miércoles, julio 24, 2024

Francisco Flores Legarda, Opinión

Suicidio y Política 

“La espada del Guerrero sabio no corta ni atraviesa, refleja la luz.” Jodorowsy 

La extraña pareja 

Deseo iniciar este trazado con todo respeto para la familia del joven politico Antonio Tarin, fallecido hace un par de dias, quien manifesto en su carta postuma, el estrés al que se encontraba sometido. No trato de pretender buscas la motivacion. Lamento que haya todo ese camino. Los caminos de Dios son inescrutables. Espero que su familia encuentre reposo, nunca lo olvidaran. Esto me motiva a tocar este tema, el cual considero importante para que como sociedad y el Estado no somentan en esta caso a los politicos a situaciones extremas de dolor. Mateo 7:7-11. 

Suicidio y política constituyen una pareja problemática, puesto que señalan la intersección de dos áreas de estudio que son en sí mismas difíciles tanto en su definición, contexto y repercusiones. Pero si renunciamos a esas tareas previas de fundamentación lógica y territorial, tenemos que reconocer que la relación íntima entre comportamiento suicida y conducta política no es nueva ni tan siquiera reciente. Si el suicidio fuera un acto estrictamente personal, sin repercusiones en los grupos próximos y en el ambiente social, no habría desatado durante siglos tantas habladurías, críticas, reacciones emocionales ni estudios e investigaciones para comprender y modificar sus intenciones. Por eso David Lester, uno de los estudiosos actuales más interesantes del comportamiento suicida, dijo hace ya tiempo que el suicidio puede entenderse como un acto político en el que la persona suicida intenta cambiar el equilibrio de poder en su grupo social o, en general, en la sociedad (Lester, 1990). Naturalmente esto exige entender la política en un sentido amplio, es decir, cualquier situación en la que una persona o grupo intenta influir o cambiar las relaciones de poder en los demás.  

Hasta en el intento de suicido, añade Lester, a menudo se pretende forzar determinadas respuestas en aquellos que nos importan. Sin embargo, esta relación parece excesivamente simple para una pareja tan peculiar. Produce la falsa sensación de que el papel dominante pertenece al suicida, mientras que la política se limita a sufrir las consecuencias de sus intenciones de control. Nada más alejado de lo que sabemos hasta ahora. Incluso los clásicos sabían que el fenómeno suicida era parcialmente el resultado de la mayor o menor integración en el grupo y en la sociedad, junto con el grado de equilibrio y estabilidad de las normas sociales (Durkheim, 1897).  

Es decir, que los fenómenos políticos, en la medida en que inciden en la integración y regulación social, también influyen en el comportamiento suicida. Este es el caso de la guerra, el terrorismo o las protestas políticas que no sólo apuntan a la violencia hacia los demás sino que también alteran la agresión hacia uno mismo. Como ocurre también, al margen del conflicto y la violencia política, con las campañas electorales, el triunfo político de partidos o la constitución de nuevos gobiernos y legislaturas, modificando así el ambiente y las expectativas sociales de buena parte de la población, algo que también repercute directa o indirectamente en las tasas de suicidio. 

Políticos Suicidas  

A primera vista parece que la tarea que planteamos consiste en estudiar a los políticos que se suicidan, sus características y las estadísticas que los definen. Sin embargo, es esta una visión bastante ingenua porque la relación entre suicidio y política es bastante más complicada que el suicidio de los políticos. Por otro lado, resulta difícil determinar lo que entendemos por políticos, podemos referirnos a dirigentes de primer nivel, primeros ministros, o a candidatos en elecciones o simplemente a miembros de gabinetes gubernamentales o a muchos otros que ocupan puestos en la administración. Así, resulta prácticamente imposible obtener datos sobre políticos que se suicidan, sus tendencias y peculiaridades. 

Sin embargo, eso no significa que sea inútil el estudio de casos o el análisis de ejemplos que resultan muy significativos. Por ejemplo, Harold D. Lasswell, uno de los precursores de la psicología política, nos ofrece multitud de tipos patológicos entre los políticos (Lasswell, 1930), algunos de los cuales muestran claras tendencias suicidas. O también Steven Stack (1987) que estudia la imitación que produce el suicidio de personajes célebres, incluidos aquellos que destacan en los medios de comunicación por su posición política. Con todo, existen algunos casos que son muy representativos del suicidio en elámbito político y que se repiten una y otra vez en los estudios de este campo. Por ejemplo, Marco Porcio Catón (96-46 a. C.) o simplemente Catón el Joven, que se enfrentó políticamente y durante muchos años a Julio César en la Roma clásica, hasta que el enfrentamiento se convirtió en militar y terminó con la derrota de Catón. Ante la posibilidad de ser perdonado por César y quedar así comprometido todo su partido, prefirió el suicidio para dejar claro su desprecio por la política de César y la reivindicación de la propia, actitud que efectivamente deterioró el prestigio de César y cooperó en su caída y asesinato posterior. Es decir, un caso evidente de suicidio con una motivación política (Silke, 2006). 

