19 octubre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

¿Reciclamiento? ¿O abierta reconstrucción?

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Luis Javier Valero Flores.

A mediados de mayo del 2017, invitado por el Consejo Estatal de Morena-Chihuahua, ofrecí una charla a sus integrantes. Faltaba un año para la memorable elección de 2018 y ya se anotaban un conjunto de protagonistas políticos en busca de alguna de las candidaturas del partido de la esperanza de México.

Las encuestas aún no mostraban a López Obrador como favorito.

En la parte final de la plática, esto se planteó:

“Frente a tal panorama ¿Qué debe hacer Morena en Chihuahua? Comprarse una manilla de cátcher pues le van a caer votos a raudales. No van a saber de dónde vendrán.

Pero tendrán una enorme responsabilidad: Designar buenos candidatos a todos los puestos de elección. En estas condiciones cualquiera de ellos puede ganar, en cualquier puesto.

Y donde quiera el clamor es el mismo.

Voy a decirlo en el lenguaje coloquial chihuahuense:

No reciclen políticos, Morena no tiene porqué cargar con el desprestigio de la clase política, tiene en sus filas hombres y mujeres de valía que pueden darle un cambio a la forma de hacer política en México.

Ojalá que sean de izquierda, porque ese es el más importante de los retos de Morena, construir la hegemonía del pensamiento de izquierda en el país, y eso sólo se logrará con posturas de izquierda que permeen en la población; no basta estar en contra de la mafia del poder, se necesita contar con una ruta crítica para la transformación radical del país.

Está obligado a llevar a la función pública a mejores ciudadanos que los llegados al poder postulados por el resto de los partidos en los gobiernos del régimen anterior.

Por una razón, porque esgrime ser el partido de izquierda en México.

De ese tamaño es su reto”. (Aserto.mx, 1/V/2017).

Cara saldrá la factura, al gobierno de AMLO y a Morena, de la meta de alcanzar la mayoría en la Cámara de Diputados.

No solo eso está en el aire; hay, quizá, un asunto mayor y de más largo alcance, que impactará seriamente en el rumbo del país para las próximas décadas: La viabilidad de Morena como el partido de la izquierda mexicana.

La designación de sus candidatos en los dos procesos electorales federales anteriores, más los locales posteriores a 2018 y lo que ahora presenciamos a lo largo y ancho del país, va en el sentido contrario del aserto anterior: No se está construyendo la opción de izquierda democrática que necesita México.

Al contrario.

Es esquizofrenia política pura lo realizado por la dirigencia nacional de Morena en las designaciones de la mayoría de los cargos más importantes: Mientras su líder, el presidente López Obrador, despotrica todos los días en contra de los adversarios de la 4T, en esa misma proporción, todos los días, el partido fundado por él postula a decenas de integrantes de los partidos de la antigua mafia del poder, a todos los cargos.

Hasta en las regidurías de los municipios más pobres del país.

Es inconcebible.

Se trata del proceso más amplio y extendido del reciclaje de muchos integrantes de la clase política mexicana, particularmente de los dos partidos insignia del viejo régimen, PRI y PAN.

Pero no solo. En ese reciclaje van incluidos quienes proceden de otros partidos marginales del antiguo régimen de partidos en México. En el colmo, pacta alianzas con los partidos más desprestigiados (si los hubiera por encima de los partidos insignia) a los que les entrega porciones desmesuradas del poder público.

Las alianzas más que pragmáticas de Morena: Con la cúpula sindical magisterial; con el partido de los clanes familiares enmascarados de un  supuesto izquierdismo; con la derecha cristiana y con los verdes más antiecologistas del planeta.

Por momentos y regiones, ese reciclaje parece más bien una auténtica reconstrucción de los grupos políticos que dirigieron al país bajo las banderas y emblemas del tricolor y el blanquiazul.

Fruto de tal estrategia, por ejemplo, ningún militante de Morena encabeza las planillas municipales, por lo menos, de 6-7 de los municipios más poblados de Chihuahua: Juárez, Chihuahua, Cuauhtémoc, Delicias, Meoqui, Camargo, Jiménez, Guachochi.

Lo mismo ocurre en los municipios más pequeños y en muchas de las candidaturas a las diputaciones, tanto locales como federales.

Son verdaderos atropellos a una base militante que en las peores condiciones fueron capaces de construir una opción política que en cuestión de muy pocos años logró la presidencia de la república.

Es indudable la aportación de López Obrador, pero no bastaba, hoy ese bagaje político está siendo desechado de la peor manera. Ciertamente hay excepciones, pero eso son.

