miércoles, abril 24, 2024

Benito Abraham Orozco, Opinión

Sepultar a la familia y a la descendencia

Benito Abraham Orozco Andrade.- El pasado viernes, diputados de todos los partidos políticos y de los independientes, aprobaron el proyecto de decreto por el que se reforma y adiciona el Código Penal Federal y se adiciona un artículo 465 Bis a la Ley General de Salud (267 votos a favor, 104 en contra y 33 abstenciones), mediante el cual, entre otras cuestiones se agrega a dicho Código el capítulo IX “Delitos contra la orientación sexual o la identidad de género de las personas” (artículos 209 Ter y 209 Quáter) y se adiciona el artículo 465 Bis a la citada Ley.

El primero de los preceptos legales referidos establece en su primer párrafo: “Se impondrá de dos a seis años de prisión y multa de mil a dos mil veces el valor diario de la Unidad de Medida y Actualización a quien realice, imparta, aplique, obligue o financie cualquier tipo de tratamiento, terapia, servicio o práctica que obstaculice, restrinja, impida, menoscabe, anule o suprima la orientación sexual, identidad o expresión de género de una persona”. En líneas posteriores, el artículo aumenta al doble las sanciones mencionadas cuando las conductas tipificadas se efectúen en contra de personas menores de dieciocho años, adultos mayores o personas con alguna discapacidad. Al padre, madre o tutor de la víctima que incurra en tales conductas, se le amonestará o apercibirá a consideración del juez.

De igual forma, el artículo en cuestión prevé imponer el doble de las sanciones citadas a los infractores que tengan con la victima una relación: a) laboral, docente, doméstica, médica o cualquier otra que implique una subordinación de la víctima; b) quien se valga de la función pública para cometer el delito, y c) cuando la persona autora emplee violencia física, psicológica o moral en contra de la víctima. El artículo 465 Bis de la Ley General de Salud, relaciona la aplicación de las sanciones penales anteriores con el personal de salud.

El referido proyecto de decreto fue aprobado por la Cámara de Senadores el día 11 de octubre de 2022, y como hubo reservas a algunos artículos en la Cámara de Diputados el pasado viernes, será devuelto a la primera instancia para que continúe el proceso legislativo correspondiente, por lo que habrá que esperar su respectiva publicación y consecuente entrada en vigor (Gaceta Parlamentaria 6490-VII de la Cámara de Diputados, 22 de marzo de 2024, https://gaceta.diputados.gob.mx/ y https://gaceta.diputados.gob.mx/PDF/65/2024/mar/20240322-VII.pdf#page=2).

Entonces, si alguna persona, así sea mayor o menor de edad, ante una confusión sobre su orientación sexual, si quisiera recurrir a un psiquiatra, sicólogo, sacerdote, educador, abuelo, tío, papa, mamá, tutor, etc., ante la disposición penal en comento, no tendría con quien hacerlo, pues estos se encontrarían expuestos a ser sancionados. ¿Dónde quedan los derechos humanos de libertad religiosa, de educación, de esa protección que los infantes deben tener ante su falta de madurez en prácticamente todos lo ámbitos de la vida?

Los niños y adolescentes no se encuentran legalmente emancipados de sus padres, pero tienen el derecho de decidir sobre su orientación sexual, como si tuvieran la capacidad de discernirlo todo. Debe respetárseles su deseo de transformar su cuerpo, independientemente de las consecuencias irreversibles que pudiera haber por un futuro arrepentimiento de ello.

Como lo he reiterado en múltiples ocasiones, mi respeto y apoyo a quien desee tener una orientación sexual diferente, tienen todo el derecho de hacerlo, pero por qué conceder que la persona para eso si tiene la madurez desde su infancia o adolescencia; por qué obligar a que toda la sociedad asumamos intereses y comportamientos que no corresponden a todos. Pues de una vez que desde la niñez puedan tomar la decisión de drogarse o emborracharse, al cabo qué, son maduros. Que ejerzan una libertad religiosa que les permita asumir ritos relacionados con las relaciones sexuales y con la muerte, no pasa nada verdad.

No, de ninguna manera, evidentemente algo no está bien, y lo que sucede no es nuevo, no es exclusivo de este gobierno ni de los anteriores; esto proviene de un empecinamiento internacional por manipular lo que ellos quieren que sean derechos humanos, aún y cuando se desconozcan abiertamente otros tantos de gran valía. Se está privilegiando y exagerando en solo una de tantas discriminaciones, y desatendiendo las demás (origen étnico, edad, discapacidad, religión, opinión). Qué tal si todos tuviéramos la obligación de comunicarnos en lenguaje de señas o náhuatl, eso sí sería ser inclusivos más ampliamente, pero sería absurda una exigencia de tal naturaleza. Debemos tener consideración, respeto y solución a las diferentes desigualdades y discriminaciones, pero lejos estamos de que sea correcto que debamos asumir obligadamente para nosotros y para nuestros hijos menores, algo que no consideremos adecuado.

También contamos con valores y costumbres mesuradas y arraigadas, que el conservarlas ningún daño le hará a nadie, al contrario. De ahí provenimos quienes nos interesamos por los demás; quienes nos preocupamos por el bienestar de los hijos, etc., y no fomentamos individualismos que están desarticulando a la sociedad y a la familia misma.

Ahora lo que está ocurriendo, es que las nuevas generaciones ya no desean tener descendencia. A nuestro alrededor existen matrimonios, o padres o madres solos, cuyos hijos cuentan con alrededor de 30 años o más, y en sus planes no se encuentra el embarazarse; incluso desdeñan el matrimonio ¿Hasta ahí llegará la descendencia de esa familia? ¿Ahí quedará la historia de su linaje?

 Por lo tanto, el que se esté despreciando desde prácticamente todos los flancos oficiales a la llamada familia tradicional, encabezada por un hombre y una mujer, y se promueva férrea y hasta legalmente el explorar la diversidad sexual, eso conllevará ineludiblemente a la disminución y hasta la desaparición de la raza humana. No es exageración, es un despropósito internacional del que demasiado se ha comentado, y que con pruebas como las mencionadas, no queda lugar a dudas.

En general, hemos tenido hogares con papá y mamá que nos han proveído no sólo de cosas materiales, sino de alegría, cariño, solidaridad, buenos valores y ejemplos, que ningún sentido tiene echarlo a la basura para que seamos una sociedad de personas aisladas, que no cuenten con quien les auxilie en sus problemas emocionales, de salud y materiales, entre otros.

Independientemente de la postura que tengamos sobre el tema que nos ocupa, como sociedad debemos reparar en la gravedad de lo que está sucediendo y poner toda la voluntad en solucionarlo, con las justas implicaciones de abatir en definitiva y sustancialmente cualquier discriminación. Debemos luchar a como de lugar, por relaciones colectivas de buen entendimiento, de sana convivencia, dejando atrás la jungla en la que estamos cayendo.

Algunos con gran poder estarán viendo con gusto y frotándose las manos, cómo nos estamos destruyendo como humanidad, y eso no debemos permitirlo, pues paradójicamente ya ni generaciones habrá que nos lo puedan reclamar.