20 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

En el ISSSTE: ¿Servicio médico como en Noruega?

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Benito Abraham Orozco Andrade.

Para octubre de 2018, siendo ya presidente electo, Andrés Manuel López Obrador estaba prometiendo que en México se tendría un servicio médico de primera, similar al de países como Inglaterra, Dinamarca, Suecia o Noruega, entre otros. “Vamos a garantizar el derecho a la salud al pueblo de México, pero se lleva tiempo porque ¿saben quién maneja una parte de los servicios de salud? los gobiernos estatales”, señaló.

En el mismo sentido, en octubre de 2019 y enero de 2020, siendo ya presidente de la República, teniendo pleno conocimiento de las posibilidades de desarrollo del país, así como de los recursos con que se cuentan para estar en condiciones de hacer promesas responsables, reiteró su ofrecimiento de un servicio médico de primera y gratuito, además de haberse comprometido a que lo anterior sucedería a partir del primero de diciembre de 2020. ¿Se atravesó la pandemia del Covid-19? Pues sí, indudablemente afectó las economías de todos los países del mundo, pero eso no es motivo para que a ya casi tres años de su gobierno, se sigan presentando ineficiencias imperdonables, que en nada demuestran la voluntad de transitar hacia ese deseable —¿ilusorio?– sistema de salud de primera.

Si bien manifestó que su propuesta llevará tiempo en razón de que los gobiernos estatales manejan una parte de los servicios de salud, pero qué hay de los servicios que prestan por ejemplo el ISSSTE y el IMSS, ¿acaso van encaminándose hacia ese primer mundo, o siguen con una operatividad y una filosofía de servicio de quinta?

En experiencias en las que de una u otra manera las he vivido de cerca, en el caso del ISSSTE, tal parece que: no han tenido conocimiento de ese “deseo” del presidente López Obrador; no tienen la voluntad para sumarse al mismo, o; simplemente el Gobierno federal no ha implementado lo necesario para que se vaya concretando esa pretensión.

Hace aproximadamente un año, en la farmacia de la Clínica de Medicina Familiar del ISSSTE en la ciudad de Chihuahua, una derechohabiente que acababa de ser atendida en la ventilla para surtir su receta, sumamente molesta y en voz alta, decía que por qué alguien no denunciaba públicamente la falta de medicamentos, ya que ella tenía varios meses en que no podía allegarse de sus medicinas y que tenía que comprarlas con sus propios recursos, sin que la institución se las subrogara, lo que mermaba considerablemente sus ingresos pero que no tenía de otra, al igual que estaba sucediendo con muchas personas más.

De años para acá, la falta de medicamentos ha sido una constante no nada más en la citada institución federal, sino en todo el sistema de salud mexicano, y no únicamente en lo que se refiere al perjuicio que con ello se ocasiona a los niños que padecen cáncer, sino también respecto de otras situaciones tan lamentables como la de los adultos con esa misma enfermedad, personas con diabetes y otros padecimientos graves, y en el caso de la referida farmacia del ISSSTE, por muchos meses se estuvo publicando a sus afueras un listado de 40 o más medicamentos faltantes.

Por otra parte, hace unas semanas, cuando una persona acudía a programar su consulta con un ortopedista en el Hospital Lázaro Cárdenas de la mencionada ciudad, después de más de media hora de estar haciendo fila, la persona que le atendió en la ventanilla, alzando la voz, le regañó ante los presentes muy groseramente porque la fisioterapeuta le había dado el pase con el ortopedista, diciéndole que ese pase se lo debió haber proporcionado el médico familiar. El derechohabiente le reprochó su mal comportamiento, señalándole que él no tenía conocimiento de cómo era el trámite interno y que no tenía por qué saberlo, y que en todo caso se le llamara la atención al médico que no había seguido el procedimiento, a lo que la empleada respondió que ella quién era para llamarle la atención o regañar a un médico. El derechohabiente le contestó que igualmente no era nadie para regañarlo a él, mucho menos cuando no tenía la culpa de los errores cometidos internamente.

En la misma institución de salud y hospital referidos, también hace unas semanas estaba –¿está?– descompuesto un aparato para la toma de radiografías, de lo cual las personas que requerían de ese servicio en ningún momento se enteraron de tal situación sino hasta que acudieron a hacerse las tomas correspondientes. Incluso, hubo quienes se habían realizado un lavado intestinal previamente indicado para tales efectos, pero simplemente tuvieron que quedarse de manera indefinida sin ese servicio, pues en el hospital no tenían idea de para cuando sería reparado. De la cita con el médico que había solicitado y esperaba las radiografías que no se pudieron efectuar, pues quien sabe que habrá ocurrido.

Y siguiendo con el citado hospital del ISSSTE, el viernes pasado la persona mencionada a la que finalmente sí se le agendó su cita con el ortopedista, acudió a la misma, pero, para continuar con el mal servicio, resulta que junto con las demás personas programadas para ese día no tuvo suerte (pues lamentablemente de eso se trata, de suerte, para bien o para mal), pues se les dijo que el médico había tenido una cirugía y que no los podría atender sino hasta el próximo lunes, habiéndoseles reprogramado a todos a la vez a las 11 de la mañana de dicho día (más los que ya estaban considerados para ese lunes). Nada más habrá que imaginarnos a aquellas personas con dificultades para movilizarse y que no cuentan con vehículo propio ni con recursos para pagar el servicio de taxi, y que tuvieron que trasladarse en camión, qué frustración y enojo habrán experimentado en ambos días. Lo que se supone que debió haber sucedido en un país con un servicio médico de primera ante tales supuestos, es que hubiera un médico sustituto para haber atendido con dignidad a los derechohabientes o, al menos, que se hubiesen tomado la molestia de llamarles para avisarles del inconveniente.

Los ejemplos anteriores, que se constriñen a dos, tres o diez personas, en una misma ciudad y del propio ISSSTE, habrá que multiplicarlos por las experiencias de los demás derechohabientes de esa institución y del IMSS, entre otras instancias que maneja la federación, y tendremos que son cientos de miles de personas que, a diario, padecen de un servicio médico pésimo e inhumano en muchos aspectos. No hay que desconocer la existencia en esas instancias de personas responsables que sí cumplen con su trabajo, aún ante tanta carencia (entre ellas el mencionado ortopedista de nombre José Luis Carrasco de la Fuente, que junto con la médica que le asistía, fueron muy amables, según comentarios de sus pacientes).

Entonces ¿éste es el avance que ya debería haber en la búsqueda de ese servicio médico de primera?

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