrirse a la sociedad y recuperar su identidad, una vez que ha quedado demostrado que la alianza con el PRI y el PRD fue un fracaso absoluto” (Llaman en AN a revisión “profunda y autocrítica” de lo que pasó el domingo, La Jornada, nota de Georgina Saldierna y Andrea Becerril, 7 de junio de 2024).

            Pero esa parte de la sociedad que no se vio beneficiada con el triunfo en las urnas, insiste en que hubo fraude a pesar de que ya se efectuaron los cómputos y recuentos respectivos, y de que, como ya se refirió, hasta las dirigencias de la oposición han aceptado y hasta felicitado a la ganadora Claudia Sheinbaum. También se aferran a temas como el del comunismo, la dictadura, la reelección presidencial, la perdida de la propiedad privada, etc., cuando con el actual sexenio no se han asomado siquiera tales “monstruos”.

            Se dice que el dinero con que se sustentan los programas del bienestar es dinero de nosotros mismos y no de AMLO —eso es una verdad de Perogrullo—, aduciendo igualmente que los favorecidos de esos programas votaron por la Cuarta Transformación para continuar con esos beneficios “que no se merecen”. En lugar de lo anterior, deberían analizar y reflexionar el por qué casi 36 millones de mexicanos votaron distinto a los otros 16 millones, refrendando y dando continuidad a un movimiento con el que por seis años se han visto complacidos la gran mayoría de los mexicanos y que, hasta ahora y más que evidentemente, no ha destrozado al país. ¿Por qué en otras elecciones presidenciales no se dieron votaciones tan copiosas como la de este año? ¿Será porque están hartos de López Obrador y porque no quieren a Claudia Sheinbaum? ¿Acaso porque ambos les han fallado? Por supuesto que no.

            No cabe duda que desde los intereses y privilegios de cada quien, todos tendremos la razón en la divergencia (nuestra propia razón), pero aquí de lo que se trata es de entender algo tan sencillo: que en una democracia debe gobernar la preferencia electoral de la mayoría, la que va acompañada de una serie de propuestas que deberán implementar en su gestión. Hay que tener presente que esos 36 millones (59.76%) de mexicanos no votaron para que se haga lo que deseen los otros 16 millones (27.45%). Claro que no.

            Entonces, continuar con mensajes o posturas que abierta o soterradamente reprochan la decisión de la mayoría; que no admiten reconocer equivocación alguna de parte de quien los difunde; que de entrada no están dispuestos a un diálogo franco y objetivo; que consideran fuentes carentes de certeza y objetividad (como comunicadores y “analistas” poco a nada serios); que…; lo único que demuestran es intolerancia y un profundo coraje hacia su fracaso y hacia la decisión asumida por una rotunda mayoría. ESO NO ES DE DEMÓCRATAS. ¿Dónde quedaron esas marchas en defensa de la democracia y del INE?

            Si se quiere dejar establecido que todo lo que tenga relación o simpatía con AMLO, con la Cuarta Transformación y con Claudia Sheinbaum, implica ignorancia y estupidez, en tales condiciones: ¿cómo se explicaría que personajes talentosos, inteligentes, íntegros, analíticos, reflexivos, de una trayectoria pública intachable, como por ejemplo el ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente y la prestigiada escritora Elena Poniatowska, ganadora de un sinnúmero de premios internacionales, tengan una amplia simpatía, apoyo y/o participación hacia el movimiento transformador, hacía el presidente en turno y hacia la presidenta electa? Completamente absurdas tales aseveraciones.

Con pleno convencimiento, sigo sosteniendo: “Una sociedad que realmente aspire a ser democrática, debe anteponer, a cualquier interés, el corazón, la voluntad y la honorabilidad, para lograr una armonía que posibilite a toda persona alcanzar un estado de bienestar pleno; de lo contrario, corre el riesgo de ser sólo una sociedad individualista y confrontada” (del libro “La democracia que no quisimos: realidades que contradicen a la retórica”, Benito Abraham Orozco Andrade, diciembre de 2023).

Debemos tener conciencia que en los lugares donde nos desenvolvemos cotidianamente (familia, amigos, escuela, trabajo, grupo religioso, club social o deportivo, etc.), aunque no lo queramos creer y aceptar, existen muchas personas que piensan distinto a nosotros, y el insistir con ofensas, reproches o simples insinuaciones, no cambiarán los resultados de una elección ni a quienes deberán gobernar; pero lo que sí pueden cambiar, son esas valiosas relaciones con gente que apreciamos.

En cada quien está el decidir qué camino seguir: CONFLICTO o RECONCILIACIÓN.