18 octubre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Empresarios y trabajadores: ¿una dicotomía irreconciliable?

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Opinión.

Históricamente, los intereses de quienes son dueños o directivos de una industria, negocio o empresa, se han considerado como diferentes, e incluso, contrarios a los de las personas que emplean, en razón de la pretensión de obtener las mayores ganancias posibles sin importar el bienestar de sus trabajadores y las condiciones laborales en las que se desempeñan.

En su primer párrafo, el artículo 123 de la CPEUM precisa: “Toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil; al efecto, se promoverán la creación de empleos y la organización social de trabajo, conforme a la ley”. De la disposición anterior, además de la expresa preocupación para proteger al trabajador, bien se pudiera inferir el interés por preservar a la fuente de trabajo, esto es, ver también por el bienestar y progreso de los empleadores.

            En la iniciativa de la reforma a la Ley Federal del Trabajo efectuada en noviembre de 2012, respecto de los temas y preocupaciones más recurrentes manifestados por trabajadores y patrones, se señala: “Resulta insoslayable otorgar una respuesta integral, justa y equilibrada a esta problemática para incorporar en la legislación laboral medidas que permitan conciliar por un lado, la efectiva protección de los derechos de los trabajadores y, por el otro, el legítimo interés de los patrones por encontrar mecanismos que favorezcan la competitividad y productividad de los centros de trabajo”.

            Si bien es cierto que, indudablemente no quedaron satisfechos todos los anhelos de una y otra parte, en algo se pudo haber avanzado, pues dicha reforma se proponía, entre otros aspectos:  incorporar de la noción de trabajo decente que promueve la Organización Internacional del Trabajo, así como los períodos de prueba, los contratos de capacitación inicial y para el trabajo de temporada; tipificar como delito el trabajo de menores de 14 años fuera del círculo familiar; fortalecer los derechos de la mujer trabajadora; establecer un límite a la generación de salarios vencidos para combatir la indebida práctica de prolongar artificialmente la duración de los procedimientos laborales, etc.

Por otra parte, en cuanto a las expresiones que han formulado algunos empresarios en relación a pretender beneficiar al trabajador, es de destacar la propuesta que hace años realizó Carlos Slim en lo que se refiere a la semana laboral de tres días, con una jornada diaria de once horas, con lo que se verían reducidos los costos de la empresa y se pudieran abrir más oportunidades de trabajo, logrando así un importante balance en la vida personal y el desempeño laboral. No obstante, acompaña su propuesta con que la edad de jubilación sea hasta los 75 años, lo que en lo personal no considero ni conveniente ni viable.

Asimismo, a nivel local, el empresario inmobiliario Luis Enrique Terrazas Seyffert, en su conferencia “México Digno” que impartió ante socios del Consejo de Desarrollo Regional Noroeste Gran Alianza A.C, precisó que “si tu empresa paga menos de nueve mil 499 pesos por mes a tus colaboradores, no viven dignamente” (“No queremos ser Venezuela, pero sí pagamos casi igual que ese país”, el Diario de Chihuahua, nota de Manuel Quezada Barrón, 01 de julio de 2021).

Definitivamente no es común escuchar en voz de algún empresario comentarios de tal naturaleza, sino que estamos acostumbrados a que los realicen los propios trabajadores en lo particular, o bien, a través sus organizaciones gremiales.

De igual forma, en la citada conferencia manifestó que “una familia de cuatro personas para ´vivir en la raya dignamente´ requerirá de unos 18 mil 999 pesos, según estudios de Bismark”, agregando que si la empresa no paga estos niveles salariales no contribuye realmente al desarrollo del país, porque tiene gente que no puede vivir dignamente.

            Además, refirió en base a datos obtenidos del IMSS, que al 75.1 por ciento de los trabajadores del estado no les alcanza para vivir con lo básico, y que la tendencia salarial no va bien en Chihuahua, y en lugar de mejorar va hacia la baja, por lo que es necesario hacer algo. Una realidad sumamente preocupante.

            También enfatizó que “aquí está claro con que el progreso no está peleado con pagar bien o repartir la riqueza generada”, añadiendo que “las matemáticas siempre ponen la verdad y arrojan que al menos se requiere de 18 mil 999 pesos para que una familia tipo de cuatro personas vive ligeramente bien, con lo básico”.

Finalmente, después de haber proporcionado diferente información que maneja no sólo el IMSS, sino también la OCDE y la OIT, se dirigió a los asistentes a la conferencia en comento para señalar que “es necesario tener la idea de cuánto le cuesta vivir a una familia de cuatro para que viva en la raya y qué se puede hacer para mejorar esta situación de los colaboradores”.

El escuchar al integrante de una de las familias económicamente más prominentes de nuestra entidad —¿y del país?—, con una reflexión que denota una gran sensibilidad hacia las necesidades de los trabajadores, de quienes incluso se refiere como “colaboradores”, resulta muy satisfactorio y esperanzador, ya que el hacer conciencia de que ambos intereses (de empresarios y trabajadores) definitivamente pueden ser conciliados, nos ofrece la posibilidad real de que ese sueño de justicia se cumpla. Sería ganar-ganar, ya que muy seguramente los trabajadores serían más productivos y agradecidos ante un trato digno.

 Es claro que no se está hablando de la mayoría de los empresarios mexicanos, pero ¿qué acaso no llegará el momento en que, como en los países del llamado primer mundo, los trabajadores de nuestro país también cuenten con lo necesario para que ellos y sus familias tengan una adecuada calidad de vida?

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