26 mayo, 2022

El Devenir

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Actividades en el marco del “Dia Mundial del Libro” en la Biblioteca Carlos Montemayor

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Viviana Mendoza.

En el marco del “Dia Mundial del Libro” este sábado 23 de abril en la Biblioteca Carlos Montemayor se realizaron diversas actividades de difusión de la lectura por parte de la Secretaría de Cultura de Chihuahua y Salas de Lectura. 
Una de esas actividades realizada en los jardines de la biblioteca fue la plática del escritor Édgar Trevizo, Isabel Mier y Yukary Morales sobre sus perspectivas en torno al libro de Anna Świrszczyńska:

“Construyendo la barricada” y cómo refleja realidades que son todavía actuales, además de acercar a la perspectiva de quienes lo viven, generando una empatía que no es tan fácil de conseguir al hablar de datos como pasa con los historiadores y los medios de comunicación tal como ocurre con la guerra en Ukrania y las muchas muertes que siguen siendo noticia en México.  

En este caso la autora vivió las experiencias que narra y convivió con sus protagonistas cuando no fue algo sufrido “en carne propia”:

Anna Swir (Świrszczyńska) nació en Varsovia, Polonia, en una familia artística, aunque empobrecida. Trabajó desde muy temprana edad, manteniéndose a sí misma mientras asistía a la universidad para estudiar literatura polaca medieval. En la década de 1930, trabajó para una asociación de maestros, se desempeñó como editora y comenzó a publicar poesía. Swir se unió a la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial y trabajó como enfermera militar durante el Levantamiento de Varsovia; en un momento estuvo a una hora de ser ejecutada antes de que se salvara. Además de poesía, Swir escribió obras de teatro y cuentos para niños y dirigió un teatro infantil. Vivió en Cracovia desde 1945 hasta su muerte por cáncer en 1984.   Sus poemas se han recopilado traducidos al inglés en “Construyendo la barricada” (1974), “Feliz Como Cola de Perro” (1985), “Gordo como el Sol” (1986) y “Hablando con mi cuerpo” (1996). 

Ahora se puede tener “Construyendo la barricada” gracias a la traducción publicada por Medusa Editores con la traducción de Edgar Trevizo. 

Este libro de poesías trata de mostrar lo vivido durante el Levantamiento de Varsovia, uno de los eventos más trágicos de la Segunda Guerra Mundial. La destrucción que trajo a una ciudad de más de un millón de personas solo puede compararse con la destrucción que sufrió Hiroshima. Varsovia se transformó en un páramo lleno de cadáveres, ruinas y cenizas humeantes. La parte de la población que sobrevivió al infierno fue expulsada y deportada a varios campos de concentración
Tal como la autora explica:

“El patrimonio cultural de valor incalculable que se había acumulado en Varsovia a lo largo de los siglos por innumerables generaciones de polacos fue completamente destruido. Los espléndidos palacios, el Castillo de los Reyes Polacos, las iglesias históricas, las ricas colecciones de arte, los museos, las bibliotecas, todo se convirtió en cenizas y escombros. La flor de la joven intelectualidad, que se había criado en un amor romántico por la libertad, pereció. Lo mismo hicieron miles de niños heroicos, los soldados más jóvenes del mundo a los doce y trece años: con un coraje sin igual se arrojaron contra los tanques, bombas de gasolina en la mano, y llevaron despachos bajo una lluvia de balas. El ejército alemán que luchó contra los insurrectos estaba muy bien equipado; tenía bombarderos, tanques, cañones autopropulsados ​​y lanzallamas. Los sublevados tenían pocas armas, limitadas principalmente a pistolas y granadas. Las personas para quienes incluso estas armas escaseaban a menudo se las quitaban al enemigo con sus propias manos. Los sublevados padecían hambre y frío; no tenían medicinas ni vendajes. A pesar de todo, lucharon heroicamente, en la creencia de que el fervor y el sacrificio personal compensarían la fuerza abrumadora del enemigo”.

Aquí una muestra de esa poesía: 

“Ese mocoso”: Por la mañana, cuando empezó a colocar las botellas de gasolina en la puerta de entrada, el conserje maldijo como un loco.
Ese mocoso le sacó la lengua hasta el final.
Por la tarde los soldados lo trajeron de regreso, había incendiado un tanque.
Ahora el conserje maldijo en voz más baja mientras cavaba un pequeño agujero en el patio para ese mocoso.

“Una conversación con las madres” (Esta no fue leída en la presentación):
Él va al cautiverio como si llevara los cuerpos de sus muchachos que han sido asesinados. Repite en un susurro, repite sin cesar sus nombres de dieciocho años, ve los ojos de sus madres, lo miran.

“A tu hijo lo mataron defendiendo la barricada que ya no está, defendiendo la casa que ahora se desintegró en escombros, en arena fina. Tu hijo murió defendiendo la calle que dejó de existir. Por esos ladrillos, por esos escombros, por esa arena dieron sus cuerpos vivos. Los conduje a su muerte y estoy vivo”.

Los alemanes están diciendo: Date prisa, teniente, date prisa en cautiverio. Pero no puede moverse más rápido, lleva los cuerpos de sus muchachos.

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