domingo, junio 26, 2022

Benito Abraham Orozco, Opinión

Una preocupante crisis económica

         La parálisis que en diversos aspectos provocó la pandemia del Covid-19, vino a afectar considerablemente a la economía mundial a grado tal que, fueron muchos los empleos que se perdieron y, el precio de los productos, sean o no de la canasta básica, aumentaron exponencialmente.

         Esa situación adversa ha perjudicado a los diferentes estratos sociales, principalmente a los que ya venían siendo los más pobres, así como a aquellos individuos y familias de clase media que se han quedado sin algún trabajo o forma de obtener un ingreso económico.

         Bien pudiera considerarse el emprender alguna actividad para hacerse del sustento diario, pero eso ya no es tan redituable —o simplemente redituable como para sobrevivir—, toda vez que son demasiadas las personas que están intentando vender algo, y pocas las que tienen la posibilidad de comprarles. Esto es, han sido muchos los emprendedores, y extremadamente pocos los que pueden adquirir los bienes o servicios que ofrecen.

         Ante esta complicada situación, habrá quienes cuenten con algunos bienes de los que pudieran “deshacerse” para mitigar sus necesidades más apremiantes, o igual, habrá quienes puedan contar con algunos apoyos de familiares o amigos. Pero, en ambos casos, muy seguramente no serán ilimitados en tiempo y cantidad.

         Lo ideal, es que quien pierda su empleo, o que por cualquier motivo empiece a tener complicaciones para obtener los satisfactores indispensables para él y para su familia, pues vea la forma de ocuparse en algo para obtener un ingreso. No obstante, lo severo de la crisis económica que estamos viviendo, y que de manera atípica ha venido afectando a un amplio número de personas en todo el país, no permite siquiera el considerar emprender algún negocio con poca inversión, que de alguna forma pudiera ser medianamente redituable.

         La venta de comida que antes se decía que era “muy noble”, ahora es de una gran competencia a grado tal que, no nada más quienes han querido experimentar recientemente sobre el particular han fracasado, sino también algunos restaurantes o fondas que venían operando desde hace años han tenido que cerrar sus puertas.

         Ya ni el ocuparse como chofer en alguna plataforma de transporte es redituable, pues además de ser ya demasiados, es muy alto el riesgo por la inseguridad.

         Si a todo lo anterior agregamos en no pocos casos la cuestión de la edad para poder ser empleado (más allá de los cuarenta años es difícil), o la falta de los mínimos recursos para iniciar alguna actividad económica, tengamos la seguridad de que son demasiados los mexicanos que no saben ni para donde voltear para poder salir adelante.

         Me llamó la atención sobremanera, y de igual manera me lastimó demasiado, una petición de apoyo desesperado que hace una madre de familia a través de una red social, en la que hace ver lo difícil que es recibir ayuda, haciendo referencia a que ya nadie tira ropa que pueda aprovechar, y que están pasando por una situación muy complicada, toda vez que se quedó sin trabajo limpiando casas, y tienen que alimentarse ella y su pequeña hija, agregando que ha estado juntando plástico y fierro para venderlos, pero que ya ni eso encuentra. Ante su situación económica que describe como grave, solicita “con mucha pena” el apoyo del público en general, para que le donen cualquier alimento que puedan, ya sea alguna sopa u otro igual de modesto.

         Pero, ¿qué hacer ante tantas personas y familias que están padeciendo lo severo de esta crisis económica?

         Como sociedad, no debemos dudar en solidarizarnos con quienes están necesitando de nuestro apoyo, por muy poco que sea lo que podamos aportarles. Asimismo, nuestros tres niveles de gobierno, más allá de los existentes, urgentemente deben implementar programas extraordinarios que involucren a la iniciativa privada y a otros sectores pudientes, para mitigar a la brevedad esa lamentable situación por la que están pasando millones de mexicanos. 

         Mientras en el país, estados o municipios existan quienes carezcan de lo más indispensable para sobrevivir, no será posible hablar de gobiernos exitosos, ni de sociedades solidarias.

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