21 octubre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Recordando a Francisco Villa, un ser increíble, en su aniversario luctuoso

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Mario Alfredo González Rojas.

Mañana 20 de julio es aniversario de la muerte de Pancho Villa, el que fuera asesinado en 1923 por unos enviados, dicen que de Álvaro Obregón, que de Plutarco Elías Calles. Los que le dispararon – cuentan – fueron Melitón Lozoya, Jesús Solís Barraza, José Barraza, Juan López Sáenz Pardo.

Yo conocí a don Camerino Rodríguez en Hidalgo del Parral, fue mi vecino, y la hacía de veterinario práctico. Me contó que la mañana del 20 de julio, caminaba por la calle Juárez y que se encontró a Francisco Villa, el que le dijo: “oye Camerino, sabes que acabo de comprar unos caballos que disque son de buena raza y tú, como sabes de caballos quiero que en una oportunidad me los revises, a ver si no me engañaron”.  Cuán grande fue su sorpresa al escuchar una balacera, cerca de donde se encontraba. Recibieron a Villa a balazos, junto con Miguel Trillo, su secretario, por la calle Juárez y otros, al ir bajando hacia la calle Gabino Barreda.

Me dijo don Camerino, que Villa venía de la casa de su señora llamada Manuela Casas, quien vivía por la avenida Zaragoza, enseguida de los Abarrotes Tarín (estoy hablando del año 1980). Con ella se casó Villa en Parral y tuvieron un hijo, La única mujer con quien se unió en matrimonio por lo civil y religioso fue Luz Corral; tuvieron un hijo, el cual murió a los dos años.

Así como don Camerino, quien por cierto me llegó a prestar las memorias que escribió con tinta roja sobre sus andanzas al lado de Villa, había mucha gente en Hidalgo del Parral, que tenía sus recuerdos del general. Las memorias, me encargó el veterinario práctico que las viera y las revisara en cuanto a ortografía, sintaxis, etc. Después de una semana se las regresé con las anotaciones correspondientes. Por cierto me llamó la atención, lo que contaba sobre el consumo que hacían los del grupo antes de entrar a combate. Según esto, revolvían pólvora con tequila y a darle, sin miedo a la muerte. Solamente así, se puede enfrentar la muerte de frente, sin darle vueltecitas…

Me tocó la oportunidad unas tres veces de decir, en ocasión de su muerte y nacimiento, el discurso oficial en la tumba de Villa, por cierto ya abandonada porque se habían llevado su cadáver al Monumento a la Revolución, el 17 de noviembre de 1976. Algunos dicen que realmente no era su cadáver, sino el de una viejita. 

La canción “La tumba abandonada”, es como un himno para los parralenses, los que no dejan de hacer recuerdos de las hazañas militares de este personaje, que llegaron a darle el título honorífico y real, del “principal brazo armado de la Revolución”. ¿Cómo fue posible que llegara tal alto este hombre, el que todavía en 1910 cuando Madero se lanzó como candidato a la Presidencia de la república, andaba de maleante, en el turbio negocio de robar vacas, amén de otros enjuagues nada plausibles.

Es sorprendente la vida de Doroteo Arango, quien de la noche a la mañana se encumbró entre los hombres fuertes de la Revolución. En marzo de 1911, conoció a Francisco I Madero en la Hacienda de Bustillos que está en Cuauhtémoc, siendo presentado al caudillo por Abraham González. Entonces Madero se recuperaba de lesiones en una mano (unos dicen que en una pierna) que sufrió en un combate en marzo en Casas Grandes, Chihuahua. Su tío Alberto Madero era el administrador de dicha hacienda, propiedad de la familia Zuloaga. Pues allí Villa se le apersonó a Madero, con 200 hombres que puso a sus órdenes.

Nótese el genio político de Villa, el que no llegó con las manos vacías a conocer a don Francisco. De pasada, el entrar “oficialmente” a la “bola”, permitía al Centauro, dejar de lado su pasado borroscoso. Y de “allí pal real”, Doroteo fue hombre de altas amistades y relaciones, en un mundo que no era el de la delincuencia, sino el de la lucha civil por una mejor vida para los mexicanos.

¿Cómo puede pasar algo así tan pronto en la vida de un hombre perseguido por la justicia? En la Toma de Ciudad Juárez se lució Pancho Villa, como el que más. Vinieron las grandes batallas, las de Tierra Blanca, La Laguna, Zacatecas.

En los años de 1913 – 1914 funge como gobernador provisional de Chihuahua y en tan poco tiempo, manda construir escuelas, consciente de su reflexión, de que más que generales lo que necesita México, son escuelas. Hasta el precio de la carne baja, como el de otros alimentos.

Vea usted a su alrededor a personas del bajo mundo que conozca, aunque sea de oídas, y analice, cómo sería posible que cambiaran en  tan poco tiempo, como lo hizo el internacional Francisco Villa.

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