2 agosto, 2021

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Solsticio de verano, el día en que el Sol “se detiene” y marca el camino a la cosecha

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Solsticio de verano.

Viviana Mendoza Henández.

Daniel Flores Gutiérrez, investigador del Instituto de Astronomía y responsable del Anuario Astronómico Nacional, explicó: “El solsticio de verano tiene que ver con ciertas posiciones en la órbita de la Tierra en torno al Sol. Dado que las órbitas son elípticas, hay puntos en que está más alejada o más cercana al Sol”.

Flores Gutiérrez afirmó que este año vamos a tener el solsticio de verano el día 20 a las 21 horas 32 minutos. “Esta cuestión de las horas tiene que ver con el traslado de la Tierra en torno al Sol en 365 días más una fracción y tiene que ver también con la rotación de la Tierra. Como no son cantidades enteras, estos valores van cambiando año con año”.

La palabra solsticio viene de “sol” y y “sistere” (quedarse quieto) ya que el movimiento estacional de la trayectoria diaria del Sol (como se ve desde la Tierra) parece “quedarse quieto” en un límite norte o sur antes de invertir la dirección. Es un evento que ocurre cuando el Sol alcanza su máxima declinación norte o sur en relación con el ecuador. Por lo tanto, hay dos solsticios que ocurren anualmente: uno alrededor del 21 de junio (comúnmente conocido como “Solsticio de verano” por ser el primer día de verano y el día más largo del año) y el 21 de diciembre (comúnmente conocido como “Solsticio de invierno”) El astrónomo mencionó que en el solsticio de invierno la situación se invierte porque el Polo Norte de la Tierra está viendo hacia afuera, y los rayos de luz del Sol no iluminan parte de lo que sería el Círculo Polar Ártico, así que hay una noche perpetua durante 24 horas.

Por otro lado, un equinoccio, derivado del latín aequinoctium, de aequus (igual) y nox (noche), se considera comúnmente como el instante en que el Sol está situado sobre el ecuador, y esto ocurre dos veces al año: alrededor del 20 de marzo (llamado “Equinoccio de primavera”, ya que marca el comienzo de la primavera en la mayoría de las culturas) y el 23 de septiembre (llamado “Equinoccio de otoño”, ya que marca el comienzo del otoño). Los equinoccios son los únicos momentos en que el terminador solar (el “borde” entre la noche y el día) es perpendicular al ecuador y, por lo tanto, el día y la noche tienen aproximadamente la misma duración.
Los solsticios, junto con los equinoccios, están conectados con las estaciones, las cosechas y el sustento. Por lo tanto, muchas culturas celebran diversas combinaciones de los solsticios, los equinoccios y los puntos medios entre ellos, lo que lleva a que surjan varios días festivos en torno a estos eventos.
Consciente de que los solsticios y equinoccios simbolizan la fertilidad de la tierra, los sistemas de producción agrícola y alimentaria, el patrimonio cultural y sus tradiciones milenarias, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció que la celebración de esos eventos es una encarnación de la unidad del patrimonio cultural y las tradiciones de siglos de antigüedad. Es gracias a este tipo de celebraciones que se fortalecen los lazos entre los pueblos sobre la base del respeto mutuo y los ideales de paz y buena vecindad. Por todo ellos, las Naciones Unidas reconocieron el 21 de junio de 2019 como el Día Internacional de la Celebración del Solsticio.


