jueves, agosto 11, 2022

Mundo

Biden pierde oportunidad de oro para unir a las Américas y ver un futuro de progreso

Esta Cumbre de las Américas, como muchas otras, será otra oportunidad perdida. Hay tres países excluidos: Cuba, Nicaragua y Venezuela. México tendrá a su Secretario de Relaciones Exteriores (SRE), no al Presidente. Se hablará de “un futuro sustentable” pero nadie piensa ni en los sin casa del centro de Los Ángeles ni en los millones de marginados de todo el continente.

Los Ángeles, (SinEmbargo).- Convertida en una kermés de buenas voluntades, donde ministros y presidentes se ven la cara sin verse a los ojos, la Cumbre de las Américas cumplirá esta semana con la encomienda tibia para la que fue creada. Apenas hace unas horas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) hablaba de calamidades en el horizonte: desempleo, inflación histórica, menor crecimiento y las peores perspectivas para las mujeres. Pero la Cumbre verá todo de reojo y cerrará, seguramente, chocando las copas.

En las calles ya están los pósters que anuncian el evento que presume ser la máxima reunión de los países de un continente unido por la gran potencia, Estados Unidos. Los funcionarios llegan, se toman la foto oficial, platican de temas urgentes y se van luego de prometer que pondrán manos a la obra en el tramo que viene. 

Había de por sí pocas esperanzas en que esta Cumbre fuera distinta. El Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, intentó estirar la liga para concretar algo meramente protocolario y diplomático que fue el pedir invitaciones para todos los países del continente para cumplir, por lo menos, con el nombre del evento. Se topó con pared. Tampoco se le podía pedir al anfitrión, Joe Biden, demasiadas cosas: América Latina pagará con más pobreza, según la Cepal, por una guerra que tiene ocupado y aparentemente encantado a Estados Unidos. Ni modo que Biden detuviera la máquina que se echó a andar en Ucrania para responder a sus vecinos del sur. Ni Biden ni Estados Unidos hacen eso. Por eso la Cumbre se anticipaba hueca.

En la última reunión entre Joe Biden y López Obrador, el tema de la Cumbre fue uno de los que compartieron a medios de comunicación. Si bien el Presidente de México no es asiduo a las giras en el extranjero acordó que con la Cumbre de 2022 haría una excepción.

Pero semanas antes de estos días, dijo sí a otra gira, una por Centroamérica y El Caribe. Fueron cinco días en los que renovó una aspiración que trae en manos desde hace tiempo, que es la formación de un bloque latinoamericano similar a lo que es la Unión Europea.

Fue después de esa gira en la que dijo: si no invitan a todos los países a la Cumbre, no será Cumbre de las Américas y optó por condicionar su asistencia. Esperó al último momento para dar a conocer su decisión y un día antes de que Joe Biden llegue a Los Ángeles, López Obrador desde Palacio Nacional lanzó el “no”. 

Y es que una Cumbre de las Américas en las que se hable de los temas de Estados Unidos en medio de una crisis económica que recrudece a diario la desigualdad puede provocar agruras en más de uno.

Ahí están los datos de la Cepal: las economías de la región enfrentan problemáticas como el conflicto en Ucrania, la persistencia del COVID-19 y el incremento de los precios de la energía y de los alimentos. Eso se suma a los problemas internos, que son la fuerte desaceleración de la actividad económica, aumentos de la inflación y una lenta e incompleta recuperación de los mercados laborales, lo que aumenta la pobreza y la desigualdad.

Y los datos también muestran que el panorama para EU no es distinto: el crecimiento para este año se prevé de 2.8 por ciento, es decir, 1.2 puntos porcentuales por debajo de lo que se proyectó en diciembre de 2021.

La misma zona en donde se llevará a cabo este encuentro de presidentes y mandatarios invitados habla de la raíz del problema. El Centro de Los Ángeles es como las Américas: los autos de súper lujo cruzan las avenidas y en las esquinas, en los estacionamientos, en las escaleras al Metro o en los pórticos de negocios que cerraron por la pandemia duermen, viven, orinan y defecan poblaciones enteras de personas en situación de calle.

Por décadas ha sido así. Los desamparados han habitado el Centro de Los Ángeles en oleadas que dependen de qué tan duro es el siguiente alcalde. Algunos insensibles los corren. Otros intentan mandarlos a refugios o darles un empleo aunque sea temporal. En realidad todas las propuestas no se convierten en soluciones de fondo. Como la Cumbre de las Américas, igual: no resuelve pero existe; no ofrece nada y ahí está.

El centro de Los Ángeles, con sus rascacielos con vista a Hollywood y sus banquetas que huelen a orina, será también escenario de la Cumbre de los Pueblos, un encuentro de sindicatos, activistas, líderes de comunidades indígenas o denominadas “progresistas”; organizaciones de base, músicos y hasta viejos hippies greñudos que contrastan con los oficinistas de corbata que ocupan los espacios por aquí.

Se trata de un intento por contrarrestar la cumbre hecha para que se paseen funcionarios de primer nivel que no buscan mover demasiado las cosas y que son especialistas en mandar bajo la alfombra las tachuelas y los clavos de las Américas. En contraste, la Cumbre de los Pueblos pretende debatir sobre las distintas democracias: la democracia económica que lleve equidad a los pueblos; la democracia social que acabe con el racismo que se expresa en toda la región. Y la democracia política que no le haría nada mal a muchos de los países que no fueron invitados.

A esta cumbre de los de abajo, se unen también los frentes sociales que buscan respuestas para problemas puntuales: la migración de Centroamérica, el desempleo en toda la región, la falta de oportunidades y las crecientes olas de violencia que azotan desde la Patagonia hasta el Río Bravo. Los temas que la Cumbre de las Américas muy difícilmente tratará.

Lo cierto es que esta Cumbre de las Américas, como muchas otras, será otra oportunidad perdida. Hay tres países excluidos: Cuba, Nicaragua y Venezuela. México tendrá a su Secretario de Relaciones Exteriores (SRE), no al Presidente. Se hablará de “un futuro sustentable” pero nadie piensa ni en los sin casa del centro de Los Ángeles ni en los millones de marginados de todo el continente. Los niños que recorren kilómetros sin sus padres, las familias separadas, los bloqueos económicos y el aislamiento no son tema de esta reunión como no lo fue de otras.

Tal cual, otra oportunidad perdida. (Alejandro Páez y Daniela Barragán)