17 junio, 2021

El Devenir

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El petróleo y la guerra cristera

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El petróleo y la guerra cristera

 (Tercera y última parte A)

“Mi padre a los catorce o quince años, fue correo de los cristeros y traía en una canasta de pan, relataba él […], cartas, correspondencia y en alguna ocasión cartuchos a un grupo de cristeros” Felipe Calderón Hinojosa Presidente de México por el PAN de 2006 a 2012

         Unas páginas atrás: Entre 1917 y 1926, el clero católico no se resignaba a la realidad que le fijaba la nueva CPEUM. La nación mexicana no se estabilizaba del todo. De hecho, se seguía viviendo en pleno período preconstitucional y en un ambiente radicalizado. Cualquiera actitud del clero en contra de la Constitución de 1917, promovida por esos años, hubiera sido aplastada brutalmente y generado, incluso, medidas más radicales.

         El alto clero esperaba que en ese ir y venir de caudillos y gobiernos de la Revolución, surgiera al fin el gobierno que la Iglesia necesitaba para promover sus demandas. Como era su costumbre, astutamente acechaba el momento oportuno.

         Ese momento llegó, cuando surgió el CONFLICTO ENTRE EL GOBIERNO DE MÉXICO Y LAS COMPAÑÍAS PETROLERAS EXTRANJERAS  a causa de la nueva legislación sobre el dominio de los recursos del suelo y subsuelo de todo el territorio patrio (Art. 27 Constitucional). El alto clero mexicano consideró que con la ayuda de los católicos norteamericanos y de las empresas imperialistas lograría derribar al gobierno mexicano. Entonces planteó el “problema” de la LIBERTAD RELIGIOSA.

         Como en no pocas ocasiones, el clero católico estaba en el camino de la rebelión armada. Por lo pronto, tenía a su favor la disposición amigable de ciertos grupos conservadores de los USA, mismos que creían contar a su vez con la simpatía del presidente Herbert Clark Hoover; animados además por el Papa Pío XI, resolvió lanzarse a la cruel Guerra Cristera.

         Prosigamos pues, con la tercera y última parte A del tema histórico en referencia.

         Durante la entrevista que tuvo el embajador de los USA, con el presidente Plutarco Elías Calles; Mr. Sheffield insistía: “Mi gobierno se resiste a creer que el conflicto religioso no es otra cosa más que una cortina de humo para que usted no esté de acuerdo en cumplir con los Acuerdos de Bucareli.

         “– ¡Señor embajador! –se indigna el general Tejeda, pero Sheffield no se amilana.

         “– ¡Con todo respeto, señor presidente –dice Tejeda–, no veo la razón de seguir escuchando a un hombre que,  evidentemente, pretende seguir con la política del garrote de Roosevelt y con el ánimo injerencista de Henry Lane Wilson –y se lanza sobre Sheffield–: ¡Como si no estuviésemos nosotros más que seguros de que son ustedes los norteamericanos los que están utilizando el conflicto religioso y la supuesta inestabilidad que provoca en México, como un mero pretexto para una nueva invasión militar…!

         “–Rumores… Rumores confirmados por la prensa de su país… Muy bien, señor embajador, hablemos de estos rumores. Pero quisiera que me aclarara, en primer lugar, quién está desatando estos ‘rumores’ en la prensa americana, porque toda esa información ha sido filtrada por su embajada.

         “–Según mis servicios de Inteligencia, son dos las personas que le murmuran al oído al presidente Coolidge que la solución al ‘problema mexicano’ es una invasión militar. Una de ellas es el secretario de Estado, Frank Kellog. Y la otra persona está sentada frente a mí. 

         “–Sheffield, el adusto banquero, siente su rostro invadido por un tono bermejo que su blanquísima piel no puede ocultar. Ríe nervioso.

         “– Oh, come on, come on! –Y pretende cambiar el peligroso rumbo por el que la conversación de ha dirigido–. El asunto se puede resumir de la siguiente manera, señor presidente: usted quiere ganar su ‘cruzada’ religiosa  y yo quiero hacer negocios. Usted necesita nuestro dinero. Nosotros su petróleo. It’s quite simple, isn’t?

“Por otra parte, siempre he creído que los Estados Unidos tienen la obligación moral  de ayudar a los pueblos retrasados…” Seguiremos exponiendo el presente tema, que según opinión de algunos respetables lectores, les ha parecido interesante. Desde luego, la próxima colaboración, sí será la tercera y última parte B.

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