16 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

20 años

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Opinión.

Espero me disculpen la digresión personal.

Unos días después de haber enviado un texto, en mi calidad de dirigente estatal del PRD, a propósito de la anulación de las elecciones municipales de Juárez, recibí la invitación del Director General de El Diario, Osvaldo Rodríguez Borunda, a escribir como articulista en sus periódicos.

La concreté con el Director de El Diario de Juárez, Angel Otero.

De ello han transcurrido veinte años.

A pesar de que llevaba varios años escribiendo en distintos medios de la localidad, de Durango -mi tierra natal- y de la Cd de México, pocas decisiones como esa han impactado tanto en mi vida.

Ha sido una experiencia única. Me ha dado la oportunidad de reflexionar públicamente sobre prácticamente todos los aspectos de la riquísima, enternecedora, dolorosa, cambiante, no pocas veces indignante, estremecedora y aleccionadora realidad chihuahuense.

Ello me permitió -me lo exigía la tarea- estudiar sobre los problemas e historia del estado; acceder a las opiniones de los más destacados protagonistas de su vasta pluralidad política y social, a la visión de los gobernantes, de las organizaciones de la sociedad civil y adentrarme en la muy diversa sociedad chihuahuense.

Al año de convertirme en articulista de El Diario abandoné esa militancia política, para tomar distancia personal de los avatares políticos-partidarios.

A lo largo de todo este período solo he recibido cordialidad, buen trato y absoluto respeto a las opiniones plasmadas en El Diario.

Además de la invitación a formar parte de la plantilla de articulistas, debo agradecer el del absoluto respeto a lo publicado (que confirmé a lo largo de todos estos años, formaba parte de la línea editorial) de Don Osvaldo.

Supe que en algunos momentos -como siempre ocurre- alguno de los gobernantes ejerció presión a fin de que se me cerrara el espacio.

Aquí estamos, y mucho le agradezco a Don Osvaldo, pero también a todos los excelentes periodistas que tuvieron la responsabilidad de la dirección editorial del periódico, a los responsables de la sección de opinión; a toda la plantilla de reporteros, cuyas informaciones, entrevistas y reportajes han sido la parte fundamental de las opiniones aquí escritas.

Por supuesto a todo el personal administrativo y para quienes hacían posible la impresión de los periódicos, de cuando solo existía la versión impresa, y ahora a todos los que han convertido a la versión digital en una de las más populares en el país y el sur de los EU.

Los cambios en los medios de comunicación son avasallantes, porque son reflejo de la sociedad, y aunque aparentemente todo permanezca inalterable, la realidad es que los cambios son profundos a lo largo de estas dos décadas.

Por desgracia, quizás la mayoría, no son para bien, aunque muchos reflejan, indudablemente, una tendencia progresiva en el seno de la sociedad.

Aunque ya estaba en la fase regresiva, la tragedia de “Las Muertas de Juárez” seguía siendo uno de los temas nodales de principios de siglo, y si ese fenómeno escandalizó a los chihuahuenses, (aún faltaría que presenciáramos, aterrados, la aparición de lo que dimos en denominar como “Las muertas de Chihuahua”, con características semejantes al fenómeno feminicida de Juárez) hoy palidecería frente a lo que ocurrió a partir de entonces y que hoy es, por desgracia, uno de los elementos centrales de la extrema violencia presente en Chihuahua, el elevado número de feminicidios que ha colocado a Chihuahua como uno de las tres entidades con el mayor número de ellos.

Luego seguiría un relativamente corto período de aparente calma en este tema, y en el de los homicidios, hasta que, ya en el gobierno de Reyes Baeza, a la mitad, se desató el infierno sobre Juárez y Chihuahua.

Se convirtieron en las urbes más violentas del planeta, ante la ineficacia de los gobernantes federal y estatales (Calderón, Reyes Baeza y Duarte) y de las fuerzas policiales y militares.

No podrá encontrarse mejor muestra de su ineficacia e ineptitud; además del elevado grado de corrupción existente, pues en un momento dado en Chihuahua llegaron a estar más de 10 mil elementos de la Policía Federal y de la Sedena, dedicados, según las frases de sus mandos y los gobernantes, a combatir al crimen organizado.

No obstante se contaban por decenas las ejecuciones diarias en ambas ciudades, las extorsiones y los secuestros, además del robo centenario de vehículos.

Fue una negra y larga noche.

No culmina aún. Tuvimos un breve respiro a la entidad entre 2012 y fines de 2015, sin que desapareciera del todo, al tiempo que se fortalecía en amplias zonas del occidente de la entidad, convirtiendo a la ciudad de  Cuauhtémoc en el centro de la violencia de muy extensas áreas de la Sierra Tarahumara.

