21 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Un año más sin Nacho Rodríguez

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Opinión.

Este 8 de agosto se ha cumplido un año más del asesinato del periodista y revolucionario Ignacio Rodriguez Terrazas. A más de cuarenta años, la memoria ha persistido y se le recuerda como uno de los grandes que ha dado Chihuahua. Si bien, primordialmente se le recuerda como un comunicador extraordinario, tiene pertinencia recordar que se formó y fogueo al calor de las luchas estudiantiles y populares del estado a fines de la década de los sesenta y los primeros años setenta del siglo pasado.

Combinó su gran entusiasmo y nos contagiaba a todos con su capacidad de organización, a la vez con el emprendimiento de tareas de formación política, económica y filosófica en fuentes de primera mano y pensadores de gran talla.

Aquí en Chihuahua fue miembro del grupo El Martillo, periódico en el que hizo sus pininos, como también en esa gran prensa de “mimeógrafo” con la que se trababa relación con la sociedad en tiempos de absoluto control de la prensa por parte del gobierno. Incursionó en el diarismo bajo la solidaridad que le brindó las oportunidades abiertas don Luis Fuentes Salcedo, director del periódico Norte. También hizo periodismo radiofónico gracias a las puertas libres que encontró en Marco Antonio Guevara y su periodismo ciudadano. Ascendió a periódicos nacionales como Uno más Uno, La Jornada y la revista Proceso, a los cuales se les debe el inicio hacia un periodismo más abierto y profesional.

Siempre he estimado que a Ignacio Rodriguez Terrazas lo jalaba, como poderoso imán, cualquier proceso revolucionario que se diera en el mundo; y ese espíritu de aventura intelectual y militante, en el mejor sentido de estas palabras, lo llevó a la Nicaragua que se levantó contra el somoszismo, y a la república de El Salvador, donde murió asesinado cobardemente, convulsionada en una mezcla de impugnación al militarismo, la oligarquía, los fascistas, el imperialismo y la nefasta herencia que dejó a América el colonialismo español.

Para Nacho, citando al clásico, nada de lo que es humano le era ajeno. Por eso buscó la justicia en los escenarios donde se reclamaba, exponiendo la propia vida y dando testimonio de lo poco que importa esto a los poderosos que medran y abusan de los pueblos.

A Ignacio Rodriguez Terrazas y con motivo de la lucha estudiantil en la UACH en 1973-1974, se le hizo víctima de no pocas agresiones, algunas con verdadera saña, perpetradas por los porros del gobierno y de la propia rectoría de aquellos años que luego pasaron a ocupar la conducción de nuestra universidad, abriendo una herida a la cultura en Chihuahua que aún no sana.

Nacho, como le decíamos con gran cariño, hasta ahora no ha merecido un reconocimiento de esa institución educativa y el recuerdo de que, ilegal e injustamente, fue expulsado de sus aulas y nos sigue llamando la atención porque es una especie de venganza que no tiene la más mínima razón de ser.

Recientemente se estrenó un magnificó documental sobre el crimen del periodista Manuel Buendía. Ahí la periodista Blanche Petrich recuerda que la muerte de Nacho fue su “primer golpe de realidad” en materia de homicidios contra periodistas. Se muestran además escenas de la recepción que se hizo de Nacho Rodriguez en su féretro en el aeropuerto internacional del entonces Distrito Federal por un conjunto de periodistas notables, entre ellos, don Julio Scherer García y Carlos Payán.

En las fotos que observamos en ese documental, se distinguen viejos compañeros de lucha de Nacho como Víctor Orozco y Adalbeto Rangel, que con él compartieron no pocas batallas que aún esperan un triunfo pleno.

Parece ser que no hay duda: queriendo sofocar la verdad se mata a los periodistas. No lo lograrán.

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