Dentro de la violencia y el conflicto que con frecuencia rodean al ámbito de la política, incidiendo así en el comportamiento suicida, además de la guerra y el terrorismo es inevitable mencionar también la protesta suicida (Benn, 2007). Al contrario que en el terrorismo suicida, la protesta suicida no intenta dañar a nadie, simplemente se mata a sí mismo para manifestar la defensa de una causa colectiva, no privada, sino pública. Biggs (2005, 2013) exige que se cumplan cuatro criterios para poder hablar de protesta suicida y diferenciarlo claramente de otros tipos de suicidio: 

1.- Es necesario que el sujeto intente matarse voluntariamente o dañarse gravemente con esa intención.  

2.- El acto no intenta dañar a nadie ni producir destrozos materiales.  

3.- El acto es público, bien en un lugar público o va acompañado de un escrito a políticos o al público en general.  

4.- El acto es por una causa colectiva y no por motivos personales ni familiares. 

Conclusiones  

Ahora quizá se entienda un poco mejor lo que pretendíamos decir cuando afirmábamos que suicidio y política es una extraña pareja. Aunque conceptualmente parecen tener poca relación, sus relaciones históricas y actuales demuestran todo lo contrario. Influyen entre sí tanto en períodos de conflicto y violencia como en las etapas de tranquilidad y rutina democrática, en unos casos disminuyendo la incidencia del suicidio mientras que en otros se disparan las tasas en una relación apasionada. A Durkheim le gustaba decir que el suicidio es un hecho social, una afirmación que tiene un significado muy preciso en el contexto de la fundamentación de la sociología que él defendía. Pero en un sentido más amplio y vago, habría que añadir que no solo es un hecho social sino también político; 

Es decir, el suicidio no sólo se enraíza en algunas alteraciones psiquiátricas o psicológicas, no solo es un fenómeno existencial que afecta al individuo, tampoco se limita a factores biológicos, el suicidio es un acto y un resultado de las relaciones de poder dentro de la sociedad, pretende influir en los demás y está condicionado por las ceremonias, ritos, conflictos y estructuras de gobierno de los grupos a los que pertenecemos. Hoy más que nunca sabemos que la afirmación en la vida, al igual que la afirmación en la muerte, es una orientación que afecta a todos los problemas políticos que están en juego en los momentos actuales, es igual que sea el cambio climático, la violencia de género, las guerras neoliberales o la desigualdad económica. En el fondo, elegir entre la vida o la muerte, es decir, el suicidio no es una pareja más de la política, es la política en sí misma. 

No creo que sea el momento pero como se sabe Antonio Tarin fue uno de los perseguidos por el Gobierno de Corral, que cada quien carge su saco. 

Referencias 

Atran, S. (2003): Genesis of Suicide Terrorism. Science, vol. 299. Atran, S. (2006): The Moral Logic and Growth of Suicide Terrorism. The Washington Quarterly, 29:2 pp. 127–147 Benn, J.A. (2007): Burning for the Buddha: Self-Immolation in Chinese Buddhism. University of Hawaii Press. Biggs, M. (2005): Dying without Killing: Self-Immolations, 1963-2002. En Gambetta (Ed), Making Sense of Suicide Missions. Oxford, UK: Oxford University Press. Biggs, M. (2013): How Repertoires Evolve. The Diffusion of Suicide Protest in the Twentieth Century. Mobilization: An International Quarterly 18(4): 407-428. Boor, M. (1981): Effects of United States presidential elections on suicide and other causes of death. American Sociological Review, Vol. 46 (0ctober:616-618). Classen, T.J. y Dunn, R.A. (2010): The Politics of Hope and Despair: The Effect of Presidential Election Outcomes on Suicide Rates. Social Science Quarterly, Vol. 91, Num. 3, September. Durkheim, E. (1897): El Suicidio. Buenos Aires: Schapire, 1965. Gilligan, J. (2011): Why Some Politicians Are More Dangerous than Others. Malden, MA: Polity Press. Hoffer, E. (1951): El verdadero creyente. Tecnos, Madrid, 2009. Keisling, W. (1988): The Sins of Our Fathers. Yardbird Books. Lasswell, H.D. (1930): Psicopatología y Política. Buenos Aires: Paidós, 1963. Lester, D. (1990): Suicide and presidential elections in the USA. Psychological Reports, 67, 218. Lester, D. (1990): Suicide as a political act. Psychological Reports, 66, 1185-1186. Lester, D. y Yanf, B. (1992): The Influence of War on Suicide Rates. The Journal of Social Psychology, 132(1 ), 135-137. Marshall, J.R. (1981): Political integration and the effect of war on suicide. Social Forces, 59, 771-785.