13 junio, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Cuidado con los comunicadores: encubren o inventan a veces

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Mario Alfredo González Rojas.

Las campañas electorales pasan como el agua de los ríos, con inmundicias y con la transparencia del líquido vital. En esa circunstancia, nos encontramos para decidir finalmente el destino del voto. Mucho tienen que ver en ese panorama, los medios de comunicación, que son el puente para conocer a un candidato.

Lo bueno y lo malo, la mentira y la verdad pasan por nuestro examen durante la campaña, y ya cuando termina esta y se realizan los comicios y vienen los resultados, como por arte de magia se desaparecen las biografías de estos personajes. Más bien ya no importan, ya para qué. Como dicen: “al hecho, pecho”. Es como el final feliz de una película, con un beso se acaba el drama y se borran todos los sinsabores que se vieron y acaso se sufrió como espectador.

El votante en potencia dice: ese candidato habla bien, se ve honrado, se me hace que puede hacer un buen papel como presidente, o gobernador, o diputado, con el sello que sea. Pero no sabe nada de su vida pública, si se fue largo con el cajón, con las dádivas para encubrir, si tiene nexos con el narco, o con el huachicoleo, etc. El periodista nunca dijo nada, porque recibía “chayotes”, o dijo de más, en apoyo de su adversario de este. Y uno como el chinito, “nomás milando”, todo ignorante porque pues no es detective y si no lo lee o lo ve en televisión, no hay manera de enterarse.

Y así un pillo es coronado rey por medio del voto y muy campante se va a sentar en la silla, curul, escaño, lo que sea. Por eso siempre se ha dicho que la democracia no es perfecta, pero es el menos imperfecto de los sistemas, al menos eso se ha dicho desde que Clístenes la creó. Este ateniense hace unos dos mil 500 años introdujo el gobierno democrático en la antigua Atenas.  Sin embargo, realmente, no la llamó democracia o gobierno del pueblo, sino isonomia, que era igualdad ante la ley.

El pueblo elige a sus gobernantes en forma directa o indirecta, pero es el gran elector en la democracia. Elige lo que le ponen enfrente, sin saber a veces quién es esta persona, a la que le tapan los periodistas todas o parte de sus pillerías, o le cuelgan las que no le corresponden; y en caso contrario, lo pintan como el mismo hijo de Zeus. Mucho ojo con lo que elegimos, “caras vemos, corazones no sabemos”.

Cuidado con los medios de comunicación. Como dijo el poeta Enrique González Martínez: “Busca en todas las cosas un alma y un sentido oculto; husmea, escudriñante el ojo y aguzado el oído”.

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