domingo, agosto 14, 2022

Benito Abraham Orozco, Buzón

Enemigo número uno de la democracia en México

El haber encabezado la Coordinadora Nacional de Trabajadoras y Trabajadores del Instituto Nacional Electoral (CNTTINE), y tomando como pretexto un correo electrónico que remití a aproximadamente 6,500 trabajadores contratados bajo el régimen de honorarios permanentes, haciéndoles ver que podían exigir al Instituto Nacional Electoral (INE) el reconocimiento de su relación laboral y el consecuente disfrute de todos derechos y prestaciones correspondientes, fue lo que provocó mi destitución como vocal ejecutivo distrital del mencionado órgano electoral. Toda una emboscada jurídica.

Valiéndose de ese entramado constitucional, legal y estatutario, perfectamente articulado para mantener sometidos a quienes laboran en esa institución y, entre otras cuestiones, habiéndoseme considerado una amenaza para la democracia electoral del país en un propósito de agravar las conductas infractoras que se me estaban atribuyendo, se decide en definitiva mi destitución, por lo que, después de más de veinte años de estar sirviendo con gusto y con orgullo a la sociedad desde el IFE-INE (por cierto, con calificaciones de excelencia en las evaluaciones anuales del desempeño), en lugar de haber sido reinstalado —o en su caso liquidado—, sin más, simplemente tengo que dejar la institución.

Pues sí, siendo por demás ridículo y aberrante, basándose en verdaderas imposturas, el secretario ejecutivo del INE, Edmundo Jacobo Molina, al resolver el Procedimiento Laboral Disciplinario INE/DESPEN/PLD/20/2019, y negando cualquier derecho de las y los trabajadores de dicha instancia para conformar un sindicato por ser considerados todos de confianza (un completo absurdo), además de tendenciosamente sacar a colación “…la alta encomienda que se le ha conferido [al INE] permitiendo la conformación y regular funcionamiento de los órganos de gobierno y consecuentemente, la transmisión pacífica del poder público y la vida institucional”, tratan de colocar a la CNTTINE y al suscrito como cabeza de la misma, como quienes pudiéramos poner en riesgo la celebración de las elecciones al señalar:

“…sólo así se garantiza el cumplimiento cabal de tales obligaciones, mismo que no sería posible si, por ejemplo, un servidor del Instituto, aduciendo que tiene derecho a disfrutar su periodo vacacional, se niega a laborar durante los procesos electorales, o bien, si un grupo de trabajadores decide formar un sindicato y, posteriormente, se utiliza como instrumento de presión a la Institución, a través de paros laborales o emplazamientos a huelga durante un proceso electoral cuando todos los días y horas son hábiles, en términos de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales”.

Asimismo, en la citada resolución también se refiere que: “…la prohibición constitucional de constituir una agrupación gremial que supuestamente represente a los trabajadores y a las trabajadoras del Instituto, ya sea de hecho o de derecho, atiende precisamente a la importancia de que este organismo tiene en la vida democrática nacional y a la facultad del legislador para garantizar la prevalencia de los principios rectores de certeza y seguridad jurídicas en materia electoral, de tal manera que cualquier agrupación que se constituya en los términos en que lo ostenta el denunciado, atentará en contra de la función estatal que tiene el Instituto Nacional Electoral, como órgano constitucional autónomo para organizar las elecciones”.

Insisto, completamente ridículo y aberrante, evidenciando un revanchismo por demás enfermo en virtud de haber denunciado el alto desaseo que existe al interior del INE en contra de quienes ahí laboran, de esa manera es como se resolvió mi destitución al estimar con esos supuestos —esto es, con hechos que no sucedieron ni estaban acreditados en consecuencia—, que las conductas que se me atribuyeron fueron “particularmente graves”. Pero más absurdo e ¿inexplicable?, el que la Sala Regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la federación (TEPJF) con sede en Guadalajara, confirmara —¿y apoyara?— los argumentos y la determinación de destitución del INE (resolución emitida en el expediente SG-JLI-23/2021 el día 4 de enero del año en curso, en relación con el recurso de inconformidad INE/RI/SPEN/07/2021). Pasaron de la nimiedad del envío de un correo electrónico (cuya sanción bien pudo haber sido hasta una suspensión en el cargo por algunos días), a la exageración de pretender establecer que estaba en riesgo la estabilidad política del país. Qué caray, es de dar risa, de haber seguido en la institución, bien se me pudo haber acusado hasta de traición a la patria.

Creo que Lorenzo Córdova como consejero presidente, Ciro Murayama como consejero electoral que presidió la Comisión del Servicio Profesional Electoral Nacional (y que por ello conoció y también decidió sobre mi asunto), y que fue el principal artífice del nuevo y desventajoso Estatuto del Servicio Profesional Electoral Nacional y del Personal de la Rama Administrativa, así como Jacobo Molina en su calidad de mandamás de la institución, o sobrestimaron el trabajo de la CNTTINE y de quien esto escribe, y/o se subestimaron o tuvieron miedo de que, ante su cerrazón, se siguiera exhibiendo en los medios nacionales y ante todas y todos los senadores y diputados federales, el régimen intimidatorio que existe en dicha institución.

¿De dónde sacan que se pretendió o se pudo pretender perjudicar a tan noble fuente de empleo que es el INE, así como a la sociedad mexicana al obstaculizar o querer complicar un proceso electoral?

En todo caso, estas personas, junto con las y los demás consejeros electorales y quienes integran la Junta General Ejecutiva, a quienes también se les dieron a conocer diversos abusos cometidos en perjuicio de compañeras y compañeros trabajadores de esa institución, lo que debieron hacer es tomar cartas en el asunto e investigar y someter a los procedimientos administrativos y penales a que hubiere lugar, a tantos patanes serviles (hombres y mujeres) que siguen hostigando a quienes no les rinden pleitesía.

La satisfacción que queda, es que el esfuerzo de quienes llegamos a integrar la CNTTINE no fue en vano, ya que de una u otra manera se abrió brecha en el ánimo de ser exigentes ante las injusticias, pero, sobre todo, derivado del multicitado correo electrónico, han sido muchas las y los trabajadores que han estado exigiendo con éxito el reconocimiento de su relación laboral.

Lo anteriormente narrado, es una muestra de lo que esos “intelectuales”, esos “demócratas”, han llevado a cabo y/o permiten que se lleve a cabo en contra de un sinnúmero de personas. En la palestra nacional se ha emprendido una defensa a ultranza de esos “angelitos” que dirigen al INE, pero nada se hace para redimir a quienes ahí trabajan. Coincido en que dicha institución merece preservarse para bien de mexicanos, y por eso estoy convencido que parte de eso estriba en sacudirse a diversos personajes que inmerecidamente la dirigen a nivel nacional, estatal y distrital, entre otros aspectos.

Ante lo señalado en esta colaboración, y considerando las afrentas de las que se quejan Lorenzo Córdova y compañía, les digo: A PUÑALADAS IGUALES, LLORAR ES COBARDÍA.