24 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Discriminación ante los avances tecnológicos

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Benito Abraham Orozco Andrade.

Hace unos días, mi esposa acudió a realizar un retiro de un cajero automático, y a un costado se encontraba una señora de edad avanzada pretendiendo hacer lo propio en otro aparato similar, pero tenía dificultades para lograrlo. Cuando mi esposa concluyó su operación, dicha persona le solicito que la apoyara.

Mi cónyuge le preguntó que si cuál era el problema, a lo que la persona respondió que con el reflejo de las luces en la pantalla del cajero y en sus anteojos, no le era posible leer lo que iba apareciendo en la pantalla, además de que en general se le complica hacer disposiciones en tales aparatos. En consecuencia, se le ofreció el auxilio correspondiente y pudo lograr su disposición de dinero.

De acuerdo con el informe “Perspectivas de la población mundial 2019” de la ONU, “en 2050 una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 65 años (16%), más que la proporción actual de una de cada 11 en este 2019 (9%). Para 2050, una de cada cuatro personas que viven en Europa y América del Norte podría tener 65 años o más. En 2018, por primera vez en la historia, las personas de 65 años o más superaron en número a los niños menores de cinco años en todo el mundo. Se estima que el número de personas de 80 años o más se triplicará, de 143 millones en 2019 a 426 millones en 2050”.

Es claro que la población adulta mayor va en aumento, al igual que los avances tecnológicos en general, pero la asimilación de estos últimos por parte de la mencionada población, cada vez es menor. Ya a partir de los cuarenta o cincuenta años, la capacidad de aprendizaje va en decremento, y de los sesenta o sesenta años en adelante tiende a ser mayor ese descenso.

Desde que se implementó privilegiadamente la atención telefónica en múltiples servicios (los mentados números ochocientos), cada vez se va complicando más la solución de problemas y/o la contratación de bienes y servicios. Claro que en algunos casos, como sucede con los bancos, si vas a solicitar un préstamo o una tarjeta de crédito, no tienes dificultades para esa comunicación telefónica, escuchándose perfectamente la conversación con el funcionario bancario. Pero si el propósito es hacer un reclamo o solicitar la cancelación de una tarjeta de crédito, la nitidez de la voz de quien atiende se pierde casi por completo. Lo anterior, aunado al verdadero laberinto telefónico que se presenta para poder elegir y llegar a la extensión correcta. Imagínense lo que ocurre con una persona que ya no escucha bien y que además ya no cuenta con la paciencia y con la concentración de antes.

También existen situaciones en las que, para realizar determinadas compras de bienes o servicios, únicamente se pueden efectuar vía internet o por algún otro medio electrónico. Aquí lo que pudiera hacer una persona adulta mayor -o cualquier otra- que no esté familiarizada con ese tipo de medios de comunicación, es recurrir a una persona de su confianza que conozca sobre el particular y que le pueda auxiliar, pero de no ser así, no le queda más que privarse de esa compra o pago de servicio, en su caso.

Simplemente respecto de los teléfonos celulares que lamentablemente se están volviendo “indispensables” por diversos motivos, no es sencillo aprender a utilizarlos, y cuando los fabricantes los van volviendo obsoletos dolosamente para que se adquieran otros más modernos, pues hay que volver a empezar con un nuevo aprendizaje.

Lamentablemente esos vertiginosos avances tecnológicos y el afán consumista, no han ido aparejados de modalidades simples o tradicionales que consideren a las personas adultas mayores o a cualquier otra que no tenga la capacidad de asimilación respectiva, incluso ni la posibilidad económica.

Los jóvenes de ahora serán los adultos mayores del mañana, por lo que responsablemente deben ir allanando su futuro desde ya, poniendo en práctica las condiciones necesarias para que los rezagos que indefectiblemente son consecuencia del paso de los años, no sean desventaja para nadie.

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