martes, agosto 16, 2022

Buzón

¿Dónde quedó la placa del busto de Jesús Urueta, en la Ciudad de Chihuahua?

Ayer, 6 de marzo, Día de la Familia, me fui con mi hija, mi yerno y mis dos nietos al Parque Urueta, el que usted conoce y que fue panteón hace muchos años. Era día de papalotes por el fuerte ventarrón que azotaba.

Isaac, el menor de los  nietos, cuando contaba con dos años de edad gustaba mucho de acercarse a contemplar el busto de Jesús Urueta, el que fuera escritor y  político; ya a la hora de retirarnos, siempre pedía que lo lleváramos otra vez a ver la obra que representa, a quien en vida (y ahora) se le llamaba “El príncipe de la palabra”,

Pues ayer, grande fue nuestra sorpresa al acercarnos al busto, porque ya no tiene la placa que contenía datos breves y sustanciales, de ese personaje nacido en esta Ciudad de Chihuahua, el 9 de febrero de 1867, y fallecido en Buenos Aires, Argentina, el 8 de diciembre de 1920, cuando se desempeñaba como ministro plenipotenciario de nuestro país. No sé desde que momento le hurtaron la placa.

Mi yerno Iván, mi hija Ángela y los dos chilpayates, Isaac y Angel y yo, nos miramos asombrados de que luciera desierta la base del busto, así, sin nada que lo identificara. Vino a mi memoria, que un día el escritor Martín Barrios Álvarez, me contó, siendo este que teclea, un muchacho, que le tocó ver a Urueta, cómo ensayaba ante un espejo sus ademanes oratorios. Todo esfuerzo tiene un premio, sin duda. Chucho (como así le llamaba, Barrios, el que fue gobernador interino en el gobierno de Alfredo Chávez 1944-1950) Urueta, afinaba su técnica oratoria con demasiada frecuencia. No en balde, por eso a la fecha se le conoce como “El príncipe de la palabra”.

Este brillante orador, fue secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno Constitucionalista en 1914, además diputado en el gobierno de Madero.

Los hombres se van, pero queda su obra, pensé, relacionando a Urueta, con la pérdida de la placa, pero de todas maneras duele que unos malandros se hayan robado la plancha que identificaba al orador, para conocimiento de los paseantes del parque.

Barrios Álvarez, a propósito, uno de los impulsores de la creación de la UACH, tenía el libro de Urueta, “El arte de hablar en ´público”, que por cierto no me prestó como me lo prometió, me hizo admirar a este ilustre chihuahuense. Mismo, que ahora pasa sin pena ni gloria, ante la mirada de los visitantes al parque, quienes lo ven como un “ilustre desconocido”.