2 agosto, 2021

El Devenir

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15 de julio, por fin regresa Benito Juárez a la capital

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Mario Alfredo González Rojas.

Tres años habían pasado desde que llegó Maximiliano de Habsburgo a México, para establecerse como emperador, por orden de Napoleón Tercero. Derrotado Santa Anna, como resultado de la Revolución de Ayutla, sobrevinieron acontecimientos que cimbraron la estabilidad de la nación. El Plan de Ayutla proclamado el 1 de marzo de 1854, proponía la destitución de Santa Anna como presidente de la república, así como de los principales funcionarios del gobierno.

El triunfo de la Revolución abrió las puertas para la celebración de un Congreso Constituyente en 1856, que vino a elaborar la Constitución de 1857 de corte claramente liberal. Entonces siendo presidente de la república Ignacio Comonfort, los conservadores y el clero católico se juntaron para promover el desconocimiento de dicho orden reglamentario.

Comonfort renunció a la primera magistratura, y dio inicio la Guerra de los Tres Años, con el lanzamiento del Plan de Tacubaya, que puso en marcha Félix Zuloaga. Fue toda una serie de acontecimientos, que se encadenaron para llegar finalmente a la Intervención Francesa, misma que culminó con la caída de Maximiliano No declinó Benito Juárez en su objetivo de hacer que se aplicara la ley, en el juicio que se siguió a Maximiliano en Querétaro, a pesar de las presiones de dentro y de fuera del país, para que se perdonara la vida al usurpador extranjero.

El gobierno mexicano solamente se avocó a los mandatos de la Ley del 25 de enero de 1862, que establecía castigar los delitos contra la nación. La respuesta del presidente a las súplicas de indulto era: “yo no lo juzgo, lo juzgan las leyes de mi país”.

Los mexicanos repasamos en nuestra historia,  con amargura, los acontecimientos suscitados después de la Guerra de los Tres años, de cómo la situación del país se había agravado, sumándose a los problemas la suspensión del pago de la deuda pública, incluida la exterior, por un periodo de dos años, por parte del gobierno de México. El 17 de julio de 1861, se hizo el anuncio por el gobierno juarista, de tal suspensión, lo que produjo un gran disgusto en el exterior e interior del país. En esa circunstancia, Francia en alianza con el partido conservador y el clero de México, decidió enviar a Maximiliano a gobernar nuestro país.

El 15 de julio de 1867, por fin volvía el presidente Benito Juárez a la capital de la República, siendo recibido con las más cálidas muestras de cariño y reconocimiento por su defensa patriótica de nuestra nación.

Después del 19 de junio en que fue fusilado Maximiliano, junto con Miramón y Mejía, emprendió don Benito su viaje desde San Luis Potosí a la capital. En el trayecto a la capital, se volcó la expresión de cariño de los mexicanos hacia el indio de Guelatao, motivo que impidió su llegada antes a la Ciudad de México.

A su llegada a la Ciudad de México, ese 15 de julio, Juárez emitió un manifiesto a la nación, en el que expresaba: “Ha cumplido el gobierno el primero de sus deberes, no contrayendo ningún compromiso en el exterior, ni en el interior.

La autoridad municipal, manifestó al recibir al Benemérito: “Esperad tranquilo el fallo de la posteridad que, recta siempre, os colocará en el eminente puesto que tiene reservado a los salvadores de las naciones”.

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