Los aparentes “respiros” eran eso, sólo aparentes.

Los homicidios cometidos de 2009 a la fecha colocan a Chihuahua en el primer lugar nacional.

Realidad tan terrible muestra la incapacidad de tres gobernadores -Reyes Baeza, César Duarte y Javier Corral- y de tres presidentes de la república -Felipe Calderón, Ernesto Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador- para combatir al crimen organizado en una de sus vertientes más dolorosas, la de los homicidios.

Y si la diversidad de mandatarios estatales y nacionales incapaces abarca a los emanados de los tres partidos más importantes de México -PAN, PRI y MORENA-, en el ámbito municipal se reproduce, pues ahí podríamos incluir a quienes ejercieron el poder en Cuauhtémoc, emanados de Morena.

Estadística tan dantesca ilustra el papel estratégico de Chihuahua en el narcotráfico internacional. A pesar de ello, ninguno de los presidentes ha intentado, por lo menos, aplicar una estrategia eficaz para combatirlo; lo peor, que muchos de quienes han tenido responsabilidades mayores en esa tarea, las han tenido en el ámbito local, y nada ha pasado.

Ese es el caso del actual Fiscal General de Chihuahua, quien fue durante largos tramos del pasado, delegado de la PGR en Chihuahua.

Pero si en el ámbito de la seguridad pública el retroceso es evidente, en el de la economía pareciera que nos paralizamos -y no solo a causa de la pandemia- pues la estructura de la actividad económica, en lo esencial, no ha cambiado.

Ello se ha convertido en uno de los factores promotores de la política de agudo endeudamiento en los gobiernos de Duarte y Corral (debido al casi nulo crecimiento de la recaudación fiscal), hasta llevar a Chihuahua a convertirse en la entidad con la deuda per cápita más elevada.

No es en descargo de los gobernantes estatales, al contrario, los muestra como incapaces de innovar en aspecto tan determinante de la vida de los chihuahuenses, que se refleja en dos de las actividades económicas más importantes de Chihuahua: La industria maquiladora y la producción de ganado.

Nadie pedirá a estas alturas -y menos en plena pandemia- que se cambie el actual modelo maquilador del estado, pero no han sido capaces de aprovechar tal característica y diseñar una política que nos permita aportarle algo más que el 2% de los insumos locales a esa industria. Nuevo Léon le aporta el 20%.

Igual ocurre en el ganado. Somos, fundamentalmente, exportadores de carne en pie y altos consumidores de carne procesada. Igual que hace casi dos siglos.

Imposible abordar en tan breve espacio el total de la realidad de Chihuahua.

Agregaré un aspecto. A pesar de las muy frecuentes tragedias que nos azotan diariamente, hemos logrado amainar la extendida, irracional y “normalizada” violencia en contra de las mujeres.

No es una paradoja asentar lo anterior, en virtud de que Chihuahua se mantiene en los primeros lugares nacionales en violencia doméstica, en contra de las mujeres y en los feminicidios.

Cifras tan espantosas reflejan el elevado grado de salvajismo presente en nuestra sociedad, a la hiperreacción de muchos hombres ante la creciente noción de independencia y libertad de las mujeres de nuestra tierra; pero también refleja mucho de lo que aún necesitamos inculcar en los chihuahuenses, pues da terror pensar en que si no se hubiese realizado lo hecho hasta hoy en esta materia, cómo estaríamos.

De todo esto escribimos a lo largo de tan extensa y apasionante travesía, por ello mi eterno agradecimiento a los directivos de El Diario, pero, sobre todo, a usted que accede a estas líneas; sin todos ustedes no habría sido posible pergeñar tantas cosas como las que aquí hemos descrito.

REGRESO A CLASES.- Es una absoluta insensatez pretender regresar a las clases presenciales -de manera uniforme en todo el país- justamente cuando estamos al borde de, quizá, la ola más fuerte de la pandemia.

El manejo del gobierno federal ha originado cifras de espanto, las que se pueden acrecentar sin control alguno, pues, como a lo largo de toda ella, los números que le importaban al gobierno eran las del número de hospitalizados e intubados.

Regresar a clases de manera presencial, sin preparación alguna; esto es, sin la aplicación masiva de pruebas, sin la vacunación de los mayores de 12 años, sin el equipamiento necesario para mantener ventiladas las aulas (¿Y en el invierno, cómo mantenerlas ventiladas?), los medios de transporte y los centros de abastecimiento de la gente que se incorporaría masivamente a la actividad escolar y paralelas, es llevar a la población a una etapa de más contagios, más hospitalizados y más muertos.asertodechihuahua@yahoo.com.mx

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