Llegan al colmo de que dos expresidentes estatales del PRI sean los candidatos en las alcaldías de Chihuahua y Cuauhtémoc (Marco Adán Quezada y Lupita Pérez, respectivamente); que uno del PAN sea el candidato a la alcaldía juarense (Cruz Pérez Cuéllar); que un ex candidato a gobernador del PAN sea el coordinador de las candidaturas a las diputaciones federales (Carlos Borruel); que una de las más conspicuas operadoras del exgobernador Duarte y del exalcalde Enrique Serrano ocupe el segundo lugar de la lista plurinominal, luego de ser la candidata del PRI a la presidencia municipal juarense en 2018 (Adriana Terrazas Porras); que un expresidente estatal de Morena, expulsado por no apoyar la candidatura de Morena al gobierno estatal en 2016, y luego destacado integrante del gabinete de Javier Corral, a pesar de los excesos represivos de este gobierno, sea el candidato a diputado (Víctor Quintana).

También, que la ex presidenta del PRI municipal de Juárez en el duartismo, Mayra Sánchez, exdiputada local priista y actual jefa de Jóvenes Construyendo el Futuro, haya quedado como candidata de MORENA a diputada por el cuarto distrito electoral local. (Para engrosar la ya muy gruesa cartera de la picaresca nacional, Chávez es quien fuera dirigente municipal priista y que, para elevar el número de afiliados a su partido recurrió al expediente de forzar a los cadetes de la policía municipal juarense a que se afiliaran, ellos y sus familias).

Además, fruto de las alianzas, uno de los operadores del gobierno duartista, Fermín Ordóñez, sea candidato a diputado local del PANAL y Morena en un distrito capitalino.

O la postulación de María Antonieta Pérez como candidata a diputada en Juárez, luego de ser la candidata a la presidencia municipal por el PAN en 2016.

No hay manera de encontrarle racionalidad a tal estrategia ¿Cómo pensar que el proyecto de la 4T pueda ser concretado por operadores del antiguo régimen? (Por supuesto que no pensamos que estemos en uno nuevo, se usa tal término solo de manera ilustrativa).

Más aún, faltaría esperar la respuesta de los votantes de Morena, que muchos respaldarían a los candidatos por ser del mismo partido que el mandatario pues estarán, en la boleta electoral, ante nombres que en el pasado eran de los partidos que se oponían a los proyectos, candidatos y emblemas de la izquierda mexicana.

Por supuesto que en tal conjunto de candidatos habrá quienes en el pasado tuvieron una buena actuación en su paso en la administración pública, de acuerdo con los límites que les imponía el viejo estado de cosas, pero aquí el problema es que el presidente y su partido le están presentando a la sociedad un proyecto de plena continuidad del régimen.

Ahora bien, a estrategia de tales características y dimensiones no puede ser ajeno al presidente, no lo es. López Obrador es un político que todo lo desea mantener bajo su control, obsesivamente.

La designación de los candidatos a las gubernaturas, a las alcaldías de las capitales estatales y de las principales ciudades del país no podrían transitar sin su visto bueno. Fueron viles dedazos. Incluso designando candidatos que se habían inscrito en la búsqueda de otras posiciones.

Es un verdadero atropello a la base y postulados del morenaje.

Y se equivocan los morenistas que le achacan al delegado del Comité Nacional, José Ramón Enríquez, la autoría de las designaciones (sin descartar que en algunas fue determinante); su actuación obedece a una estrategia nacional que aplica Mario Delgado, el dirigente nacional, obedeciendo a una directriz presidencial, a la que, repetimos, no se le encuentra racionalidad alguna.

A estas responsabilidades no escapa el candidato al gobierno de Chihuahua, Juan Carlos Loera.

Deberá asumir los costos de sus propios actos, como los de nombrar a Carlos Borruel como “enlace” de los candidatos a las diputaciones federales.

Es un error, más allá de los juicios que se pudieran hacer del ex panista. Igual ocurre en el caso de la ex dirigente del PRI municipal juarense, Mayra Chávez, o de la postulación de Adriana Terrazas Porras, o la de apoyarse en su candidatura en la región de Delicias en los más representativos priistas del duartismo en la zona, hecho que quedó demostrado en aquel lamentable y criticable episodio en el que decenas de productores agropecuarios lo acosaron durante horas y le impidieron viajar. Como lo dijo un “amlover” de cepa: “¿En esta mescolanza, habrá quien pueda tacharme de desleal a Andrés Manuel? ¿Habrá quién tenga autoridad moral para e

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