Por ejemplo, en la investigación del antropólogo e investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, Carlo Bonfiglioli sobre la danza en la cultura rarámuri puede leerse: 
“Desde el 21 de diciembre hasta el 21 de junio, entre el solsticio de invierno y de verano, el astro amanece, cada día, un poco más a la izquierda en el horizonte; es decir, desde su extremo este-sur “camina”, en sentido antihorario, hacia el extremo este-norte. Asimismo, la secuencia de todos los puntos cenitales en este periodo muestra cómo el astro va colocándose, con el paso de los días, un poco más arriba en el cielo. Con su paulatina ascensión en el firmamento —la secuencia de los cenit— y su lento desplazamiento antihorario en el horizonte —la secuencia de los amaneceres—, “el Sol chiquito”, como le dicen los rarámuri al sol decembrino, se hace cada día “más fuerte”, más luminoso (más horas de luz), más cálido. A partir del solsticio de verano y hasta el nuevo solsticio de invierno, el sol recorre el camino inverso, sufriendo un proceso de debilitación, asociado con su desplazamiento horario y descendente. Desde luego, se trata de un continuum de alternancias respecto del cual sólo la cultura, con la arbitrariedad que la caracteriza, puede establecer cuál es el punto de partida y cómo valorarlo. El predominio simbólico del sentido antihorario sobre el sentido horario en la ritualidad rarámuri correspondería entonces a la superioridad atribuida a la etapa de crecimiento-reforzamiento solar —cuando de “chiquito” el astro se hace “adulto”— sobre la etapa de descenso-debilitación”. 
“Ahora bien, al realizarse la combinación de giros antihorarios-horarios-antihorarios en los cuatro puntos cardinales, se establece una relación entre los movimientos solares intersolsticiales con el simbolismo de la elevación de sustancias a través de las columnas, produciéndose con ello esa condensación de significados y temporalidades evidenciada en el apartado “el mito danzado”. El tiempo no es eterno para los rarámuri, sino una categoría cíclicamente renovable a través de sus actos; actos que también renuevan el fortalecimiento solar y, consecuentemente, el sostenimiento de la vida cósmica”.


También Daniel Flores Gutiérrez habla del tema desde otras regiones del país. “El solsticio de verano fue observado por los pueblos mesoamericanos porque tiene que ver con el movimiento del Sol. “En la antigüedad mesoamericana había diferentes cuerpos de la bóveda celeste con los que se guiaban los habitantes: la Luna, Venus y el Sol, con el conjunto de este día bien identificado”, narró el también especialista en arqueoastronomía (astronomía de los pueblos originarios).
“Era importante seguir el movimiento del Sol. Por ejemplo, la pirámide del Castillo en Mayapán (un sitio maya en Yucatán) está orientada de tal manera que la proyección del perfil de la pirámide sobre alguna de sus cuatro escaleras se da durante el solsticio. El caso contrario ocurre en la pirámide del Castillo en Chichén Itzá, que proyecta durante los equinoccios.”
Flores Gutiérrez precisó que en Mayapán se seguía el movimiento de los solsticios, tanto de verano como el de invierno, y era esencial porque eran sucesos que indicaban a los sabios del momento que la cuenta de los días del calendario iba por buen camino. “Servía para predecir ciertas fiestas del año, que tienen que ver con el seguimiento del movimiento aparente del Sol”.
En Teotihuacan el solsticio de verano no tiene que ver con la orientación de las pirámides, sino con cierto punto de observación relacionado con algunos edificios del sitio. “Allí está dado un punto de referencia enfrente de la Pirámide del Sol hacia el poniente, donde en el solsticio de verano el Sol sale en la vecindad de la Pirámide de la Luna”.
El astrónomo refirió que los antiguos mexicanos observaban el fenómeno a simple vista, llevaban la cuenta y los registros. “Así enseñaban a otras generaciones a entender estos números, pues seguían el trayecto del Sol durante ciclos”.
Además, comprendieron que cuando el día es más largo estamos en tiempos de calor y se representan con los ciclos de secas y lluvias.
“Los ciclos agrícolas también se medían. Hay regiones donde llovía mucho y había dos cosechas al año, pero otras donde se tenía que esperar la temporada de lluvias.”
Apuntó que en la astronomía moderna el solsticio de verano tiene que ver con el seguimiento de los planetas en el sistema solar. “Aunque se conocen bien los movimientos, las observaciones permiten corregir por fracciones o a veces por 10 milésimas cierta posición de los planetas. Entonces sí sirve”.
Hay otras técnicas actualmente, como la observación de objetos muy lejanos con radiotelescopios, que ofrecen otro tipo de información. El solsticio y el equinoccio son fechas de referencia para hacer estas mediciones. “Así como en el pasado, estos fenómenos nos dicen que nuestras cuentas van por buen camino”.

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