domingo, agosto 07, 2022

Benito Abraham Orozco, Buzón

Entre ganadores y perdedores ¿dónde quedan los electores?

         Con ejercicios mentales y cuentas alegres, los partidos opositores a Morena pretenden hacer ver que fueron los ganadores de la pasada contienda electoral. Basan su dicho en las estimaciones o anhelos de Mario Delgado, dirigente nacional del partido en el poder federal, en el sentido de que esta organización política ganaría las seis gubernaturas en juego, habiéndolo logrado únicamente en cuatro.

         Pero la realidad es diferente: Morena ganó en cuatro entidades gobernadas por la oposición, y simplemente no lo hizo en otras dos también en manos de aquella. Esto es, Morena no pudo perder lo que no tenía, solo no obtuvo el triunfo. En consecuencia, independientemente de cualquier discurso distorsionador, nos guste o no, la Cuarta Transformación encabezada por López Obrador sigue avanzando vertiginosamente, y tal parece que de manera irreversible, al menos así se avizora para el 2023 y el 2024.

         Aquí el problema está en que, más que denostar a quienes han venido votando por Morena, en lugar de llamarles retrógradas, estúpidos, chairos y una serie de improperios más, habrá que indagar el por qué lo han estado haciendo y, como oposición, en qué se ha estado fallando y qué es lo que deben y pueden ofrecerles.

         Lo que los mexicanos tenemos que lidiar en el día a día, varía mucho en las diferentes regiones o estados del país, incluso hasta en las propias zonas de una misma ciudad. No podemos atribuir similares problemáticas o privilegios a Oaxaca o a Hidalgo, en comparación con Chihuahua o Baja California.

         Para los chihuahuenses, el haber optado en 2016 por Javier Corral, más que un voto hacia su persona (pues en aquel entonces todavía gozaba de una imagen aceptable), fue un voto de hartazgo y de rechazo hacia César Duarte y hacia el PRI, quienes descaradamente y sin límite alguno nos dieron la espalda como sociedad. ¿Acaso no pudo haber sucedido lo mismo en Hidalgo, Oaxaca, Tamaulipas y Quintana Roo? Al momento de votar, ¿qué estarían pensando y sintiendo los electores el pasado domingo en esas entidades federativas?

         Definitivamente, los mexicanos no somos electores autómatas. Cada sufragio conlleva algo: enojo, frustración, denuncia, agradecimiento, esperanza, complicidad, convicción, conveniencia, rechazo, etc.

         Como bien lo señalan José Adolfo Ibinarriaga y Roberto Trad Hasbun en su libro “El arte de la guerra electoral” (Grijalbo 2012), al hablar sobre los electores, refieren que estos son los principales protagonistas en las campañas electorales, y que no son los sujetos manipulables que la arrogancia de la clase política y de los medios de comunicación cree, y que finalmente son ellos quienes deciden el resultado de una elección.

         Por otra parte, precisan que “…la clase política está acostumbrada a vivir inmersa en las discusiones de la ´agenda nacional´ y en la que proponen los creadores de opinión (académicos, columnistas, sectores organizados de la sociedad civil, editorialistas, etcétera), a responder y a opinar en torno a esta agenda, pensando que la discusión política es el debate sobre el que más se interesan los electores. Pero no es así. En muchas ocasiones ni los medios ni los políticos logran comprender qué es lo que les interesa a los electores. Éstos, por el contrario, sí distinguen entre lo que les resulta interesante y lo que no. Muchos de los contenidos de una campaña, en especial las contiendas de polarización y de ataques entre candidatos, acompañadas por escándalos, resultan irrelevantes para los electores frente a los temas que tienen que ver con su vida diaria como el empleo, los salarios, la economía, la seguridad pública, el bienestar social, la salud, la educación y las pensiones, y esa larga lista de etcéteras que refleja las preocupaciones de una sociedad.

         “Al final, la opción que toman los electores se sustenta en sus propios intereses. A pesar de las largas temporadas de noticias escandalosas y de las discusiones aburridas que acompañan una contienda política, la decisión de los electores se inclina por lo que resulta importante para ellos” (ídem).

         Entonces, no es con la diatriba, la descalificación, la injuria, el marketing, etc., con lo que se ganará una elección. Si la sociedad está viendo y viviendo aportaciones atinadas de gestiones provenientes de determinados partidos políticos, y desatinadas de otros, por mucho que se quiera encubrir realidades con el discurso político, nada se conseguirá. Mencionemos nuevamente la experiencia Duarte-Corral, sólo para dar un ejemplo. 

         Sin duda, son dos partidos políticos los que, se pudiera decir, significativamente encabezan las preferencias de los mexicanos: Morena y el PAN. En tal virtud, si el primero pretende gobernar estados como el nuestro, tendrá que analizar qué es lo que Acción Nacional ha estado ofreciendo a los electores chihuahuenses y, el segundo, si pretende recuperar algunos estados y la federación, tendrá que indagar en que han fallado ellos y que están recibiendo de quienes actualmente están gobernado estos ámbitos.

         El que el PAN afirme que fueron los grandes ganadores en las pasadas elecciones, por supuesto que no cambiará el retroceso que han sufrido, ni los hará salir victoriosos en 2024. No deben perder de vista que el pasado domingo perdieron Tamaulipas.

         Por otra parte, en cuanto a Morena y a la Cuarta Transformación, no deberán dormirse en sus laureles si es que desean continuar con ese gran avance que han tenido en tan corto tiempo.

Por los demás partidos –a excepción de Movimiento Ciudadano–, tal parece que se direccionan a desaparecer, ya que siguen perdiendo los votos necesarios para poder mantener su registro. Por tal motivo, habrá que valorarse muy bien con quienes se llevan a cabo coaliciones, pues algunos partidos y personajes políticos, más que sumar adeptos, los están restando.

En lo subsecuente, si lo que se quiere es ganar la preferencia del electorado, deberá prevaler un discurso político afable, así como un actuar acorde con los intereses sociales.