13 junio, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Suelta

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Mauricio Islas.

Una de las muchas maneras que tenemos de generar desencanto, infelicidad  y juicios equivocados es aferrándonos a pensamientos y sentimientos que nos limitan. 

No es que el «aferrarse» sea inadecuado en sí mismo. Es algo  perfectamente apropiado en muchas situaciones.

Pero ¿te has aferrado alguna vez a un punto de  vista que no te convenía? ¿Te has aferrado a una emoción pese a que no pudieras hacer nada  para satisfacerla, enderezarla o cambiar la situación que parecía provocarla? ¿Te has aferrado a la  tensión o  la ansiedad una vez pasado ya el hecho inicial que las produjo? ¿Qué es lo contrario  de  aferrarse? Pues «soltarse», por  supuesto.

Tanto el aferrarse como el soltarse forman parte del proceso natural de la vida.  Te puedo asegurar que ya has experimentado  a menudo el soltarse, muchas veces sin ser consciente de que así ocurría,  Soltar, o  liberar,  es una capacidad natural con la que todos nacemos, pero cuyo uso se nos va condicionando a medida que nos hacemos mayores.

Donde la mayoría nos quedamos estancados es en el  hecho de que no sabemos cuándo corresponde soltarse y cuándo aferrarse. Y muchos optamos erróneamente por lo segundo, a menudo  en nuestro propio detrimento. Hay unos pocos sinónimos de aferrarse y soltarse : cerrar y abrir, por ejemplo.

Cuando lanzamos una pelota, hay que mantener la mano cerrada a su alrededor durante buena parte del movimiento que hace el brazo. Pero si no abrimos la mano y soltamos  la pelota en el momento preciso, ésta no llegará a donde queríamos que fuera. Hasta podríamos hacernos  daño. Otros sinónimos son contracción y expansión.

Para poder respirar, contraemos los  pulmones para obligar a que el aire usado salga, y luego los expandimos, para llenarlos  de nuevo. No nos podemos limitar a inspirar; para completar el proceso respiratorio también tenemos que espirar.

Tensar y relajar los músculos es otro ejemplo. Si no pudiéramos  hacer ambas cosas, nuestros músculos no funcionarían correctamente, ya que muchos  de ellos lo hacen en pares opuestos.

Es interesante señalar el componente emocional del aferrarse y el  soltarse, y el grado en que nuestros sentimientos afectan a nuestro cuerpo. ¿Has observado que cuando uno está disgustado, muchas veces aguanta la respiración? 

En  el  proceso  de  respirar, si uno se aferra a emociones no resueltas, se puede inhibir  tanto la inspiración como la espiración. La mayoría de nosotros también mantenemos  una tensión residual en los músculos, que nunca nos deja relajarnos por completo.

Una  vez más, son las emociones no resueltas o reprimidas  las que constituyen la base de esta restricción. Pero ¿por qué nos estancamos?

Cuando reprimimos nuestras emociones, en vez de permitirnos experimentar plenamente nuestros sentimientos en el momento en que  aparecen, aquéllas persisten y nos incomodan.  

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